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BURGOS

Datan pinturas y grabados rupestres en una cueva del complejo de Ojo Guareña

martes 09 de junio de 2026, 11:19h
Actualizado el: 06/09/2026 13:18h
A - Vista general del panel principal de pinturas de la Sala Keimada. B - Detalle de las figuras geométricas que, en conjunto, recuerdan el cuerpo de un zoomorfo.
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A - Vista general del panel principal de pinturas de la Sala Keimada. B - Detalle de las figuras geométricas que, en conjunto, recuerdan el cuerpo de un zoomorfo. (Foto: M. Á. Martín)

El Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (Cenieh) participa en un estudio publicado en la revista Journal of Archaeological Science: Reports, sobre la Sala Keimada, uno de los santuarios de arte rupestre de Cueva Palomera, la principal cavidad del Complejo Kárstico de Ojo Guareña (Merindad de Sotoscueva, Burgos), en el que se presentan 18 dataciones inéditas que indican una frecuentación continuada de este espacio desde hace unos 13.500 años hasta hace más de 2.000 años.

El yacimiento había permanecido inédito en la literatura científica debido a las dificultades que presenta su acceso, que exige avanzar reptando, y a la falta de dataciones que permitieran contextualizarlo cronológicamente.

"El principal panel de pinturas geométricas negras, que recuerda a los triángulos de la Sala de las Pinturas, ha sido datado hace unos 13.500 años (finales del Paleolítico superior)", explica el Cenieh en un comunicado, en el que añade que "tiene innumerables grabados sobre paredes y techos bajos, la mayoría realizados al deslizar las yemas de los dedos sobre la película arcillosa que recubre la roca, aunque también los hay incisos finos y algunos estriados".

Varios grabados tienen superpuestos restos de carbones procedentes de antorchas, lo que ha proporcionado diferentes fechas mínimas que certifican que algunos también son del Paleolítico superior, aunque otros podrían ser de la Prehistoria reciente (Neolítico, Calcolítico o Edad del Bronce).

"Una cabeza de zoomorfo grabada, asociada a un contorno negro se ha datado en unos 7.500 años, en el Neolítico antiguo. Los hoyos excavados con palos conservan restos de maderas datados entre el Neolítico y la Edad del Bronce, mientras que el único hogar claro es del Calcolítico",

Uno de los hallazgos más destacados es una compleja estructura construida con dos grandes losas de caliza colocadas en vertical y apoyadas perpendicularmente entre sí, reforzadas por otras piedras de menor tamaño. La losa principal, de 1,5 metros de longitud, presenta su borde superior cuidadosamente retocado para crear un perfil afilado que recuerda a una figura animal con el hocico orientado hacia el panel principal de pinturas. “Tanto esta losa como algunas de las que la sustentan conservan grabados y marcas de carbón que evidencian una intensa actividad humana en torno a la estructura. Por sus características, guarda una notable semejanza con otra losa paleolítica documentada en la cueva de Tito Bustillo (Ribadesella, Asturias), aunque de mayores dimensiones”, explica Isabel Ortega Martínez, investigadora principal y miembro de la Real Academia Burgense de Historia y Bellas Artes, Institución Fernán González,

También se ha documentado la presencia de restos de un pequeño cerdo doméstico, de apenas tres meses, depositados en una de las pequeñas pozas calcíticas naturales situadas en el centro de la sala, junto a una singular formación cuadrangular de origen aparentemente humano. La datación de estos restos, correspondiente al periodo inmediatamente anterior a la romanización del territorio tras las Guerras Cántabras, sugiere que podrían estar relacionados con una de las últimas actividades rituales realizadas en el santuario. Esta interpretación cobra fuerza si se tiene en cuenta el importante valor simbólico que el cerdo y el jabalí tuvieron en las prácticas de ofrenda de las comunidades de la Edad del Hierro.

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