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Cerrando el círculo

miércoles 04 de marzo de 2009, 21:49h
Cuando escribo estas notas todavía no han tenido lugar los comicios electorales en Galicia y en el País Vasco. No sé en qué quedará todo. Es posible que haya habido rectificaciones, como también es factible que se hayan perpetuado las inercias. En realidad, lo que quisiera comentarles en esta glosa se ha producido en otro escenario, aunque ilustra perfectamente un par de circunstancias que, de un modo u otro, se producen en las denominadas nacionalidades históricas. La primera de esas circunstancias es que el nacionalismo va a por todas. La segunda, no menos alarmante, es que los denominados partidos constitucionalistas arrían el velamen a la que apunta tempestad. Dicho de otra manera, que sin el hálito de la opinión tras ellos tienden a componendas en cosas que resultan ser bastante esenciales.

Vamos al caso. Hace unos días, en el parlamento catalán el pequeño grupo mixto, el de Ciudadanos, tuvo la osadía de presentar una enmienda, a la totalidad, contra la nueva ley que viene a fijar las funciones y atribuciones del Síndic de Greuges –es decir, la modalidad autonómica de defensor del pueblo. Estamos en pleno despliegue del nuevo Estatuto de Autonomía y podría decirse que el ejecutivo catalán, con la cooperación activa de los nacionalistas de CiU, anda practicando el castizo trágala. Casi todas las leyes que han entrado en el Parlament en los últimos meses, relativas a algún aspecto del Estatuto, hacen referencia a artículos que han sido recurridos, bien por el PP, bien por el propio Defensor del Pueblo. Es decir, se está decidiendo sobre temas para los que todavía se espera una resolución judicial. No es menos cierto que si en alguna parte del país hay una acusada tendencia a soslayar las resoluciones judiciales que ponen en cuestión las políticas regionales ese lugar es Cataluña. Pero no quiero ni imaginarme lo que puede llegar a ocurrir si el Constitucional hecha para atrás alguno de los artículos sobre los que ya se ha hecho una ley adaptada al nuevo Estatuto. El problema será de órdago. O quizás no. Lo que no sé si resulta más tranquilizador.

Pero es que además el día en el que se votó la citada enmienda se dio una circunstancia que deja al espectador perplejo. El diputado que la sostuvo, Albert Rivera, lo hizo usando los argumentos mediante los cuales el PP había, en su día, recurrido al Constitucional el artículo correspondiente. Curiosamente, los diputados de Ciudadanos se quedaron solos. No votaron, en ningún sentido, el presidente del grupo parlamentario popular, presente en la sala, y tres diputados más, por ausencia. El resto voto contra la enmienda.

¿Qué es lo que los populares votaron pues a favor? En síntesis, y para no alargarme, el Estatuto prevé, en éste como en tantos otros órdenes, blindar las decisiones que puedan tomarse en Cataluña e impedir que ninguna instancia nacional pueda intervenir en, o sobre, ellas. El tripartito está decidido a completar la labor de construcción nacional evitando ingerencias externas. Ya lo dijo Montilla no hace mucho. Somos un pueblo y, añado yo, eso tiene sus consecuencias. La de la semana pasada fue que el Defensor del Pueblo no podrá intervenir en Cataluña, a instancias de cualquier ciudadano que crea lesionados sus derechos o libertades, siempre que la materia que se discuta sea competencia exclusiva de la autonomía.

Ustedes me perdonarán pero uno tiene la sensación de que se está cerrando el círculo y que lo está haciendo con las complicidades de quienes fueron al hemiciclo catalán con otro mandato.
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