El equipo merengue pincha en el Martínez Valero con una actitud reprochable y problemas tácticos. Bellingham, en el 88, evitó la debacle. El liderato, comprometido.
El Real Madrid volvió a dejar una actuación desconcertante este domingo. Visitó el estadio Martínez Valero de Elche, recinto en el que ningún visitante ha podido ganar todavía en LaLiga, y compitió con la concentración inconsistente de algunos de sus futbolistas. Pero el problema no quedó ahí, ya que Xabi Alonso decidió implementar su defensa de tres centrales con dos carrileros que no desbordan. La mezcla de estos dos factores desembocó en un conjunto merengue incapaz de defender su liderato con una victoria ante un escuadrón que había sumado dos puntos de los últimos 15 en disputa. Ahora dispone de sólo un punto de ventaja con el Barcelona y el empujón posterior al 'Clásico' parece haber quedado en nada a estas alturas.
El parón de selecciones bien podía haber supuesto un reseteo mental para los favoritos. Llegaban después de tocar suelo en Anfield y de dejarse ir en Vallecas, evidenciando una regresión total con respecto a la inercia inicial (13 victorias en 14 partidos, algo no visto en Chamartín desde Miguel Muñoz). Sin embargo, esta noche demostraron que las malas sensaciones no son cosa de un día. Empiezan a ser tendencia. El técnico tolosarra está sufriendo la desidia que forzó la salida de Carlo Ancelotti, con el agravante de que su libreto se basa en una intensidad constante y volcánica para funcionar. Otra vez su delantero centro, Kylian Mbappé, sumó cero en su responsabilidad tras pérdida y así el colectivo no impone el ritmo que pretende su preparador. En el Bernabéu debe sonar familiar la estampa. Ante esa dejación de funciones, cualquier rival puede hacer daño porque el desequilibrio es inmediato. Y el Elche de Éder Sarabia, que no juega como el recién ascendido a Primera que es (el entorno se preguntaba si el técnico abandonaría su valentía al dejar atrás la Segund División) sino que atesora el tercer mayor ratio de posesión de la competición, en Montjuic se la quitó a Hansi Flick, agradece las concesiones sin remilgos. Sabe combinar con fluidez, se deja todo en cada duelo, presiona a cancha completa y daña también en la verticalidad, en el juego directo que alimenta a su doble punta. Esa receta y la dinámica acelerada de los locales se le atragantó al relamido capitalino.
Xabi Alonso, en dificultad
No les ayudó a los madridistas tampoco la elección como carrileros de Fran García y Trent Alexander-Arnold. El zurdo pasó de puntillas y el inglés, que va a rechinar siempre que no sea alineado con tres centrales por detrás, recordó el agujero que representa cuando hay que replegar. Discutibles esas decisiones del preparador vasco, ya que cercenaron el desborde exterior que pueden proponer extremos regateadores. No acertó, asimismo, al colocar a Rodrygo en la derecha. Había relegado a Vinicius al banquillo para que respirase tras sus sofocos con Brasil y en lugar de colocar a Goes en esa posición le exilió a ese lugar incómodo para sus virtudes. No salió bien esa treta y Dani Ceballos desaprovechó otra titularidad en el eje. La receta para un naufragio.

Había pensado Xabi Alonso en dominar el cuero con su centro del campo sin destructores y se encontró con la intermitencia de sus ejecutores. Empezaron de forma responsable y, en consecuencia, generaron varios chuts. Destacó el que cruzó demasiado Mbappé en el minuto 11. El francés quiso tirar de su ofensiva, mas la densidad general fue demasiado para su rebeldía. Y pasado el cuarto de hora inicial comenzaron a desajustarse y a llegar más tarde a los balones divididos. La caducidad de su compromiso es alarmante. Por el contrario, los levantinos nunca aflojaron su entrega y poco a poco igualaron el choque, con Aleix Febas dirigiendo. Se cerraron bien en el primer tiempo, con Víctor Chust y, sobre todo, el fenomenal juvenil David Affengruber subrayados. Ambos relativizaron la baja del pilar Pedro Bigas.
El Madrid no dañaba en estático y su calidad sólo alcanzó a comparecer a balón parado y al espacio. De ahí provinieron las mejores llegadas al arco defendido por Iñaki Peña antes del intermedio. Raúl Asencio ganó casi todas las jugadas de estrategia por arriba y en el 21 remató cerca de la madera un centro brillante de Alexander-Arnold (que en cuanto al golpeo de pelota sí es élite). El británico luciría en ataque y al contragolpe, cuando superaban la línea de presión local. En el 25 puso un pase al hueco sensacional con el que Arda engatilló un trueno lejano que bordeó el travesaño y en el 33 captó un envío de Jude Bellingham (gris) para pintar un centro maravilloso que conectó Mbappé para el paradón de Peña. El meta cedido por el Barcelona también le tapó al astro francés una galopada echada a perder por el último control -minuto 30-.
