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Análisis

Vírgenes y sicarios: los cultos religiosos vinculados al narcotráfico

viernes 10 de abril de 2009, 08:34h
La veneración a la “Santa Muerte” en México o la devoción hacia “María Auxiliadora” en Colombia, si bien son cultos religiosos vinculados al narcotráfico y al sicariato en estos dos países; lo cierto es que ambas figuras cada día suman un gran número de seguidores que, sin ser precisamente delincuentes, van a la búsqueda de sus favores.
El esquelético y pálido rostro de la “Santa Muerte” se eleva en los altares de las prisiones y los barrios más humildes de México, como una imagen tocada por el don de la divinidad. Sus devotos aseguran que su inquietante figura es capaz de escuchar y cumplir sus peticiones, e incluso protegerlos de la misma muerte. No en vano a lo largo de cuatro décadas esta deidad se ha coronado como la principal patrona de los ladrones, las prostitutas, los narcotraficantes y los sicarios mexicanos, como una suerte de amuleto que les resguarda de los riesgos de su propio destino.

Culto a la Santa Muerte


Sin embargo, cada vez son más los mexicanos que abrazan sin complejos el culto a la “Santa Muerte”, el cual,-pese a los tópicos sociales y a los tabúes de la Iglesia Católica-, ha evolucionado como la religión de los más desfavorecidos, debido a que sus seguidores han logrado establecer una profunda conexión con esta especie de virgen descarnada, a la que sienten como suya, porque que sólo demanda una devoción sincera que no diferencia el bien del mal. A ella recurren tanto los fieles que le encienden una vela para pedir por la salud, el amor o la fortuna, como aquellos que se inclinan ante ella, ocultando en la parte baja de la espalda un revólver 9 milímetros.

A pesar de ser uno de los países más católicos de América Latina, las costumbres de las tradiciones pre-hispánicas nunca llegaron a extinguirse por completo en México. La muerte siempre ha cobrado un especial protagonismo dentro de las expresiones culturales mexicanas; de hecho “La Flaca”, como se refieren a ella sus devotos, se remontan la creencias de los mexicas hacia los dioses mictlantecuhtli y Mictecacihuatl, que vendrían siendo el señor y la señora de la región de los muertos: Mictlan. No obstante, se cree que el culto, como se conoce hoy en día, surgió a mediados de los años sesenta en el Estado de Hidalgo. Desde su fundación en 1965 hasta nuestros días, la religión de la “Santísima Muerte” posee alrededor de cinco millones de seguidores.

En Medellín (Colombia) sucede un fenómeno similar pero con una figura estrictamente cristiana, la virgen de la túnica azul y rosa: María Auxiliadora. Esta divinidad, que posee seguidores de ambos sexos y de todas las edades a lo largo y ancho de la geografía latinoamericana, también se ha convertido en el objeto de culto de los narcotraficantes y los sicarios, que recurren a su presencia en busca de protección.

En su obra “La Virgen de los Sicarios”, el escritor Fernando Vallejo desarrolla un relato que retrata la dualidad de los jóvenes sicarios colombianos, quienes a pesar de ser asesinos asueldo, no ocultan su ferviente devoción religiosa por María Auxiliadora, al extremo de invocarse íntegramente a ella antes de ejecutar a sus víctimas.

Maria Auxiliadora


Pablo Escobar Gaviria, el cabecilla del sangriento Cártel de Cali, también fue uno de sus más fieles seguidores. Él a lo largo de su vida, al igual que muchos de sus colegas narcotraficantes, demostró una fe incondicional hacia esta virgen que chocaba su historial delictivo. Todos los martes el que fuera el capo de la droga internacional durante los años setenta, ochenta y principio de los noventa del siglo pasado; iba a la iglesia exclusivamente para rezarle y colocarle velas y sirios a su “patrona”.

No cabe duda que la fe se expresa de diversas maneras. Bien sea a través de la “Santa Muerte” o por medio de la “Virgen de los Mafiosos”, como han apodado algunos colombianos a María Auxiliadora; la devoción religiosa no conoce de reglas. Y es que tanto los “buenos” como los “malos”, tienen derecho de hacerse un lugar dentro del altar.