El equipo de Arbeloa no sostuvo el rendimiento y empató ante el Betis al concender un gol en el último minuto. Vinicius abrió el marcador y perdonó. Mbappé, gris y pidió el cambio. Amrabat, el mejor bético. Lunin, MVP.
El Real Madrid dimitió este viernes de sus opciones de pelear el liderato de LaLiga. Lo hizo siendo fiel al nivel mostrado a lo largo de la temporada (y del pasado curso). Los cambios de entrenador no han modificado casi nada porque es la actitud (concentración, sacrificio y ego) de los futbolistas el principal de los problemas. En la receta también figura la ausencia de un ordenador de juego en el centro del campo, capaz de apaciguar las aguas cuando aprietan los rivales. Con esos insistentes y groseros defectos empataron esta noche en La Cartuja, ante un Betis valeroso, encajando el 1-1 en el último minuto, en una suerte de justicia poética que penaliza los merecimientos hechos en este par de años. Les espera el mayor de los sonrojos: se están condenando a hacerle el pasillo al Barcelona en el Clásico del 10 de mayo. No es lo que merece el madridismo pero sí la desidia de algunas de las vacas sagradas de esta plantilla.
Buen arranque del Madrid
Álvaro Arbeloa, cuya continuidad más allá de mayo sería un milagro, puso sobre el verde a lo mejor que le queda, tras habérsele presentado de repente un triplete de bajas nucleares (Arda Güler, Eder Militao y Aurelien Tchouaméni, que se cayó de la convocatoria a última hora). Devolvió al energético Thiago Pitarch a un mediocentro bien ocupado por Fede Valverde. El motor uruguayo lució destruyendo y dando continuidad, lanzando la presión y golpeando. Su pujanza prendió un gran arranque de partido, en el que su escuadrón compitió de verdad, con el ritmo adecuado con y sin balón. La consecuencia, una obviedad, fue el repliegue intensivo del bloque de Manuel Pellegrini y la cascada de ocasiones y córners que circundaron temprano al arco protegido por Álvaro Valles.

Antes del cuarto de hora los merengues ya habían amenazado con seriedad a balón parado por medio de la claridad de Trent Alexander-Arnold y Kylian Mbappé había perdonado dos ocasiones óptimas. La primera, en el segundo palo y a pase de Brahim Díaz; y la segunda, en un balón largo perfecto del lateral inglés mal resuelto por el pichichi del torneo. Desestimó encarar en conducción al arquero rival y conectó una volea precipitada, en una maniobra que quizá se entienda mejor con lo sucedido en el segundo tiempo. Sea como fuere, el Madrid mandaba a base de hambre y velocidad de pase, con Thiago descolgándose entre líneas y desestabilizando a la defensiva andaluza. La pelota circulaba con fluidez en la mediapunta y el marcador no resistiría más la igualdad. En el minuto 17 una emboscada madridista en campo ajeno derivó en el cañonazo lejano de Fede Valverde que Valles se sacó como pudo para que Vinicius embocase el rechace a placer.
La lógica premió el esfuerzo de un esquema visitante que seguiría gobernando sin piedad. Recuperando la redonda con prisa y dañando por medio del juego combinativo. La posesión era suya y las sensaciones, también. Porque cuando quieren brillar como equipo, pueden. Y a los oponentes se los pone la supervivencia en chino manarín. El fútbol brotaba con facilidad y las asociaciones distinguidas fabricaban oportunidades con naturalidad. Así, en el minuto 21 Sofyan Amrabat salvó a los suyos al interceptar un centro decisivo de Alexander-Arnold y en el 23 Brahim chutó a la mano de Ricardo Rodríguez dentro del área (mas el colegiado anuló el penalti por un fuera de juego previo). El Betis se estaba salvando sin saber bien cómo, más allá del sustento del formidable destructor marroquí, que sin duda fue el mejor de su delegación y el artífice del renacer que derivaría en fiesta grande de la tribuna, en plena semana de la Feria de Abril sevillana.
Le estaba saliendo todo mal a los verdiblancos. Incluso se lesionaría Marc Bartra (le relevó Diego Llorente). Y en el 35 a punto estuvieron de encajar la sentencia pero la volea de Jude Bellingham fue desviada por Valles. Pellegrini no atisbaba salida, pues hasta entonces sus peones no habían podido respirar, más allá del centro de Ez Abde en el segundo minuto que acabó golpeando el brazo de Brahim en el interior del área madridista. La pizarra del técnico chileno le había puesto una diana en la espalda a Trent y casi todos los avances pasaban por las botas del regateador marroquí, en el costado izquierdo del ataque local. Todo el mundo conoce la transparencia defensiva del inglés y por ahí comenzó a deshacerse la comodidad madridista. Por ahí y porque la línea ofensiva (Mbappé a la cabeza, como siempre) inauguró la dejación de funciones tras pérdida que les ha costado un año sin títulos. De momento no ha habido entrenador que les convenza de darlo todo los 90 minutos (ni siguiera 45) con consistencia. Se aburren y desconectan, desgarrando el equilibro táctico imprescindible en el fútbol de hoy. Desde este punto arrancó un suplicio sin fin, que al descanso registró ocho remates concedidos y que la final del minutaje llegaría a los 19 chuts permitidos. Andrei Lunin acabó por recibir el MVP. La familiar y peor noticia posible para los de Chamartín.
