www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Oportunidades perdidas

domingo 03 de mayo de 2009, 15:18h
Nuestros pecados son difíciles de asimilar, pero más aún lo son nuestras omisiones. Hablar de oportunidades perdidas, de palabras que no traspasaron el umbral de nuestros labios, de besos que se quedaron encallados, de pasos que no nos atrevimos a dar… de situaciones que pudieron ser, pero, lamentablemente, no fueron, es más que un tópico. Es una realidad lacerante que nos persigue cada día, en esos ratos muertos en los que, entre realidad y realidad, imaginamos cómo sería nuestra vida, cómo pintaría nuestro futuro, si en el pasado hubiéramos hecho aquello que en aquel momento parecía inadecuado, nos daba miedo, o simplemente dejamos pasar por pura desidia.

Una declaración de amor a tiempo es un salto al vacío que pocos se atreven a realizar. Pero lo cierto es que la vergüenza del posible rechazo no perdura ni la décima parte de lo que persiste en nuestro interior la inquietante pregunta del “qué hubiera pasado si…”.
Un orgullo intacto no sirve de nada cuando tras nuestra coraza implacable se esconde un corazón sin cicatrices, pero también sin recuerdos, ya sean buenos o malos, que dejen constancia de la vida.

Yo he dejado escapar muchas oportunidades. Pero también reconozco habérmela jugado en muchas ocasiones, a ciegas en la mayor parte de ellas. Algunas han salido bien, otras como nunca me hubiera imaginado y muchas, fatal. Me he llevado golpes, me he tenido que tragar mis palabras y mi orgullo ha quedado resentido en algunas ocasiones. Sin embargo, hasta de las situaciones más terribles, que en algunos momentos me parecieron humillantes, equivocadas o vergonzosas sólo me ha quedado un buen recuerdo. Obviamente, no me enorgullezco de las broncas, rechazos o errores que supuso ‘tirarme al agua’. El buen recuerdo reside en lo que aprendí gracias a ellas y, sobre todo, en el orgullo que supone la noción de saber que en todas ellas actué con convicción y valentía. Independientemente del resultado.

Hoy me puedo reír de las calabazas que me dio determinado chico, del ridículo que hice en una situación X o de lo mucho que lloré por haberme equivocado a la hora de tomar una decisión. Pero por lo que siempre lloraré, con o sin lágrimas, será por todas aquellas cosas que nunca llegué hacer. La vergüenza que nunca superaré es la de no haber hecho algo por cobardía y el ridículo que siempre me acompañará será el de saber que a veces me puede más el miedo al ridículo que las ganas de vivir.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)


Normas de uso

Esta es la opinión de los internautas, no de El Imparcial

No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.

La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.

Tu dirección de email no será publicada.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.