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Arantza Quiroga, de soslayo

Juan José Solozábal
jueves 30 de abril de 2009, 20:15h
Me ha llamado la atención la insistencia con que se han destacado las opiniones religiosas o morales de la Presidenta del Parlamento Vasco Arantza Quiroga, pasando casi de soslayo por sus méritos, entre ellos el coraje admirable de su testimonio democrático, patente en diversos episodios de su biografía política. En buena parte de los casos tal actitud crítica muestra un animo censoril que considero manifestación de una posición a la vez prejuiciosa e impropia de los hábitos exigibles en una sociedad como la nuestra.

La opción constitucional por un Estado aconfesional, es decir, un sistema político del que no han de esperarse manifestaciones o tomas de posición religiosas, aunque no se excluya la cooperación con las confesiones correspondientes, en primer lugar la Iglesia católica, relega las actitudes religiosas de los políticos, precisamente para resguardar la neutralidad de los órganos públicos que tales políticos integran, al ámbito estricto de su vida privada. Al final lo que está en juego es precisamente la libertad religiosa de los ciudadanos, capaces de moverse sin injerencias del poder. Se pone en riesgo la privacidad absoluta de la vida religiosa si se cuestionan, aplaudiéndolas o censurándolas, las posiciones religiosas de los políticos. De verdad los asuntos religiosos, si no tienen precisamente que ver con la garantía de la libertad en tal ámbito en la vida de los ciudadanos, no son, en propiedad, materia política.

En segundo lugar, la trascendencia pública de las actitudes religiosas o morales de la Sra. Quiroga no sólo es cuestionable desde la perspectiva de la condición laica de una sociedad democrática, sino del resguardo de la vida privada a la que como ciudadana tiene derecho la política vasca. Cierto que estamos hablando de personajes públicos, y que respecto de estos su esfera privada queda reducida. Reducida, pero no suprimida, y merecedora, como la de todos, de consideración y respeto. No puede dejar de resaltarse la irrelevancia en que está cayendo el resguardo de un ámbito privado entre un sector de gentes cada vez numeroso en nuestro país, que sencillamente dejan de disfrutar de oportunidad alguna de retiro a su esfera particular.

En este caso además ocurre que la revelación de determinados aspectos de la vida de la persona aludida, de otro lado perfectamente lícita, constitucionalmente hablando, toda vez que descansa en sus manifestaciones, se ha hecho desde posiciones que no ocultan cierto tono de censura. Esto no se compadece con la tolerancia que frente a conductas quizás diferentes de la nuestra ha de mostrar una mentalidad abierta y comprensiva en la sociedad democrática y plural en que vivimos. En fin, una pena.

Juan José Solozábal

Catedrático

Juan José Solozabal es catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad Autónoma de Madrid.

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