Un tanto de Fran Beltrán en el minuto 88 castigó la indolencia defensiva del equipo de Flick, que repitió la receta del descalabro del Metropolitano (2-1). Volvió Raphinha.
Y de repente el Barcelona se desconectó. El gran favorito para revalidar el título de LaLiga ha caído estos días en un hoyo del peor pelaje: la indolencia. Este es el mal más venenoso imaginable para el estilo agresivo y presionante de Hansi Flick. Lo sabe el entrenador alemán, por eso desató una bronca sonora sobre sus jugadores tras caer goleados en el Metropolitano el pasado jueves... y a buen seguro que repetirá la reprimenda a la salida de Montilivi, donde este lunes se han dejado el liderato liguero. El conjunto azulgrana perdió ante un Girona más intenso, concentrado y comprometido en las dos fases del juego. Fue un partido jugado al ataque en el que los locales compitieron con la gasolina ardorosa del que quiere dejar atrás los fantasmas del descenso de una vez por todas. Su pasión desbordó a un gigante despreocupado, que se descubre ya dos puntos por detrás del maltrecho Real Madrid. Fiesta grande en un estadio que no conoce la derrota en 2026.
El estratega germano estaba de enhorabuena en la previa. Raphinha había superado una sobrecarga en el aductor de la pierna derecha y al fin estaba disponible. La noticia vio la luz y automáticamente el brasileño fue titular. Su garra, velocidad para apretar la salida de pelota rival y trazar desmarques de ruptura dan otra dimensión al colectivo barcelonés, así que los buenos augurios se acumularon en el lado visitante antes del pitido inicial. Sin embargo, el sistema preparado por Míchel Sánchez tenía muy clara su idea. Atacó sin pestañear la espalda de la adelantada defensa oponente. Sabía que las dudas colectivas en el achique hacia adelante del Barça le iban a otorgar un par de segundos a sus creativos para lanzar contragolpes. Y la fórmula no sólo funcionó, sino que le dio una anhelada victoria que puede significar el punto de inflexión definitivo (arrancaron muy bien enero pero llevaban tres jornadas sin ganar).
Vuelven Raphinha y las dudas
Flick le dio la alternativa a Ferran Torres, en lugar de Robert Lewandowski, para que su movilidad al espacio y la de Raphinha (que jugó por dentro) complicasen las vigilancias locales. Rápido recogió el fruto de esa decisión, pues en el sexto minuto el brasileño conectó con un zurdazo cruzado de Lamine Yamal que bordeó la madera. La ofensiva azulgrana rindió bien aunque desaprovecharon el rol desequilibrante de Dani Olmo en la mediapunta. El atacante quedó constreñido a la elaboración junto a Frenkie de Jong para dar lugar a Fermín López entre líneas, pero el ajedrez no cumplió como esperaban. Para localizar otra llegada nítida hay que viajar hasta el minuto 17, cuando Raphinha se escapó a la carrera, sentó a Hugo Rincón y chutó cerca del poste. Acto y seguido, tras un pase horrible de Daley Blind, Lamine se quedó delante del arquero argentino pero marró el mano a mano. Dibujó de manera deficiente su vaselina y le bloquearon la intención. No tuvo su noche el talento juvenil y, lo que enfadará sobremanera a su jefe, no ayudó en defensa.

Por el lado de Lamine y Jules Koundé padecerían los visitantes un via crucis. Casi cada robo local derivaba en un pase a la espalda del lateral francés y en una autopista hasta la línea de fondo. Por ese lado actuaron un formidable Bryan Gil y el punta móvil Vladyslav Vanat, que había avisado de lo espinoso de sus caídas a banda con un centro complicado que detuvo Juan García y un pase fulgurante que Gerard Martín interrumpió con un corte providencial -minuto 11-. Con el correr de los minutos la impresión inicial se tornó en realidad palpable: el Barça no iba a presionar de verdad y sus desajustes irían en aumento, restándole control a su dominio de la posesión (llegó hasta el 73%) y continuidad a sus ataques. Con ese escenario el encuentro discurrió más en un toma y daca que en el guión que quería el favorito. Para colmo, Koundé volvió a ofrecer preocupantes desconexiones. Así pues, Gil se puso las botas.
También lucirían Axel Witsel (salido hace poco de una enfermería que mantiene a siete jugadores, entre ellos el fundamental Azzedine Ounahi) y Thomas Lemar. El belga compareció como mediocentro y aliñó la ya de por sí pulcra salida de pelota que piensa Michel; y el ex jugador colchonero brilló entre líneas, dando pausa y fluidez a las circulaciones, un aporte trascendental para buscar las cosquillas a la espalda de la defensa contrincante. De ambas fuentes, y del capitán Iván Martín, brotaron infinidad de transiciones inmaculadas a las que sólo le faltó precisión en el último pase y la definición. En el 23 Viktor Tsugakov asistió a Vanat, que malgastó un disparo solitario desde la frontal; en el 35 el delantero máximo goleador local no llegó de milagro a embocar un centro de Gil; y en el 42 Tsygankov mandó por encima del larguero una falta propicia nacida del paradigma de la flojera 'culé'. El ilusionante central Vitor Reis había trazado una aventura individual desde la frontal de su área hasta el vértice del área contraria casi sin oposición. Eric García, el último zaguero, le terminó por derribar. Flick se tiraba de los pelos.
