www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Envidia

domingo 15 de marzo de 2009, 22:28h
Dos conocidos tertulianos discutían el pasado viernes acerca del jaguar del ex marido de la número dos del PP en el Congreso, Ana Mato. Uno de ellos defendía que un político tiene todo el derecho del mundo a tener uno o cinco jaguares –los coches, se entiende- siempre y cuando los hubiera conseguido honradamente, mientras que el otro consideraba que, dado que a la ‘gente de la calle’ le molesta ver que sus políticos nadan en la abundancia, no debería tenerlo. Fue aún más lejos. Puso como ejemplo el de un ministro aficionado a los coches que acudía a los mítines con el peor automóvil de su colección, consciente de que pasearse en Ferrari exaltaría los peores sentimientos de sus votantes. Sabemos que la envidia es un defecto demasiado extendido en nuestro país, pero no por ello debemos dejar que se convierta en un sentimiento legítimo. Supongo que sin darse cuenta, el tertuliano que consideraba que el deber de un político es evitar tener coches caros o, en caso de tenerlos, ocultarlos a la vista pública, estaba dignificando la envidia, convirtiéndola por el mero hecho de estar tristemente extendida en nuestra sociedad, en un factor casi legislativo.

Nos cuesta mucho, muchísimo, reconocer sin ambages los méritos del ganador o el triunfador. Siempre que hay alguien que triunfa y, además, no le duelen prendas en reconocer su valía o el duro esfuerzo que ha hecho para llegar hasta donde está, surge una vocecilla que viene a empañar la felicidad del exitoso. Los realities de televisión a veces sí cumplen la función de estudios sociológicos que les señala Mercedes Milá y, en este caso, son una buena muestra del instinto asesino de los españoles contra aquél que se niega a bajar la cabeza. Los primeros concursantes en abandonar este tipo de programas son siempre aquellos que más resaltan, especialmente mujeres, por ser orgullosos, combativos o tenerse en alta estima. Por el contrario, el acomplejado, tímido, lloroso, gordito, feo o paleto siempre se lleva el favor del público. ¿Por qué? Porque en un país acostumbrado a creerse siempre el ombligo de la fatalidad, que siempre ve la hierba del vecino más verde que la suya, que prefiere llorar por su mala suerte a enfrentarse a la posibilidad real del fracaso o el éxito, no puede tolerar que haya gente que reconozca sus méritos y cualidades sin complejos y que, además, se niegue a vivir de la pena o la compasión ajenos.

Nos molestan los triunfadores, la gente a la que no le importa alardear de lo que ha conseguido porque nos recuerdan que el que no arriesga no gana y que es más fácil quedarse en la medianía del ‘no lo hago porque si fallo la caída será muy dura’, pero también menos gratificante. Nos pasamos la vida quejándonos de nuestro trabajo, nuestra pareja, nuestra no-casa y nuestra vida, pero cuando alguien se atreve a ponerse el mundo por montera y tratar de cambiar lo que no le gusta o no le llena, lo dejamos sólo en el camino, lo acribillamos a críticas y, en el mejor de los casos, levantamos los hombros con gesto resabiado y decimos ese odioso “yo no digo nada, pero como le salga mal…”.

Cuando el emprendedor se cae con todos los trastos, cosa que puede ocurrir, un alivio vergonzante nos recorre las entrañas porque el orden cósmico vuelve a su sitio. Pero, ay de si triunfa. El reconcome que sentimos no nos recorre las entrañas, no, las quema, nos abrasa cada noche, recordándonos que el destino nos lo construimos cada uno y que, en la mayor parte de los casos, tenemos lo que hemos buscado y no lo que nos ha tocado. Es bastante fácil llevar una vida absurda con la tranquila conciencia de que no hay otra opción posible. Lo duro es saber que existe otra posibilidad, que en el fondo el único problema es que nos da miedo o pereza luchar por lo que queremos. Nos mata asumir nuestra parte de responsabilidad en lo que nos ha tocado y odiamos a quien se atrevió a jugar sus cartas hasta el final por restregarnos nuestra cobardía en la cara. Y éste y no otro es el germen de la envidia.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)


Normas de uso

Esta es la opinión de los internautas, no de El Imparcial

No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.

La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.

Tu dirección de email no será publicada.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.