Hasta ahí llegó la producción de un sistema merengue que ni desequilibraba en la ofensiva (no supo dividir por dentro a través de la posesión) ni defendía con efectividad. Álvaro Carreras y Dean Huijsen volvieron a ofrecer síntomas de inmadurez, y Asencio fue el único que dio la talla en esa zaga. De hecho, el canario fue el mejor visitante antes del descanso. Esas dudas de solidez proporcionaron al Elche aire y convicción para alternar la salida jugada desde atrás con los envíos largos hacia su doble delantera. Andre Silva resplandeció como facilitador, ganando pelotazos y habilitando a sus compañeros de espaldas a portería. El luso probó a Thibaut Courtois dos veces, siendo la del minuto 38 la más peligrosa. Y el meta belga salvó a los suyos en un mano a mano nítido con Rafa Mir, tras un error clamoroso de Carreras en su campo.
Partidazo del Elche
Llegó a vestuarios el Madrid imposibilitado para imponerse y la reanudación les recibió con un castigo serio. Alzaron el telón con una contra genial y esperanzadora de Mbappé que acabó en el derechazo de Rodrygo que Peña sacó de la escuadra, pero en el 53 los chicos preparador por Eder Sarabia mostraron por qué se convirtieron en la sorpresa liguera en las primeras jornadas del calendario. Trazaron una concatenación de pases fluida y acelerada en tres cuartos de cancha, con los visitantes mirando. Entonces el extraordinario Germán Varela dibujó un taconazo en el área que Febas tradujo en el 1-0 con un remate que se coló tras tocar el poste. El canterano merengue se había desmarcado a la espalda de Trent, que no se enteró de nada, y finalizó a placer.

Saltaron las alarmas en la banca madridista y emergió un triple cambio automático. Entraron Vinicius, Eduardo Camavinga y Fede Valverde. Se marcharon los intrascendentes Fran García, Ceballos y Rodrygo... y también se fue el esquema de tres centrales. Minutos después, entró Gonzalo García por un Güler venido a menos. El técnico vasco se empeña en poner al turco de creador de juego aunque no lo sea; sigue y seguirá penando por ese vacío en la planificación de la plantilla. Sea como fuere, deshizo su planteamiento y recurrió a una mayor variedad ofensiva. Sus jugadores le hicieron caso al fin y aceleraron, y recogió el fruto instantes después, con el empate anotado por Huijsen -minuto 78-. Eso sí, no ocurrió en juego corrido (les resultó imposible deshacer las líneas juntas locales) sino en un córner botado con finura por Trent, que bajó Bellingham y embocó el central con un disparo atinado.
La delegación de Concha Espina estaba apretando de verdad y parecía que inauguraba un asedio en busca de la remontada. Nada más lejos. La ralentización de las pulsaciones llegó rápido, aunque la mejor combinación visitante aconteciese en este segmento, con una apertura de Mbappé para el centro venenoso de Trent que mandó a su larguero Álvaro Núñez. La dejadez merengue, personificada de nuevo en la actitud bochornosa de Vinicius (y de Vaverde) sin balón y en una tardanza sangrante en la recuperación de la pelota (les costó un mundo coserse tras pérdida), confeccionó una ida y vuelta en el que la puntería repartió los puntos. El descontrol nutrió el recién ascendido, que nunca abandonó su estilo atrevido y se adelantó con un latigazo de Álvaro Rodríguez -minuto 84. El también producto de Valdebebas condujo sin oposición, a pesar de estar rodeado de cuatro defensores madridistas, y marcó desde la frontal.
Y en el 88 Bellingham embocó el 2-2 definitivo, al cazar con astucia un pase apurado de Mbappé, después de que Peña hubiera repelido un remate del llegador británico, como no, en otra acción a balón parado lanzada por Alexander-Arnold. Al final, Gonzalo no llegó por milímetros al centro postrero de Camavinga y se certificó un empate que mantiene el meritorio invicto en casa de los ilicitanos, y que condena al Madrid a la reflexión. Porque no hay síntomas de evolución y lo visto en estas tres últimas citas se parece más a una 'cama' al entrenador que a un proyecto en construcción. Esa es la realidad que aborda a los madrileños justo cuando van a tener que jugar nueve partidos en 28 días, con todavía tres partidos como visitante por delante. Próxima parada, el 'infierno griego de José Luis Mendilíbar.
Ficha técnica
2- Elche: Iñaki Peña; Germán Valera (Petrot, min. 83), Víctor Chust, Affengruber, Álvaro Núñez, Héctor Fort (Pedrosa, min. 65); Aleix Febas, Diangana (Martín Neto, min. 66), Marc Aguado (Federico Redondo, min. 83); Andre Silva (Álvaro Rodríguez, min. 79) y Rafa Mir.
2- Real Madrid: Courtois; Fran García (Fede Valverde, min. 57), Carreras, Huijsen, Raúl Asencio, Alexander-Arnold; Dani Ceballos (Camavinga, min. 57), Arda Güler (Gonzalo García, min. 64), Bellingham; Rodrygo (Vinicius, min. 57) y Mbappé.
Goles: 1-0, min. 53: Aleix Febas; 1-1, min. 78: Huijsen; 2-1, min. 84: Álvaro García; 2-2, min. 87: Bellingham.
Árbitro: Francisco José Hernández Maeso. Expulsó a Víctor Chust (doble amarilla, min. 95) y amonestó a Affengruber, Éder Sarabia (en la banda), Aleix Febas y a Mbappé.
Incidencias: partido correspondiente a la 13ª jornada de LaLiga, disputado en el Estadio Martínez Valero (Elche).