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preparados y sin miedo al fracaso

La generación de Miguel Ángel Blanco irrumpe tras la marcha de San Gil

sábado 04 de abril de 2009, 20:28h
La marcha de María San Gil supuso un varapalo para el Partido Popular del País Vasco. Sin embargo, una generación encabezada por Antonio Basagoiti y guiada por el espíritu de Miguel Ángel Blanco ha conseguido hacer historia. PSE y PP conformarán el primer Gobierno constitucionalista de la región. Jóvenes, preparados con Eta en el punto de mira, nombres como el de Arantza Quiroga o Iñaki Oyarzabal darán mucho que hablar en los próximos cuatro años.
Antonio Basagoiti, junto a unos sonrientes Oyarzabal y Quiroga en la Cámara Vasca. Efe

Algo ha cambiado en el Partido Popular del País Vasco. Una nueva hornada de jóvenes pero curtidos políticos se ha abierto paso tras la estela de pesos pesados como Jaime Mayor Oreja y María San Gil. Antonio Basagoiti, Iñaki Oyarzabal o Arantza Quiroga, desconocidos hasta hace no demasiado tiempo, han sido y serán figuras decisivas en el Gobierno del País Vasco.

Voces críticas con el pacto PSE-PP insinúan a Patxi López que ha sido engañado, que en Génova se frotan las manos porque la marca PP será muy visible en el País Vasco después de unos cuantos años en la sombra. Nada más alejado de la realidad. La generación de Miguel Ángel Blanco, como también se ha llamado al equipo de Basagoiti, no tiene reparos en el conflicto con la cúpula nacional ni con todo aquel que frivolice o estereotipe el conflicto vasco. Quizá sea porque ellos más que nadie han sentido de cerca la tragedia del terrorismo.

En septiembre de 1997, en una operación de la Guardia Civil contra el comando Vizcaya de Eta, los agentes encontraron información minuciosa sobre Antonio Basagoiti (Madrid, 1969) y el entonces presidente del PP vasco Carlos Iturgaiz, contra los que pensaban atentar de forma inminente. Ese mismo año, una recién llegada a la política, Arantza Quiroga (Irún, 1973), conocía el asesinato del concejal de Rentería José Luis Caso, con quien había estado apenas dos horas antes. Llegó el momento de tomar una decisión trascendental: dejar la política o sumergirse en ella con todas sus consecuencias. "Allí nació el compromiso real", confesó hace pocas fechas la nueva presidenta del Parlamento vasco.

EL IMPARCIAL entrevistó en octubre al entonces candidato del Partido Popular a la Lendakaritza, Antonio Basagoiti. Confesó que su partido necesitaba “pasar de la resistencia a la influencia”. Así ha sido. “No sólo somos valientes, también somos capaces”, sentenció, y tendrán la oportunidad de demostrarlo. Porque la suya no ha sido una trayectoria sencilla, como la de ninguno de sus compañeros. “Tenemos jóvenes afiliados que no lo dicen en casa, no lo saben sus padres. Pero si estamos en política, si arriesgamos la vida, lo hacemos por cosas como esas”, dijo el candidato. Muy pocos votantes del PP en el País Vasco confiesan sus colores, ni siquiera en las encuestas, que sólo otorgaban nueve escaños a la formación, que arrancará la legislatura con trece.

El equipo de Basagoiti con Mariano Rajoy. Efe

“Sí, no le engaño. He pasado miedo, a veces sigo pasando miedo. Lo intento superar con voluntad y poniéndome la idea en la cabeza de que esto lo vamos a ganar. Si pensara que vamos a perder, el miedo sería muy fuerte y me iría del País Vasco”. A través de sus palabras es difícil comprender su ímpetu, su sonrisa perpetua y energía, pero se entiende mejor su independencia y la de los suyos respecto a Madrid. “Mi relación con Rajoy es buena, pero no pienso en él. Mi cabeza está puesta en los retos de la sociedad vasca y, en todo caso, en dar cuenta a mis concejales y a mi Ejecutiva”.

La nueva generación de populares vascos se caracteriza por sus brazos abiertos. Condena el nacionalismo que desvía la atención pero arropa aquel que busca una mejor vida para los ciudadanos. Lejos de rememorar las disputas que han mantenido históricamente con los socialistas, Iñaki Oyarzábal (Vitoria, 1968), secretario general de la firma y rostro del acuerdo junto a Rodolfo Ares (PSE), ha hecho hincapié desde el primer día en destacar “lo que une” a los dos partidos, es decir, los preceptos constitucionales y la firme condena a la imposición en todas sus manifestaciones.

Oyarzabal se ha erigido en portavoz de la moderación. El “José Blanco”, “Alfonso Guerra” o “Ángel Acebes” del PP vasco resulta ser menos elocuente que su presidente, y de su tono serio brota la palabra “responsabilidad” en numerosas ocasiones. El “gamberro” es Basagoiti, que trató la campaña electoral como las últimas jornadas de una Liga, o las negociaciones posteriores con el PSE como un futuro matrimonio “con riesgo de cuernos en la noche de bodas”.

