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entrevista

Michel Lescanne, nutricionista humanitario: “Un niño, aunque esté desnutrido, también tiene gustos y preferencias”

miércoles 31 de diciembre de 2008, 14:56h
¿Dónde arranca su maravilloso viaje humanitario?
Con motivo de mi tesis de fin de carrera y después de estudiar el universo de la buena nutrición, me interesó mucho más alimentar a los habitantes de los países subdesarrollados que a los gordos franceses con productos con altas tasas de colesterol. La verdad es que he sido tenaz. Al terminar mis estudios, trabajé en el departamento de investigación de una industria lechera. Ya, en 1986, quise dedicarme sólo a desarrollo productos orientados exclusivamente a la población desnutrida de países del Tercer Mundo.

¿Es necesaria una alimentación específica? ¿Los paquetes de arroz no sirven para acabar con el hambre y la desnutrición?
Hay que hacer productos según las necesidades de los nutricionistas y de las ONGs. Esta es la gran idea de Nutriset. Antes, se enviaban productos que se encontraban los mercados europeos y que no respondían a las cualidades nutricionales necesarias. Nosotros hemos creado un producto sólo para ellos utilizando las técnicas del marketing habituales en los mercados occidentales. Porque un niño desnutrido es un consumidor más, con sus gustos y preferencias alimenticias. Por ello, nosotros hemos investigado sus gustos y las propiedades nutricionales que necesitan.

Es una idea revolucionaria
Efectivamente. Ahora, después de un primer gran periodo de envío y distribución de ayuda humanitaria, comienza a desarrollarse en estos países el marketing social. Es en este momento cuando se entiende nuestro trabajo: tienen que ser las madres quienes compren los productos alimenticios que le convienen a sus hijos.

Y así, previene la desnutrición. ¿Tienen las madres suficientes recursos para adquirir estos productos?

¿Qué gustos tienen los niños?
Los niños tienen unos gustos muy neutros. El sabor de la leche les vale. No hace falta incluir aromas porque, para ellos, no es un valor añadido. Y además, el coste de, por ejemplo, el aroma de vainilla es el mismo que la aportación de vitaminas. Por eso, no merece la pena incluir aromas. Con el que producto tenga un poco de azúcar ya les vale. Es importante también la textura del producto. Y, en definitiva, tiene que estar bueno.

¿Cuáles son las características de su producto estrella, plumpy nut, una chocolatina mágica para los niños?
Uno de los principios fundamentales de Nutriset es que el producto nutricional esté bueno. Buscamos una nutrición lúdica. Este concepto cambia la visión de este tipo de alimentos. El producto dietético no está bueno. El hecho que los paquetitos de plumpy nut estén buenos ayudan, como es de suponer, a su consumo y a la rápida recuperación del niño. El no tener que obligar al niño a comerse la papilla, sin forzar para meterle la cuchara en la boca, ya es una gran ventaja. No se fuerza a comer el plumpy nut. Ellos toman el contenido del sobrecito como si fuera un biberón o el pecho de su madre.

¿Y cuál es su composición?
Contiene crema de cacahuete, chocolate, vitaminas y un mínimo de azúcar para que guste al niño pero sin que sea excesivo.

¿Qué criterios siguen para alimentar a un niño con plumpy nut?
Según el estado del niño, éste formará parte de un programa específico. La madre lleva a su hijo a la ONG distribuidora del producto o al centro de salud y allí lo pesan y lo miden. Según el percentil en el que se encuentra se le considerará bien desnutrido, desnutrido severo, desnutrido muy severo y se le otorgará el tratamiento adecuado para su estado.

El niño desnutrido, como se le ha empequeñecido el estómago, deberá comer en varias pequeñas veces al día. Por eso, los sobres tienen poca cantidad de producto.

Precisamente este tratamiento médico tiene una peculiaridad especial, que la madre es la que administra los paquetitos que le van entregando y el niño se lo come solo, sin la ayuda de la madre ni de otra persona.
Efectivamente. Un niño con desnutrición severa y está enfermo tendrá que ser hospitalizado para poder curarlo pero, normalmente, los niños sufren desnutrición lo único que necesitan es comer un alimento adaptado a sus necesidades. No hace falta que se quede en el hospital. La madre recibe paquetitos para una semana. Cuando ésta termina, vuelve con el niño, se le pesa de nuevo, se comprueba si ha engordado los gramos que le corresponde engordar según el tratamiento. Si el niño ha engordado pero todavía no ha alcanzado el peso normal, se le da otro tratamiento para la semana siguiente.

Esto ha supuesto un gran avance para las mujeres africanas. Antes, cuando un niño sufría desnutrición severa, se le hospitalizaba durante 30 días y se le alimentaba con leche en polvo elaborada con agua potable para el niño. (Para evitar enfermedades no se permitía a las familias llevarse la leche en polvo a casa). Esta hospitalización obligaba a la madre, a la abuela o a la hermana a quedarse con el niño durante todo el tratamiento. Era algo pesado, costoso y, además, desatendían sus ocupaciones y al resto de la familia. También la hospitalización provocaba contagios entre los niños internos.

Todo eso ha desaparecido. Ahora el niño puede comer solo el producto. ¡Y en su casa!

