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Cambio Climático, política y estilos de vida

sábado 09 de febrero de 2008, 23:28h
La versión más aceptada por la comunidad científica referida al calentamiento global y a sus consecuencias, defiende que éste debe interrumpirse antes de sobrepasar en más de 2ºC la temperatura media de los tiempos preindustriales. Los científicos consideran que por encima de ese valor el cambio climático puede desencadenar alteraciones planetarias irreversibles y, probablemente, catastróficas.

Bajo esta premisa, las medidas puestas en marcha por la Unión Europea en 2007 para reducir las emisiones de gas invernadero y combatir el cambio climático, pretenden principalmente reducir las emisiones de CO2 a la atmósfera, y potenciar el uso de las energías renovables, como la eólica, la solar, la maremotriz, la energía geotérmica (energía de manantiales calientes o volcanes) y la biomasa (materia orgánica del tipo de madera, residuos de fábricas, plantas o excrementos de animales).

En 2020 las emisiones de CO2 pretenden reducirse hasta, al menos, un 20% por debajo de los niveles de 1990; para ese mismo horizonte temporal, y en lo que se refiere a las energías renovables, la Unión Europea se ha fijado como objetivo incrementar la participación de estas en el consumo energético hasta el 20 por ciento. Dicha participación supondría, en el mejor de los casos, más que duplicar la aportación actual en el consumo total de energía de las renovables. Alemania, país pionero y principal impulsor de la lucha contra el cambio climático en Europa, cuenta en la actualidad con una participación en el consumo total de energía final del 8,0 por ciento.

Más allá del apoyo político, el freno al cambio climático pasará definitivamente por una necesaria moderación en el consumo y una modificación en las variables que lo determinan. Éste deberá variar cuantitativamente pero también cualitativamente, lo que se debe traducir en consumir menos y mejor. Para que esto suceda los ciudadanos europeos deberemos hacer gala de unos renovados valores y estilos de vida sin los que las políticas emprendidas resultarán además de escasas, ineficaces.

Paralelamente a la disminución de emisiones contaminantes y a la sustitución de los recursos no renovables por los renovables debemos realizar una reflexión individual con consecuencias prácticas en nuestra rutina diaria sobre las implicaciones de nuestro “estilo de vida”. El consumo ilimitado como paradigma de bienestar y calidad de vida tiene que dejar de tener sentido con el cambio climático como principal, aunque no único, argumento.

Sara Herrero

Doctora en Estudios Europeos

SARA HERRERO es doctora en Estudios Europeos

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