www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

No es tan difícil

Juan José Solozábal
jueves 05 de marzo de 2009, 23:39h
Se entienden las dificultades del nacionalismo vasco para admitir su derrota y extraer las consecuencias obligadas de la misma, esto es, la necesidad de abandonar el poder. Me refiero exclusivamente a las razonas ideológicas, porque hay otras, claro, en las que no voy a entrar, dificultades que podríamos llamar de gestión, y que tienen que ver con una inadecuada comprensión de ocupación de lo público, la clientelar, que en bastantes casos, y no sólo el nacionalista, conlleva el ejercicio del poder.

Ocurre que el nacionalismo no se ve a sí mismo como una simple ideología política con sus títulos correspondientes de racionalidad, que se encuentra en el espacio político, disputando a las demás la aceptación de los ciudadanos y recabando de los mismos el apoyo para gobernar. Por supuesto no pretendo mantener que el nacionalismo piense imponerse de otro modo que no sea el democrático y a través de las elecciones. Para nada el nacionalismo es una ideología predemocrática o que renuncie a utilizar los medios disponibles para las demás opciones. Al contrario sabe como nadie utilizar los resortes de la comunicación y el liderazgo de masas, y se apropia inteligentemente de las posibilidades, en las sociedades desarraigadas y despersonalizadas de nuestros tiempos, de la atracción de los vínculos innegables de la identidad y la solidaridad territorial. De otro lado, es de justicia reconocer que el Partido Nacionalista Vasco es un partido de intachable ejecutoria democrática en la historia española y su contribución, como he señalado en muchas ocasiones, a la construcción del Estado Autonómico ha sido fundamental.

Pero el nacionalismo no se considera una ideología más. Aunque compita en la arena política, su importancia trasciende esta esfera. En realidad se ofrece como un sustituto religioso en los tiempos modernos, en que ya no tiene sentido la preocupación por el destino ultraterreno, pero donde la función salvífica se asume por el nacionalismo que cree que no es posible la felicidad individual sin la realización estatal de la patria.

Un partido con estas bases ideológicas entiende mal que el pueblo cuya identidad cree representar y servir como nadie pueda haberle abandonado. Pero la política, lo dejó dicho don José Miguel Azaola, no es teología como tiende a creer el nacionalismo, y se refiere al gobierno de las cosas de este mundo. Los asuntos de aquí pueden entenderse de muchas formas, y planteamientos que pueden servir en unos tiempos, por ejemplo, los momentos heroicos de la fundación, en otros tiempos no tan agónicos, en circunstancias de normalidad, quizás aparecen como exageración o sobreactuación, sencilla y llanamente como inadecuados.

De verdad nada especial, si los gobiernos ya no sirven, se sustituyen. Sin dramatismos ni aspavientos. Qué le vamos a hacer... así es la rosa.

Juan José Solozábal

Catedrático

Juan José Solozabal es catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad Autónoma de Madrid.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+
0 comentarios