Oyarzabal y Basagoiti en la calle Génova de Madrid, donde se sitúa, a sus espaldas, la sede del PP. EfeIñaki Oyarzábal es elegante y coqueto, viste sobrio y con estilo británico. De hecho, antes de dedicarse de lleno a la política fue dueño de una tienda de ropa y pertenece a la Asociación de Jóvenes Empresarios de Álava. Hijo de una familia acomodada de Vitoria, entró muy joven en política acompañado por compañeros de cuadrilla como Alfonso Alonso, actual diputado nacional. Comentan sus allegados que el verdadero carácter del vitoriano brilla en el despacho, en la negociación, donde ha llegado incluso a enfrentarse con María San Gil. “Siempre va de frente”, comentan compañeros de partido. Sin embargo, en él destaca una gran capacidad para alcanzar el consenso a partir de los nexos entre las partes. En este caso, PSE y PP creían extinta la política del PNV y el uno y el otro no podían perder la oportunidad de intentarlo. A los ‘populares vascos’ les duele que se insinúe que quieren chupar cámara, que no serán fieles al pacto o que quieren ayudar a su partido en Madrid.

La ambición de Basagoiti, Oyarzabal o Quiroga es ilimitada, pero nunca va más allá de las fronteras vascas y mucho menos por intereses personales. La escolta que les acompaña día y noche les recuerda que la política “no es lo mismo” en el País Vasco. Hace pocos días, en una entrevista concedida a la Cadena SER, preguntaban a Oyarzabal por lo “sospechoso” que resulta un entendimiento en el País Vasco frente al choque frontal de PSOE y PP en el resto de España. No titubeó en la respuesta: “El País Vasco es diferente”. Por desgracia para ellos.

“En Génova tienen que darse cuenta de que, en los temas sobre el País Vasco, cuanto más se oiga a los populares vascos, más se acertará. La sensación que tengo de Génova es que a veces se han pasado y otras se han quedado cortos”, se atrevió a decir Basagoiti a este periódico. Oyarzabal y Basagoiti han sido fotografiados en multitud de ocasiones en los últimos días, son dos jóvenes bromistas y aficionados a la copa y al pintxo con los amigos y al partido los domingos. Cuando anudan la corbata cambian de registro, pero nunca se muestran serios si el optimismo asoma por algún rincón. Hierven los calificativos y la voz se agrava en un tema concreto: Eta.

Arantza Quiroga, en su primer discurso como presidenta de la Cámara de Vitoria. EfeY llegó Quiroga
Pero aún faltaba una sorpresa, la presidencia de la Cámara vasca, en manos de una compañera y amiga de Antonio Basagoiti. Algún medio intentó encontrar los puntos flacos de una política que ha vivido a partes iguales el sufrimiento y las satisfacciones. Aún más inmiscuida en su labor desde el asesinato de José Luis Caso, Quiroga ha sudado una carrera meteórica que comenzó con 21 años. Ha cumplido 36, es presidenta del Parlamento de Vitoria, número tres del PP vasco y ha tenido tiempo de formar una familia numerosa, con cuatro hijos varones y un marido que, como ella, “tiene carácter”.

Pero su cualidad más sobresaliente es la timidez, y no es extraño ver sonrojo en su rostro, sobre todo en los últimos días, en los que han inundado de halagos su figura. Otros han arremetido contra su vida personal y privada, contra el modelo de familia tradicional que defiende. “No soy miembro del Opus Dei, pero me gusta cómo forman a las personas”, dice Quiroga, a la vez que sabe a la perfección cuál es su lugar en el partido: “Soy del ala conservadora del PP”. El haber reconocido que ella “nunca” usaría el preservativo y una crítica firme a la nueva ley del aborto tampoco ha pasado inadvertido para diversos medios.

En el terreno profesional, Aranzta Quiroga cree que la clave del éxito en política reside en “saber estar quieto”. Sin embargo, desde su primer discurso en Madrid a sus 23 años –que dejó a José María Aznar sorprendido- hasta el día de hoy, la guipuzcoana se ha erigido en uno de los puntales de la política vasca. De hecho, la única pega que puso el PSE a su elección como presidenta de la Cámara de Vitoria es que no domina el euskera, aunque ella ha prometido esforzarse: "Trabajaré para ser la presidenta de todos", han titulado la mayor parte de cabeceras tras su “puesta de largo” como presidenta. La sonrisa cómplice que le ha dedicado Patxi López al felicitarla ha simbolizado un buen comienzo.

Es el perfil de tres jóvenes vascos que han triunfado en política, pero aún queda mucho trabajo por delante. Al frente del Gobierno vasco pero bajo la sombra de Patxi López, deberán demostrar que la suya será una labor constructiva. Las urnas darán o quitarán la razón dentro de cuatro a los compañeros de Miguel Ángel Blanco. Al menos, y por primera vez, se encuentran en posición privilegiada para derrotar a sus verdugos, trece años después.
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