www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Protonacionalismo

Juan José Solozábal
jueves 19 de marzo de 2009, 13:27h
En la teoría del nacionalismo el caso español puede presentarse, hasta cierto punto, como una desviación de la explicación que suelen ofrecer autores como Gellner, Kedourie, Hobsbawn, o Smith. Estos académicos son incapaces de explicar el nacionalismo sin la idea de soberanía en lo político, sin la industrialización en lo económico, sin la socialización de la cultura en un amplio espectro de masas, y el romanticismo en lo intelectual. Lo que ocurre es que estos autores que vinculan el nacionalismo a los cambios de la Revolución, no pueden dar cuenta de la existencia de algunas formas políticas cuya constancia histórica y capacidad de suscitar la lealtad política son innegables. Entre estos ejemplos de naciones anteriores al nacionalismo estaría, qué duda cabe, la nación española.

Podríamos decir entonces, sin temor a incurrir en exageración alguna, que , contra lo que es común admitir en la teoría nacionalista contemporánea, la nación española por lo menos en lo que se refiere a sus elementos conformadores básicos, en cuanto objeto de la devoción política compartida en una comunidad territorial determinada, ya existía durante la Monarquía de la época moderna.

Esto era lo que latía en la idea de José Antonio Maravall del protonacionalismo. Cierto que tal vez por la época en la que publica su monografía del Estado moderno y mentalidad social, a finales del franquismo, el gran maestro no puede sustraerse a la explicación “moderna” del nacionalismo , que resalta la dimensión revolucionaria de la idea de la nación, como depositaria de la soberanía y capaz de asumir la función constituyente. Pero Maravall no ignoró tres cosas bien importantes del nacionalismo, lo que explica la relevancia de su contribución al respecto. Primero, que la nación es obra del Estado, y desde ese punto de vista era muy difícil que el Estado español no condujera a la nación española. Un Estado con la complejidad del Imperio en Europa y en América, como gran obra administrativa, con todas las deficiencias que se quieran, pero desde luego con un claro propósito político, que existe desde Carlos I y aun la Monarquía de los Reyes Católicos. Segundo, con una labor de legitimación importante de la forma política llevada a cabo por, sobre todo, juristas o letrados, los Alamos de Barrientos, Saavadra Fajardo, Qiñones, Salazar, o historiadores como Mariana, Garibay, después los economistas y arbitristas, etc..Pero especialmente escritores como Lope, Cervantes, Quevedo. Y en tercer lugar, con una difusión cultural efectuada de modo primordial por el teatro del Barroco. Desde este punto de vista es bien importante el señalar la socialización que la cultura nacional española conoce a través del teatro del barroco, muy bien estudiada en su libro por Maravall en el año 1975.

El arraigo histórico de la nación española, como forma y objeto de la lealtad política, deshace la denuncia de la artificialidad del nacionalismo español, en el que se suele insistir desde los particularismos territoriales. No hay entonces oportunidad para confrontar en el plano de la intensidad y la difusión los títulos de legitimidad del nacionalismo común y los de los nacionalismos periféricos.

Juan José Solozábal

Catedrático

Juan José Solozabal es catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad Autónoma de Madrid.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+
0 comentarios