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crítica

"Los abrazos rotos": melodrama de pasiones que no llega a apasionar

viernes 27 de marzo de 2009, 10:11h
Lo primero que se echa de menos en la última y esperada cinta de un director que nos tiene acostumbrados a darlo todo, es más originalidad en el guión. Un triángulo amoroso formado por una chica joven y estupenda en busca del sueño de la fama que la saque de la pobreza, el consabido hombre maduro rico, posesivo, acostumbrado a conseguir lo que desea y, por último, el bohemio creativo destinatario absoluto del disputado amor de la mujer, es el protagonista de un melodrama lleno de pasiones, venganzas, ambiciones y traición que no ofrece ninguna insospechada sorpresa, a pesar de los anunciados secretos que pretende desvelar a lo largo de la acción.
En “Los abrazos rotos” no faltan, es verdad, las imágenes poderosas made in Almodóvar, alguna que otra escena rompedora, como la de la lectora de labios que interpreta Lola Dueñas junto a José Luis Gómez, e incluso el agradecido guiño a la comedia que tan bien hila el famoso director, pero, en su conjunto, la historia no atrapa y, lo que es peor, no consigue emocionar. Probablemente sea injusto valorarla partiendo del recuerdo memorable de la genial “Volver” y, por eso, hay que dejar muy claro que técnicamente el filme es de una calidad extraordinaria, con una fotografía impecable, buen montaje y diseño de producción, así como una esplendida banda sonora firmada por Alberto Iglesias.

En el capítulo interpretativo tampoco encontramos un conjunto realmente homogéneo y, como era de esperar, las “chicas” están mucho mejor que los “chicos”, a pesar de que el papel que realiza Lluís Homar es a todas luces un trabajo estudiado y elegante, pero, otra vez, sin esa chispa que arranque en el espectador la emotividad que su personaje, un director de cine ciego a causa de un terrible accidente y atormentado por la pérdida de su gran amor, debería provocar mientras narra la historia que tan celosamente nos cuentan que ha guardado durante catorce años. Blanca Portillo se mueve discretamente bien en la piel de su antipático personaje, aunque algo rígida en determinadas escenas, y Penélope Cruz, en la piel de Lena, queda, por desgracia, bastante lejos de la grandiosa Raimunda que llenaba toda la pantalla, en la que sigue siendo su mejor interpretación.

La cinta es un evidente homenaje al Séptimo Arte con especial atención al proceso creativo de un filme y muchas referencias a míticos directores como Luis Buñuel, Douglas Sirk o Roberto Rossellini. La amarga historia arranca en la actualidad y a partir de ahí la acción se retrotrae a los años 90 cuando acaecieron los hechos que dieron lugar a la tragedia que mucho tiempo después sigue marcando a sus protagonistas.
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