www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Carmelo

El otro día coincidió una amiga mía en no sé qué estreno con Carmelo Gómez. “Me gustó, sentado, muy hombre y muy solo, no pude mirarle”. Cómo gusta este hombre muy hombre y muy solo, en el ágape de turno.

Le dije que posiblemente a él le hubiera encantado conocerla, lo que ella a salvo en su hogar aceptó tranquilamente. ¿Y entonces? Un amigo espabilado dice que buena parte de nuestros males viene de creernos la frasecita de Aristóteles de que el hombre tiende a la felicidad, y con esa tranquilidad la rehuimos cada día. Un día y otro el chiste del que se ahoga esperando a que Dios le salve: Pasa una barca, “sube hermano” --“no, no, que va a venir Dios a buscarme”, y un barco, y un helicóptero... Casi ahogado: “Bueno, Dios, ¿a qué estás esperando?” --Pero hijo, ¿qué más quieres que te mande?

“Hágase tu voluntad” repetimos mecánicamente, pero a la hora de la verdad, en el momento concreto, que se haga la mía; y hoy no miramos, no contestamos, cruzamos de acera. Va a venir Dios, pero otro día, no ahora. Llegado este punto, a una le gustaría parecerse a la perrita Perla, sencilla, natural: honesta. Se ve a perro Carmelo, grande, interesante, solo, pues nos acercamos, nos olemos, y nos vamos al campo. Pero no somos perros, o sí, sólo que apaleados.

No sé cómo pero ayudaría recuperar cierto espíritu jovial y deportivo, y también ponerse de vez en cuando en el lugar del otro. Entre tanto, el uno no sospecha que gusta a una que no le mira, ni a la una se le ocurre que al uno le hubiera gustado conocerla.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)


Normas de uso

Esta es la opinión de los internautas, no de Desarrollo Editmaker

No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.

La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.

Tu dirección de email no será publicada.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.