¿Cómo consiguió dar con el esperado producto milagro?
Durante años, se ha alimentado a los niños con leche en polvo que tenía que disolverse en agua y que tenía que distribuirse en hospitales. Durante la noche, como no había suficiente personal, no se les daba la toma correspondiente. Esto provocaba la muerte de muchos niños a los que llamaban “los muertos de la madrugada”. Por eso, comenzamos a buscar un producto para que la madre se diese durante la noche. Probamos galletas y otros miles de productos que no eran eficaces. Hasta que, después de meses de investigación, vino la solución lógica, evidente, esa por la que te preguntas: “¿Y por qué no se me ocurrió antes?”. Se nos ocurrió elaborar algo parecido a una “crema de untar”, como la Nocilla, que es muy enérgica. Engorda, y eso es lo que buscábamos. Además, se come muy bien, no se rompe, gusta a los niños y no se atragantan. También tiene la ventaja que no mancha nada, no hay que limpiar nada, pueden pasarse todo el tiempo que quieran para comerlo, pasear con él y no pasa nada. Se come y punto.

Esto supone entonces un cambio radical del concepto de la nutrición y de la relación madre-hijo.
Así es. Por un lado, con plumpy nut hemos conseguido abaratar mucho los costes de la nutrición. Y, por otro todavía más gratificante hemos conseguido que la madre se sienta orgullosa de ella misma pues es ella quién alimenta ahora a su hijo. Eso es muy importante.
Además, esto permite hacer llegar mensajes a la familia en relación con la buena alimentación. Como la madre no ha salido de su contexto familiar puede poner en práctica consejos que le dan los nutricionistas para alimentar a toda la familia.

¿Qué cambios experimenta el niño alimentado?
Revive. Comienza a moverse, a sonreír y a jugar. Recuerdo cuando llegué a un campo de refugiados somalí. Tuve la sensación de que era un mortuorio. Al cabo de pocos días, se escuchan las risas de los niños y la vida vuelve. Es impresionante el cambio, sobre todo en la faceta psicológica del niño.

¿Qué pasa después del tratamiento?
Cuando el niño deja de ser un desnutrido severo y ha alcanzado un peso adecuado, forma parte del grupo que llamamos vulnerables y que reciben un complemento alimenticio menos sofisticado que el Plumpy nut. Ya puede ser un producto no elaborado: arroz, maiz, etc.

¿Cuántos sobrecitos “milagrosos” producen por día?
Cada día nuestras fábricas elaboran 120 toneladas de producto que rellenarán 1.200.000 sobrecitos. Es una cantidad relevante aunque nunca es suficiente. Estamos siempre pensando en aumentar nuestra capacidad de producción.

¿Y su patente? Tengo entendido que la ofrecen gratuitamente a las franquicias que producen in situ (Etiopia, Nigeria, Malawi, Congo, Tanzania, Mozambique, Ghana y Madagascar) los sobres.

La patente no es un problema para luchar contra el hambre porque tan sólo en el 11 por ciento de los países aquejados de desnutrición infantil tienen regulado el sistema de patentes pero, en el resto, no es necesario pagar por la patente para fabricar el producto. Es decir, se puede fabricar más.

Los productores locales fabrican Plumpy nut, con la calidad y los materia prima supervisada por nuestra empresa, Nutriset. Por otro lado, hemos llegado a un acuerdo con una ONG irlandesa para que también ella produzca nuestro producto.

¿El mundo necesita más empresas como Nutriset, como la suya?
Por supuesto. Nosotros, que ya llevamos tiempo luchando contra la desnutrición infantil, reinvertimos nuestros beneficios en la investigación para seguir esta batalla. Nuestro objetivo no será otro que los niños desnutridos.

Yo creo que las mentalidades están empezando a cambiar y cada vez hay más empresas que aplican el Marketing social cuyo objetivo es ofrecer un producto que responda a un problema de sanidad pública y, sin embargo, se expone en el circuito comercial clásico. No se dan, se venden, pero a un precio asequible para el público objetivo al que nos dirigimos.

De momento, la mayoría de nuestros productos se ofrecen gratis por las ONG´s y los centros de salud. Pero, porque estamos actuando para curar no para prevenir. Sin embargo, tenemos otros productos destinados a la prevención y estos se venden.

La prevención es fundamental entonces. ¿Cómo se actúa para prevenir el hambre?
Un desnutrido severo es un desnutrido moderado que no supimos tratar a tiempo. Es un niño que en un momento de su vida sufrió una falta de alimentación. Y esto se puede preveer y curar. Por ejemplo, en Nigeria, durante el periodo de soudure (época del año en el que se terminan las reservas de alimentos antes de recoger la cosecha) sabemos que a los niños les va a falta alimento. Si se les entrega las cantidades apropiadas antes de este periodo, no se convertirán en desnutridos. Cuesta menos dinero alimentar a los desnutridos moderados y evitar que caigan en la desnutrición severa.

¿Será posible que las madres de esta población vulnerable puedan llegar a comprar los alimentos adecuados para sus hijos?
Existe una tendencia a llamar malas madres a aquellas que tienen hijos desnutridos, que no saben alimentarlos pero, ellas sí saben hacerlo. El problema es que no tienen los recursos para conseguir los alimentos que necesitan sus hijos. Para acabar con eso, pretendemos proponerles el producto apropiado a un precio que puedan pagar.

¿Y esta idea ya la han puesto en práctica?
Sí. Hemos comenzado en Nigeria. Después de estudiar cuales son las carencias alimenticias de la población a la que nos dirigimos y la renta que posee, distribuimos un producto ajustado a sus necesidades. Como si de un mercado normal se tratara hemos elaborado una campaña de comercialización y de publicidad para vender nuestro producto. Lo importante es no olvidarnos cual es nuestro objetivo.


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