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Harta de los gays

sábado 13 de diciembre de 2008, 02:24h
Conste que no tengo nada contra los gays. Conste que algunos de mis mejores no sólo son homosexuales sino que con alguno que otro parece incluso que mantengo una especie de matrimonio célibe. Conste que me encanta el petardeo corrosivo de las locas maliciosas que adoran a Madonna pero son capaces de reírse de sus ‘ancas de rana’, que no se pierden un solo gesto de la ‘enana’ murciana del Gran Hermano y que son capaces de decir las verdades más grandes envueltas en un engañoso abrigo de frivolidad irónica.

Dicho esto, creo que estoy en condiciones de meterme con el colectivo de moda, el lobby intocable que se revuelve en masa contra todo lo que huela a homofobia con una seriedad indigna del fino sentido del humor que caracteriza a sus miembros en general. Estoy asustada por el enorme número de gays que hay en el mundo, asustada porque los hombres que lo prueban no vuelven a necesitar ni a requerir el calor de una mujer en lo que le resta de vida y harta de que sólo nos dejen las sobras.

Estoy admirada por el enorme poder que atesoran. El colectivo gay ha sido el único que se ha atrevido a meterse abiertamente con la intocable corona española, después de que la pobre Reina se atreviese a declarar que estaba en contra de utilizar la palabra “matrimonio” para definir a las uniones homosexuales. Pedro Zerolo ha creado moda y a ver quien es el guapo que se atreve a decir que no está de acuerdo con el exhibicionismo del gay pride o de las adopciones por parte de parejas gays. Eso sin contar que los homosexuales copan sectores profesionales enteros hasta el punto de que los pocos heteros marginales que quedan en ellos, no acaban teniendo más remedio que mimetizarse con el ambiente dominante. ¿Acaso alguien conoce algún decorador de interiores, modisto o colaborador de tertulias mañaneras de televisión que no sea gay o, al menos, no tenga pluma?

Pero lo que peor llevo de todo es el contagio en general de rol gay que se ha extendido entre la masa masculina. Ahora todos los chicos están mejor depilados que nosotras mismas, saben lo que son las cartucheras y las patas de gallo, utilizan más cremas que cualquier mujer, no tienen reparos en darse ‘unas mechitas’ de vez en cuando y ¡hasta se esfuerzan por ser sensibles y comprensivos! Tan abiertos de mente y políticamente correctos se han vuelto que muchos de ellos no se cierran a posibles aventuras homosexuales y, como les decía al principio, por algo será, pero el que prueba, nunca vuelve…
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