Descontrol
Pero como los visitantes poseen un arsenal considerable, a punto estuvieron de desnivelar el marcador por pura calidad. Raphinha dispuso de varios remates desatinados. El más claro ocurrió en el minuto 43, cuando Lamine amortizó un mal control de Reis para lanzar una contra que el brasileño concluyó con un misil rasante que se topó con el palo. Además, Fermín elevó demasiado un rechace a un centro lateral de Yamal y Eric García cabeceó a las manos de Gazzaniga un saque de esquina ejecutado por el imprescindible regateador de Porto Alegre. La ausencia de acierto en los metros finales estaba mandando en este festival ofensivo y parecía que el empate iba a conducir al descanso sin más explosiones, pero en la última jugada del primer tiempo Lamine filtró un balón sin hueco y Olmo, en su primera llegada al área, fue pateado por Blind. El neerlandés, que cuajó un notable partido, cometió un penalti infantil. Lamine asumió la responsabilidad y, para sorpresa de todos (también de la estadística, que reflejaba un 6/6 de las penas máximas lanzadas), lo envió a la madera. El meta argentino le aguantó el combate mental y falló.

El Barça afrontó el intermedio con sensaciones desconcertantes. Descosido en defensa y desfondado por tener que amontonar sprints hacia atrás, y, a la vez, con dos remates al palo generados. La flaqueza de espíritu era su principal déficit, de hecho no habían podido imponer pausa al ritmo abrasivo general por medio de la posesión. En ese punto Flick les debió leer la cartilla, porque en la reanudación subieron dos o tres velocidades. O eso parecía. En el lapso en el que mantuvieron el esfuerzo como demanda su entrenador, que además colocó a Olmo en su mejor posición, al fin, los visitantes apretaron hasta adelantarse. Con el Girona encerrado, Koundé pintó un centro maravilloso que Pau Cubarsi transformó en el 0-1 gracias a un testarazo portentoso -minuto 60-. La superioridad técnica quedó plasmada de la mano de la energía y el lateral francés proseguiría con el respingo, combinando con Lamine por ese costado, que se convirtió en el arma predilecta de los avances barceloneses.
Mas tardaron poco en regresar las desatenciones tras pérdida del favorito. Witsel y Bryan Gil volvieron a la carga, deshaciendo la presión rival y de nuevo los locales lanzaban transiciones peligrosas casi sin interrupciones. Y esta vez sí hicieron la diana que habían merecido. Sólo dos minutos después del encajar el tanto descrito, Vanat se escapó por la izquierda y aprovechó un rechace pobre de Cubarsí regalar a Lemar el empate. El renacido centrocampista anotó a placer, a portería vacía, y redondeó un destacado rendimiento que retrató la pasividad azulgrana. Entonces Flick buscó una reacción dando entrada a Alejandro Balde, Lewandowski, Roony Bardghji y Marc Bernal, pero no habría modificaciones en la esencia del evento. Sus muchachos atacaron sin equilibrio y el esquema de Míchel mantuvo su órdago. Así las cosas, las ocasiones se repartieron de forma simétrica con Joan García apilando 'milagros' (le tapó dos cara a cara al voluntarioso Joel Roca y repelió un chut a quemarropa de Martín) y Lamine corto de puntería (no fue el único, ya que su delegación generó 27 remates y sólo cuatro fueron bien dirigidos). Al final fue Fran Beltrán el que cantó victoria, al pescar un robo alto de Claudio Echeverri y emitir un latigazo que se coló pegado al poste -minuto 88-. Los 'culés' finalizaron con Ronald Araújo de delantero, buscando la épica del encuentro de la primera vuelta, y envueltos en protestas arbitrales (reclamaron falta en el 2-1) que no tapan el bajón que están padeciendo en el momento clave del curso.
Ficha técnica
2- Girona: Gazzaniga; Arnau Martínez, Daley Blind, Vitor Reis, Hugo Rincón; Axel Witsel, Iván Martín (Francés, min. 92), Tsygankov, Thomas Lemar (Fran Beltrán, min. 68), Bryan Gil (Joel Roca, min. 68); y Vladyslav Vanat (Echeverri, min. 74).
1- Barcelona: Joan García; Gerard Martín (Alejandro Balde, min. 64), Eric García (Ronald Araújo, min. 73), Pau Cubarsí, Koundé; Frenkie de Jong, Dani Olmo (Marc Bernal, min. 80), Fermín López; Raphinha (Bardghji, min. 64), Lamine Yamal y Ferran Torres (Lewandowski, min. 73).
Goles: 0-1, min. 60: Cubarsí; 1-1, min. 62: Lemar; 2-1, min. 88: Fran Beltrán.
Árbitro: César Soto Grado. Expulsó a Joel Roca (min. 99) y amonestó a Eric García, Koundé y a Vitor Reis.
Incidencias: partido correspondiente a la 24ª jornada de LaLiga, disputado en el estadio de Montilivi (Girona).