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Aquel trueno

Juan José Solozábal
jueves 19 de febrero de 2009, 23:29h
Uno creía haberlo visto todo, pero no. Estaba equivocado. Nunca imaginé a Ibarretxe, la imagen de la determinación y la entereza, el profeta iluminado, el último lucero, la voz clamante, nunca lo imaginé, digo, arrugado, desistiendo de los principios, creyendo que el Pueblo Vasco, pueda estar interesado por las cosas de este mundo, dispuesto a poner su atención en los asuntos ordinarios , descuidando la fijación en su destino, en su irrefrenable necesidad de decidir, de ser consultado, de hablar.

Verdaderamente es patética esta rectificación del líder vasco que nunca quiso apostar su suerte política en el estrecho tablero de la gestión y la competencia, apegado al agonismo del nacionalismo más esencialista, viviendo siempre al límite, à bout de souffle, desdecirse y regresar a donde nunca estuvo, a la solución de los problemas contingentes de una sociedad cuyas necesidades ordinarias desatendió gravemente, pues el reino de Ibarretxe no era ciertamente de este mundo, perteneciendo sus planes al difícil empeño de la construcción espiritual de la nación, el reforzamiento de la identidad, y demás entelequias simbólicas. Ello explica el puñado, más bien magro, de realizaciones políticas que su gobierno, por lo demás deslavazado y escasamente coherente puede ofrecer, traducidas en muy ligero número de leyes aprobadas en el Parlamento Vasco durante la última legislatura.

Esto es lo que queda de la famosa coherencia de Ibarretxe.¿Quien nos iba a decir que Ibarretxe andando el tiempo nos ofrecería un ejemplo de flexibilidad, de ligereza, un testimonio impagable de acomodación posmoderna ? ¿Quién se hubiese atrevido a pronosticar en quien porfiaba en la denuncia ante las instancias europeas de los atropellos del Estado español al impedir un flagrante atentado al orden jurídico que la famosa consulta suponía, que al final en la hora de la verdad de lo que Ibarretxe pretendería examinarse es de su talante flexible y de sus capacidades como economista?

Claro que si hay una continuidad entre el nacionalismo de la utopía y el de la contingencia , y es que los culpables del problema vasco siguen siendo los mismos, los que deciden , por nosotros, en Madrid. ¿Cómo puede denunciarse el escaso margen del autogobierno vasco, a estas alturas? ¿Le cabe a alguien, que no sea el nacionalismo, dudas de que la Comunidad Autónoma Vasca dispone de la mayor capacidad de decisión política que ninguna estructura descentralizada, se llame estado o región, tiene en Europa? ¿Hemos de tener que seguir soportando la tesis del “incumplimiento” del Estatuto, porque no se haya podido alcanzar hasta ahora un acuerdo sobre la realización de las , escasas, transferencias pendientes? ¿Cómo puede el nacionalismo pretender hacer creer que el verdadero interés del partido gobernante sea el cumplimiento del Estatuto de Gernika y no su rebasamiento? ¿De verdad cree el nacionalismo que el electorado no tiene memoria, o que su crédito frente al mismo, en base a una ejecutoria irreprochable y exitosa de gobierno,
puede permitirse el lujo de esta conversión, de este ejercicio de falsa y no explicada compunción?
Quien lo diría Señor, aquel trueno, vestido de Nazareno.

Juan José Solozábal

Catedrático

Juan José Solozabal es catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad Autónoma de Madrid.

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