El apagón de siempre
Los béticos olieron sangre cuando arribó la relajación rival y se fueron a por todo, con el corazón en la mano y el colmillo afilado. Continuaron la entrega de galones a Abde, ya que Ferland Mendy secó por completo a Antony en la banda derecha, y antes del intermedio casi remontan. El aluvión tomó forma con un latigazo lejano del extremo brasileño y prosiguió con un remate desatinado de Cedrick Bakambu, el paradón de Lunin tras una pifia de Thiago Pitarch (el juvenil no ha aprendido todavía a salir rápido hacia los costados cuando recibe de espaldas en la frontal de su área) en el minuto 44, el derechazo de Álvaro Fidalgo que bordeó el travesaño, el mano a mano fallado por el punta congoleño tras el enésimo duelo perdido por el sospechoso habitual Dean Huijsen -minuto 46- y los intentos fuera de foco de Amrabat y de Pablo Fornals. Este último y el dinamismo del mexicano también merecen recibir su cuota de responsabilidad en este fogonazo local.

Pellegrini había comenzado el choque aguantando atrás para no arriesgarse a ceder espacios para las carreras de los puntas visitantes y llegó a vestuarios mordiendo arriba. Porque este Madrid no es insistente en el esfuerzo y siempre se le descubren los agujeros. E intervino antes de la reanudación, colocando en el campo al titular y máximo anotador del equipo Juan 'Cucho' Hernández, amén de introducir a Marc Roca. La idea pasó entonces a pautar más filo en punta y aplomo en el eje. Y funcionaría después de que a los madrileños se les pasase otro ataque de profesionalidad. Empezaron bien la segunda mitad, presionando de nuevo y pasando con armonía. De ahí nacieron el cabezazo de Huijsen detenido por Valles, el robo alto de Fede y el gol de Mbappé anulado por fuera de juego -minuto 54-, y el chut mordido de Bellingham con todo a favor. Y a partir de ahí una vez más se hundieron en el desapego a las órdenes de su técnico, para regalar al Betis un horizonte optimista que no desaprovecharían. Sólo Fede Valverde, como siempre, sacó la cara cuando sus colegas habían desconectado.
La media hora final encontró al favorito desnortado en su tercio de cancha, encerrado en el rol de sujeto pasivo, a la espera de cazar una contra que tardó en llegar. Mientras tanto, Fornals brindó remates propicios a Marc Roca y a Natan, Huijsen tapó in extremis un intento claro del creativo de Castellón, Trent apareció providencial para molestar lo justo la finalización de otra escapada de Abde y Lunin despejó una volea regalada del 'Cucho', después de que Pitarch hubiera patinado de nuevo en su área -minuto 66-. A estas alturas llovía fuerte en torno al arquero ucraniano y Arbeloa permanecía hierático en la banda. No agitó el árbol en busca del despertar de sus muchachos hasta el cuarto de hora postrero, cuando sorprendió dando la alternativa al oxidado David Alaba y a Eduardo Camavinga, al que le entregó el mediocentro, repitiendo el error colosal de Múnich con resultado similar. Hasta la conclusión sólo saldrían de la cueva cuatro veces. Mbappé dispuso de dos opciones estupendas y las malgastó antes de pedir el cambio. El Mundial está cerca y quizá no quiso arriesgar su físico (como en la volea precipitada del primer acto). Centenario triste el suyo con la elástica blanca. Se lo debe pasar en el diván pese a los 108 goles fabricados desde su advenimiento. El irresistible Valverde puso en problemas a Valles con una estampida individual y Vinicius bajó el telón al disponer de la sentencia a pase de Bellingham... pero chutó de manera horrible -minuto 86-.
El Betis cerró el choque dominando a voluntad, con Isco Alarcón a los mandos de la orquesta (compareció en el minuto 73 y desplegó su magia dirigiendo al primer toque, limpiando jugadas e hilvanando entre líneas). El malagueño es fundamental para los béticos. Por desgracia se lesionó de gravedad hace cinco meses y su recuperación no ha llegado a tiempo para evitar la debacle europea. Pero sí ha aterrizado para zanjar una nueva clasificación para la Liga Europa (poseen un colchón de seis puntos) y para aumentar el volumen del ataque verdiblanco. En esta fecha volvió loco a Camavinga y a un Madrid sin control, desdentado porque la puntería también les ha abandonado y que terminó jugando con Gonzalo García (canterano destacado que sólo había jugado seis minutos en los siete encuentros previos). El entuerto poco a poco iba conduciendo hacia el resbalón merengue, con un zurdazo demasiado cruzado de Antony, y la percepción se tornó realidad, finalmente, en el último minuto del descuento, cuando Héctor Bellerín encajó su disparo en la red después de esquivar un bosque de piernas. La inesperada flacidez de Mendy, su único error del día, desató la euforia en el graderío y certificó las dudas de un proyecto madrileño sin rumbo. Que se ha despedido de LaLiga y que lleva una victoria en los últimos seis partidos.
Ficha técnica
1- Betis: Álvaro Vallés; Ricardo Rodríguez, Natan, Marc Bartra (Diego Llorente, min. 32), Bellerín; Sofyan Amrabat (Isco, min. 73), Fidalgo (Marc Roca, min. 46); Ez Abde, Fornals (Lo Celso, min. 68), Antony; y Bakambu ('Cucho' Hernández, min. 46).
1- Real Madrid: Lunin; Mendy, Huijsen (Alaba, min. 73), Rüdiger, Alexander-Arnold; Pitarch (Camavinga, min. 73), Fede Valverde, Bellingham, Brahim Díaz (Manuel Ángel, min. 81); Vinicius y Mbappé (Gonzalo García, min. 81).
Goles: 0-1, min. 17: Vinicius; 1-1, min. 94: Bellerín.
Árbitro: César Soto Grado. Amonestó a Sofyan Amrabat, Huijsen y a Alexander-Arnold.
Incidencias: partido correspondiente a la 32ª jornada de LaLiga, disputada en el estadio de La Cartuja (Sevilla).