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Maradona y el laberinto de América Latina

viernes 06 de marzo de 2009, 21:23h
En unas semanas, cuando se reanuden las eliminatorias para el Mundial de Sudáfrica 2010, Maradona debutará como director técnico de la selección argentina en partido oficial. Curiosamente lo hará frente a Venezuela y, pocos días después, contra Bolivia. No es difícil imaginar que, en la rueda de prensa previa a cada juego, el Maradona demagógico al que nos hemos habituado encontrará la manera de volver a expresar su apoyo a los gobiernos de Hugo Chávez y Evo Morales. Y será imposible no recordar entonces la absurda imagen de este trío antiimperialista dando el saque inicial de la última Copa América, valiéndose del deporte más globalizado y capitalista del mundo para autopromocionarse.

El Pelusa, orgulloso de su origen “villero”, ha servido de motor para alimentar las aspiraciones y sueños de millones de jóvenes desposeídos de América Latina. ¡Qué mejor ejemplo que el de alguien que, nacido en la pobreza, se enfrenta contra el mundo de los poderosos sólo con su talento, para triunfar, caer y luego renacer de sus cenizas! Lamentablemente, a través de sus altibajos, sus contradicciones y sus desvaríos, Maradona también ha reflejado mejor que nadie el laberinto sin salida en el que parece estar atrapada la sociedad latinoamericana en su conjunto.

La Junta Militar argentina, que utilizó descaradamente la celebración de la Copa del Mundo del 78 como instrumento de propaganda política, no tuvo la oportunidad de contar con él, excluido por su corta edad del equipo que disputó el torneo, para contribuir a la victoria que ésta tanto deseaba. Eso no le impidió al joven Diego Armando declarar por aquella misma época que “si un día nuestras Fuerzas Armadas tienen que defender nuestro país, estará el soldado Maradona, porque primero y antes que nada soy argentino”. De más está decir que no hubo un soldado Maradona cuando estalló la Guerra de las Malvinas. Pese a ello, Diego - quien de manera ingenua había posado junto a los miembros de Queen un año antes del conflicto vistiendo una camiseta con la bandera británica estampada - ejecutó en México 86, con la mano y los pies, la maravillosa venganza sobre los ingleses que toda la nación estaba necesitando. Aquél día nació el Dios al que todo se le aplaude, todo se le perdona y todo se le justifica.

En esos años Maradona brillaba en Europa, donde el destino quiso que se topara con el mundo de las drogas; tanto haciendo campaña contra su consumo como consumiéndolas. También quiso el destino que diera el segundo positivo de su carrera en un control anti-dopping justamente en el Mundial de USA 94, para luego hallar la paz espiritual en el paraíso comunista de Cuba. Estos últimos hechos pueden explicar en parte (tatuajes del Che y Fidel Castro incluidos) su actual antiamericanismo visceral.

Aunque ello no significara en absoluto una renuncia de su parte a los millonarios bienes materiales que posee, ni a las comodidades que estos proporcionan, al menos Maradona parecía haber encontrado cierto equilibrio ideológico después de sus extravagantes vaivenes de los noventa. Por si alguien lo ha olvidado, su amistad con el ultra neoliberal ex Presidente argentino Carlos Saúl Menem lo había llevado inclusive a ofrecerse como su vicepresidente en caso de una reelección del peronismo menemista.

Una de las últimas polémicas de Maradona tuvo, sin embargo, inevitables repercusiones extracontinentales, cuando expresó su deseo de conocer personalmente al presidente de Irán, Mahmoud Ahmadinejad. Ante sus críticos, no obstante, lejos de posicionarse en firme defensa del régimen considerado responsable del atentado de la AMIA en Buenos Aires, Maradona recordó ambiguamente sus visitas a Israel y su paso por el Muro de los Lamentos. Además aclaraba, para quién no lo supiera, que él nunca se mete en política.

A sus casi cincuenta años, y recién afiliado al peronismo kirchnerista, Maradona acaba de ser abuelo. ¿Lo ayudará este nuevo rol a estabilizar un poco sus ideas y apaciguar su ímpetu por opinar de todo sin argumentos ni moral? O en caso contrario, ¿dejarán los medios de dar tanta cobertura a alguien que no la merece y que sólo representa con sus dichos y hechos un ejemplo a no seguir por el resto de los latinoamericanos?
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