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El euro en México

viernes 27 de marzo de 2009, 21:30h
Escribiendo desde México en esta mi primera intervención para el periódico El Imparcial, quisiera comenzar por un tema cotidiano que a usted, amable lector, seguramente le abrirá el panorama acerca de cuán trascendente es la moneda única europea, conocida por todos como euro.

Estamos en el octavo año de circulación del euro y medida en números, la cotización de la moneda europea en México ha logrado posicionarse de una manera tal y por demás sorprendente, al pasar entre enero de 2002 y marzo de 2009, de 8.20 a 19.50 pesos mexicanos por un euro. Tal avance descomunal sirve para medir claramente el curso del fortalecimiento de la economía europea, la crisis que padece la mexicana (relativa, de momento) y las relaciones que ambas economías pueden tener, con un mínimo margen que nos queda, resultante de un euro caro del lado americano del charco y una recesión en el otro lado del Atlántico, demostrando con ello también, cuán complejas se tornan las relaciones económicas de nuestro tiempo.

En ocho años escasos, el euro no únicamente se ha consolidado, sino que ha conformado la denominada zona euro y además, se ha convertido en un referente obligado en el mercado financiero mexicano. Poco a poco, los informativos han tenido que añadir a la consabida cotización peso mexicano-dólar, la del peso mexicano-euro. De refilón mencionan a la libra esterlina y al yen. Un país de economía más abierta como México requiere no perder de vista a las monedas fuertes.

No es para menos que tengamos como referente al euro. La inversión europea en México y el enorme potencial turístico y cultural existente entre ambas entidades aún es muy amplio y fluido, y los mexicanos hemos aprendido de las ventajas que supone el uso de una moneda común, si bien quedamos advertidos también de que Europa se ha encarecido con el euro (nunca nos resultó barata, ciertamente), y España no es tan barata como lo era antes, si la comparamos con países como Gran Bretaña o Francia.

Con todo, no es conveniente un euro prolongadamente caro, dado que el mexicano es un mercado atractivo, un mercado emergente con ciento cinco millones de consumidores muy interesados en lo que Europa toda y España en concreto, pueden ofrecerle; un euro caro no puede ser positivo a la larga, requiriendo un nivel de estabilidad, del cual hoy carece, en el mercado mexicano, a manera de favorecer un intercambio más amplio, que rinda tanto a los inversionistas y viajeros, como al mercado local en ambas orillas, potenciado Europa y México sus ventajas frente al otro. Europa es la segunda inversionista en México y de manera destacada lo es la inversión española (aseguradoras, banca, editoriales, energía, y hotelería, principalmente). Por todo ello, si permanece un euro caro podría trastocar la venta de productos en México, a razón de encarecerse demasiado los precios de los artículos, por mucho que a exportadores e importadores sí les beneficie al principio esa transacción elevada. Un euro más barato, en todo caso no cambiará la fortaleza de la moneda europea y su no marcha atrás. Esperemos que Europa no quede cada vez más lejos para el bolsillo mexicano, sin que ésta no se haya movido un ápice de su lugar.
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