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Rubalcaba, qué listo eres

miércoles 25 de febrero de 2009, 21:47h
De todas las torpezas del ex ministro Bermejo, posiblemente la única no imputable a su magín ha sido la construcción político-mediático-judicial contra el Partido Popular. Si se analiza, esta operación resultaba demasiado compleja para un personaje tan directo como pugnaz, tan hooligan ideológico como imprudente en su conducta personal, como el destituido ministro de Justicia.

Para ir a las raíces de la trama hay que buscar algún político listo. Y es muy fácil encontrarlo, porque Zapatero tiene muy pocos a su alrededor. Por lo tanto, en el primero en el que hay que pensar es en Alfredo Pérez Rubalcaba.

Confieso de antemano mi admiración y simpatía personal hacia el señor Pérez Rubalcaba. La segunda es irrelevante para el caso que nos ocupa. Pero la primera, la admiración, se ha acrecentado en estos días.

Es la Policía Judicial que comanda el ministro de Interior la que elige, entre los numerosísimos casos de corrupción existentes en España, a aquellos personajes que actúan en la órbita de los lugares donde el PP tiene algún poder. Que une en una trama esos casos diseminados por la geografía, como si cada chanchullo fuera la madre de todas las corrupciones. Que lleva el asunto a la Audiencia Nacional, en lugar de a los respectivos juzgados de cada localidad, aprovechando la guardia del juez más confesamente ideológico a favor del zapaterismo, y con más deseo de protagonismo personal. Que después suministra informaciones desparramadas, y en no pocos casos sesgadas a través de sorprendentes filtraciones, ya sea voluntariamente o por defecto de celo en la custodia, para alcanzar una repercusión mediática suficiente como para desestabilizar al adversario político del Gobierno.

Y es el ministro del Interior el que queda impoluto tras las bambalinas y deja el protagonismo a otros para que se estrellen, a niveles casi de crueldad: un ministro de Justicia en la calle por asesinar a Bambi, y un juez fulgurante querellado por prevaricación.
Eso sólo puede ser obra de un genio de la política: Alfredo Pérez Rubalcaba.

Es cierto que las criaturas concebidas con diseño perfecto tienen a veces defectos de fábrica porque algún operario de taller se equivoca. Y, en este caso, está claro quién ha metido la pata, quién ha sobrado y quién está sobrando: los de la cacería, cuya torpeza ha estropeado una obra maestra de la política, la que estaba llamada a la destrucción del PP con las mismas armas con las que el PP destruyó al PSOE de González. Una obra con el guión de la tormenta perfecta: corrupción, más crisis de liderazgo, más ambiciones cainitas, más imagen de derrota. Y todo ello concentrado en los lugares que son la herida por la que sangra el deseo de hegemonía del PSOE, los núcleos de la resistencia: Valencia y Madrid.

Es cierto que el PP va a sufrir un largo purgatorio con el caso de las corruptelas o corrupciones. Pero también lo es que este sufrimiento hubiera sido mucho mayor de contar el PSOE y el Gobierno con gente suficientemente preparada como para no estropear una magna obra de montaje judicial y mediático como ha sido este “caso Gürtel”. Y no porque no haya chorizos alrededor del PP, sino porque al destaparse el caso se ha descubierto otro modelo simultáneo de corrupción política: la que enmarida a Gobierno y jueces, la que demuestra que hay utilización ideológica y política en un caso supuestamente circunscrito a los tribunales. Hechos ambos que han permitido a un PP roto, y a un Rajoy debilitado, rearmarse y unirse como no lo habían estado en los últimos meses.

Ahora, Garzón puede seguir apretando, en los escasos días en los que le queda jurisdicción sobre el caso, a los golfos de las comisiones y a los políticos sobornados cuanto quiera, para ver si les saca alguna declaración que permita la imputación a algún dirigente del PP. Pero Garzón se ha quemado y empieza a ser historia como instructor, para ser presente como carne de banquillo, y este caso se encamina a donde siempre debió estar. A una delincuencia personal a cuenta de la política, más que a una delincuencia política a cuenta de las personas.

Y aún hay más. El diario El País lleva treinta portadas con el asunto. Pero empieza a acumular tantas rectificaciones por sus imputaciones a políticos del PP que debería hacérselo mirar. Hasta ahora, El País ha acusado. Puede empezar a tener problemas, porque ya son varios los políticos del PP denunciados en sus páginas que, a la postre, están limpios e igual emprenden el camino de los tribunales. Si no lo hace el propio partido por la cascada de insinuaciones, sugerencias, concatenaciones y maledicencias desplegadas en el diario antes independiente y ahora global.

Lo único que queda claro en este sórdido asunto es que son muchos los que aparecen ahora en la diana pública. Bermejo, finalmente asaeteado. Garzón, querellado con mucha verosimilitud. El PP, investigado. La Audiencia Nacional, utilizada. La Policía, teledirigida. Y El País, puesto en evidencia por su falta de habilidad o por su pasión ideológica al utilizar las filtraciones policiales o judiciales.

Pero el único limpio de polvo y paja es el ministro Rubalcaba, la cabeza mejor amueblada de Zapatero, y el jefe de la Policía que construye la gran trama anti PP. Mira que es listo ese hombre. Aunque no tanto como para darse cuenta de que los demás (garzones, bermejos, cazadores y cazados) pueden ser tan poco hábiles como para estropear una operación política genial.
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