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La influenza en México

jueves 07 de mayo de 2009, 22:52h
En semana y media, la crisis pandémica que ha desatado la influenza A/H1N1 (detectada desde 2008 en California, Estados Unidos), y que ha golpeado en rebrote inclemente a México, conlleva sus episodios lamentables, más allá de las muertes registradas en este último país y del impacto tremendo que recibirá por ella, la economía mexicana en 2009. Al leer usted esto, la epidemia parece controlada.

Por principio de cuentas, en pérdidas por exportaciones canceladas y el turismo que no irá a México, se menguarán sus ingresos, estimados en un desplome del 6% del PIB, según cifras conservadoras y un decrecimiento del -4.8%, justo cuando se había sorteado con mediano éxito la galopante crisis mundial. Ya las consecuencias son brutales, mas quisiera detenerme en dos aspectos: cierta dudosa ayuda internacional y la denominación de esta nueva enfermedad.

Cuando en México D.F. se recibió el 30 de abril un avión chino con ayuda humanitaria consistente en cubrebocas y un capital nada despreciable, coadyuvando con el gobierno mexicano en su lucha contra este padecimiento, podía uno pensar en la gratitud al gobierno y al pueblo de China. Al grado de que el presidente Calderón recibió personalmente el cargamento en los hangares presidenciales.

Pero a renglón seguido, tal ayuda fue antecedida por la cancelación de la compra de carne de cerdo a México, seguida de un trato vejatorio, asaz discriminatorio, de los chinos a los turistas mexicanos, tratados como criminales pero sin síntomas de padecimiento alguno, sin examen médico justificante y sin detener a otros ciudadanos de otros países reportados por OMS en condiciones similares a las mexicanas (léase a los estadounidenses), aun viajando en el mismo vuelo a China.

Al mismo tiempo que se cometen estas vejaciones y se impedía la intervención del embajador y los cónsules mexicanos en aquel país, China mostró entonces dos caras. Esos cuidados extremos debieron tenerlos con las delegaciones olímpicas que acudieron a su muy contaminada capital el verano pasado, en tanto minimizaban sus efectos.

Cuán distinta resulta y hay que contrastarla con lo arriba expuesto, la prontitud con la que el embajador de España en México, Don. Carmelo Angulo, ha entregado la ayuda que se ha recibido en México por parte del pueblo y del gobierno de España por instancias de la AECI. Siendo el segundo cargamento en llegar, es como si fuera el primero, pues se valora y se reconoce la disposición y la solidaridad española, de una sola pieza o de una sola cara para decirlo sin ambages, en momentos de emergencia como éste; sorteando incluso el debate creado allí y en todas partes sobre la denominación de esta nueva peste. Hay que decirlo pues, claramente y con toda sinceridad: ¡Gracias, España!

No ha pasado desapercibido que antes de satanizar a nadie ni a país alguno, el sistema sanitario español ha procedió a actuar con sus nacionales, como corresponde bajo las directrices de la OMS. Las palabras solidarias del embajador español, siempre correcto en su proceder, nos recuerdan además, la cercanía entre ambos países y la cooperación recibida antes incluso, que la de otros países hispanoamericanos que optaron por dar un portazo a México, en palabras del periodista Abraham Zabludovsky.

En efecto, en Sudamérica no ha faltado en cambio, la supina ignorancia y el insulto fácil a México y a sus ciudadanos, provenientes incluso de ministros de estado, cuya torpeza y falta de tacto e información son sorprendentes (Chile, Argentina). No salimos del asombro: son posiciones carentes de mesura y fundamento científico, injustificadas tanto en lo médico como en lo diplomático, ignorantes de las directrices de OMS. Los 29 muertos mexicanos no han tenido que oír las vergüenzas proferidas por aquellos. Los que otrora fueron refugiados de ambos países en México y así salvaron sus vidas ayer, quizás hoy estén avergonzados de la conducta de sus conciudadanos.

Por otra parte, llamarla ‘fiebre mexicana’ no me disgusta si esta denominación ayuda a combatirla y si no se acompaña del insulto fácil, la discriminación o las acciones racistas que están padeciendo los mexicanos fuera de México. Si la ignorancia es atrevida, peor lo es la inconsistencia de los argumentos esgrimidos (Aquí distingo y destaco de nuevo el digno papel de España, precavido e informado en el actuar).

El nombre de influenza humana me parece impreciso y el de A/HINI es inmanejable, pero si ponerle ‘influenza mexicana’ dará pie a una patente de corso en contra de ciudadanos mexicanos, es preferible cualquiera de los otros dos nombres. En todo caso, el agravio y el insulto fáciles, cobardes, no revelan sino la ignorancia de quienes los profieren. Parafraseando a una campaña en pro de la atención al SIDA y en contra de discriminar a quienes padecen esta lacerante enfermedad, se decía “El Sida se transmite, la ignorancia también”. No queda sino responder a quienes se les ha hecho fácil cometer los abusos y los insultos a los mexicanos en el exterior por motivo de esta plaga global, que “la influenza humana se transmite, la ignorancia también”. Acaso les quede rectificar, pero el daño está hecho.
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