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Una revista americana

Juan José Solozábal
jueves 12 de marzo de 2009, 22:32h
Debimos suscribirnos, el maestro Francisco Rubio y yo, a The New York Review of Books hacia el año 1973. Nos habló de la revista un joven profesor del Departamento de Derecho Político de la Complutense, Miguel Angel Asensio, que acababa de regresar de los Estados Unidos, y que seguramente para desgracia de la Universidad, pues se trataba de uno de los pocos profesores capaces de una visión simultánea igualmente competente del Derecho y la Ciencia Política, moriría al poco de una fulminante enfermedad.

Desde ese momento hemos utilizado la Revista para seguir los acontecimientos de nuestro tiempo bajo la óptica del progresismo americano, en relación especialmente, con la política exterior, de ordinario considerada muy críticamente, e informarnos de los acuciantes debates ético jurídicos de nuestros días a los que The New York Review dedica siempre gran atención.

Ronald Dworkin , por ejemplo, es un contribuidor bastante frecuente, pero en sus páginas recuerdo haber leído cosas de Hannah Arendt o del mismo Isaiah Berlin. Es asimismo muy cuidadosa en la selección de las aportaciones críticas acerca de otros países. Timothy Garton Ash, Tony Judt o Michel Ignatieff han seguido con perspicacia desde sus páginas la caída de los regímenes del Este europeo, publicando asimismo importantes trabajos sobre la cultura política europea contemporánea. Pero gentes como John H. Elliot o Raymond Carr no han dejado de alzar la voz en la Revista , para señalar contribuciones relevantes al hispanismo, se trate de estudios en relación con nuestra época imperial, referidos especialmente a Iberoamérica, nombrada de ordinario Hispanoamérica, nunca Latinoamérica, o con estudios sobre la historia reciente española.

Pero si hoy traigo a colación la Revista es para destacar dos aspectos que me importa subrayar. En primer lugar la atención que se dedica en The Review a las sentencias del Tribunal Supremo. Resulta llamativo el eco de las resoluciones del Tribunal en la vida norteamericana y el que las mismas sean consideradas desde una referencia más amplia que la estrictamente jurídica.

La relación que se establece entre el derecho constitucional y la vida de la nación americana, no se toma como una desviación de la pureza exigible a la argumentación jurídica sino como una muestra de la razonabilidad y sensatez de tal discurso cuyo control corre a cargo de la opinión pública. En The New York Review, como digo, es frecuentísimo dar cuenta de las decisiones del Tribunal que se consideran capitales en la evolución de la jurisprudencia americana. En este sentido hay que entender el seguimiento, realmente exhaustivo, que se ha hecho de la suerte del derecho excepcional, en el plano normativo y concreto, de la guerra contra el terrorismo, ejemplificado en los casos de Guantánamo.

La otra cuestión a destacar se refiere la constante atención que en las páginas de la Revista tiene la historia constitucional de los Estados Unidos, y en particular la obra de los Padres Fundadores. El celo con que se estudia la obra constituyente de la generación de los fundadores no se explica por los réditos interesados que se pueden obtener desaprensivamente del originalismo interpretativo, pero está relacionado con la creencia en el valor político que el respeto a la Constitución tiene, perdóneseme la redundancia, en toda sociedad bien constituida. Pero de esto, querido lector, hablaremos otro día.

Juan José Solozábal

Catedrático

Juan José Solozabal es catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad Autónoma de Madrid.

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