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Gibraltar crece a costa de España

domingo 25 de enero de 2009, 17:50h
Gibraltar esta creciendo sobre las aguas territoriales españolas y, lo que resulta más paradójico, con relleno de tierras procedentes de las canteras situadas en el territorio español. Es decir, que lo que se obtenga con esta operación no solo se hará a costa de las aguas de soberanía española sino que el suelo que se gane al mar tendrá el sello original de la tierra procedente del otro lado de la Verja.

El caso de Gibraltar es único en Europa. Un pequeño territorio de soberanía de un país de la Unión, de escasamente seis kilómetros cuadrados, emplazado en un apéndice de la costa meridional de otro país de la misma Unión que tiene unos límites perfectamente marcados por la línea geográfica de su litoral y cuya continuidad se rompe únicamente por la existencia de la pequeña colonia inglesa.

Pues bien, esta anomalía ha dado lugar a continuas disputas. Las controversias, no ya por la soberanía del Peñón, sino por los límites que se le han de reconocer por tierra y por mar, forman parte constante de una historia que se remonta a más de trescientos años. En el Tratado de Utrecht, la cuestión de los limites de Gibraltar por tierra quedaron perfectamente delimitados: España cedía a Gibraltar “…la plena y entera propiedad de la ciudad y castillo de Gibraltar, juntamente con su puerto, defensas y fortalezas que le pertenecen…” Nada se decía del territorio que, desde el castillo y la ciudad unía al Peñón con el resto de la Península. España no cedía el istmo y sin embargo, a lo largo del siglo XIX, la pérdida de peso de la política exterior española en unos tiempos en los que otros problemas más graves mantenían secuestrada su atención, permitió que los ingleses lo ocupasen con el pretexto de las necesidades sanitarias de la colonia. Hasta hoy. De los límites marítimos y de las aguas jurisdiccionales, nada se mencionaba en el Tratado. O mejor dicho, solo se le reconocían en su famoso artículo X las aguas del puerto gibraltareño. Que Gran Bretaña haya podido aplicar otros criterios e interpretar de otra forma ese artículo, solo se ha debido a la prepotencia de sus gobiernos y a la dejadez de la diplomacia española.

Ahora aparece un nuevo conflicto, la ampliación de la plataforma terrestre, que gana terreno al mar en las aguas que bañan la costa Este del Peñón y cuya jurisdicción no se le reconoce en el Tratado de Utrecht. No parece que las tímidas protestas que el Ministerio de Asuntos Exteriores ha presentado ante el Gobierno inglés puedan hacer desistir de este nuevo abuso a las autoridades del Peñón.
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