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CUBA, DE LOS DÍAS DE RON Y ROSAS, AL DESASTRE

miércoles 25 de junio de 2014, 17:32h
Los defensores de la libertad aplaudieron el derrocamiento de Batista. Los enemigos de la prepotencia del imperio norteamericano se regocijaron cuando Fidel Castro se plantó ante las exigencias de Washington. Los brujos de la santería, el vudú, el winti, la makumba entronizaron al líder cubano en sus altares como si se tratara de un santo más. La Unión Soviética volcó su ayuda y su propaganda en favor de Fidel. Una parte sustancial de la progresía del mundo occidental se puso a su lado. Fueron los días de ron y rosas.

     La esperanza de aquellos primeros años se convirtió enseguida en el desastre de una dictadura comunista sin tapujos, de un totalitarismo cerril, que derivó hacia la tiranía pura y dura. Octavio Paz fue el primer intelectual iberoamericano de envergadura que denunció la extirpación de la libertad en Cuba y la miseria en la que Castro había sumido al pueblo. Después vino Vargas Llosa que se enfrentó a García Márquez. Todavía en aquella época la progresía llamaba fascista a quien calificaba a Castro de dictador. Después cayó el Muro de Berlín, se descarnó la verdadera naturaleza del sistema comunista y Fidel Castro se sintió zarandeado por los que antes le ensalzaban. En su ancianidad encontró sin embargo los petrodólares del caudillo bufón Chávez para sustituir la ayuda soviética y sobrevivir.

     Cinco décadas de dictadura. 50 años de opresión y tiranía. Un pueblo hambriento, ajeno al progreso del mundo, y sin libertad de expresión ni de manifestación ni de reunión. El balance del régimen castrista resulta abrumadoramente negativo y no se ve claro lo que va a ocurrir, cincuenta años después, cuando el tirano se ha refugiado en la penumbra, en plena decrepitud física.

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