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Lo políticamente correcto

miércoles 25 de junio de 2014, 17:32h
No hay nada menos arriesgado que lo políticamente correcto. El peligro de equivocarse se minimiza si el interlocutor se mantiene escrúpulo o en el campo de lo políticamente correcto. Aunque algún kamikaze se relame en su originalidad y boxea frente a cualquiera que se planta en su camino, la inmensa mayoría silenciosa, temerosa, indiferente o inane, prefiere el guión bien dibujado por lo que conforman la “intelligenstia” oficial del régimen, la nueva “nomenclatura” del Estado democrático que no es muy partidaria del pluralismo pues prefiere la unanimidad (por supuesto siempre con su teoría).

Con el fin de facilitar la identificación de lo políticamente correcto, ante la ausencia de un manual completo en la materia que pueda ser consultado en las páginas web más visitadas, he decidido resumir el prototipo ideal en el sentido weberiano. No se resolverán todas las dudas, pero sí se contienen las pistas suficientes. Si quedara alguna dudilla al final, no se amilane y dedíquese a exagerar el estereotipo. Todo menos pensar por sí mismo pues el “gran hermano” vigila y puede arrinconarle o incluso arrojarle por las escaleras si le se ocurre. El manual de lo políticamente correcto sirve para vivir tranquilo, sin dolores de cabeza, amparado en el hecho de que otro ha pensado por cada uno de nosotros, y además lo ha hecho con acertado criterio.

Desde luego la receta primaria, troncal y nuclear, es declararse progresista. Nada de liberal y mucho menos de conservador salvo que le guste que su cabellera le huela a chamusquina.

Inmediatamente se recomienda hacer gala de antiamericanismo (aunque este tal Obama lo ha fastidiado un poco y parece que hay que darle un margen de confianza) y, por supuesto, pro-árabe (pobrecitos pueblos musulmanes que adoran Occidente) y antisemita por cuanto los judíos se dedican a masacrar a los anteriores y crecen de paciencia para soportar los cohetes que les envían con el máximo cariño.

Desde luego, todo lo que suene a Iglesia, obispos, curas, misas, religión, educación religiosa, Vaticano, etc. debe proscribirse del lenguaje. Es meapilismo rancio, pura carcundia. Un tipo políticamente correcto es un activo laicista que eliminaría del mapa todo signo o símbolo religioso salvo el belén en Navidad y la procesión o la romería de su pueblo.

Es totalmente incorrecto, y por tanto se desaconseja vivamente, poner en tela de juicio la ampliación de los supuestos en que puede practicarse el aborto (libre y gratuito), criticar que se califique como matrimonio la unión entre personas del mismo sexo (y muchos menos el exhibicionismo en sus manifestaciones festivas) o la adopción por los mismos.

Se ha de estar siempre en contra del militarismo, y a favor de las ON´Gs así como también de todas las minorías por pequeñas que sean. Han de subvencionarse para que se recuperen lenguas vehiculares como el bable, la fabla aragonesa o el castúo, y por supuesto para que se favorezca el acceso de cualquiera que pertenezca a cualquier minoría a un puesto o incluso cargo.

La madre del cordero es ser más verde que una pradera inglesa, un buen ecologista. Hay que tener un buen discurso sobre el cambio climático y el calentamiento global (por cierto, cada año hace más frío y llueve y nieva más). Al Gore es un líder y el primo de Rajoy un insensato y un frívolo.

Debe huirse de las camisas claras –a rayas, cuadros o lisas- pues son menos inquietantes las negras, grises y pardas. Ha de ser sarcástico con la telebasura y proclamarse seguidor entusiasmado de los documentales de la 2 y del National Geographic. Nunca pida en el avión o en el tren los periódicos de la derechona. Afirme que le gusta solamente en el cine en versión original con subtítulos y que es fans Oliver Stone y entre los actores de Bardem (hijo) y de Bardem (madre).

Huya de los best-seller y de los viajes en crucero pero no se olvide de firmar los manifiestos reivindicativos correctos. Proclame que es feminista e igualitarista de toda la vida (y procure evitar contar lo que de verdad ayuda en casa) y apréndase bien las palabras al uso: sistema, poder, diálogo, conjunción de fuerzas, democracia real, conciliación, ciudadanía, republicanismo, sociedad civil... ¡ah! y memoria histórica. ¡Mucha memoria histórica!.
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