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México: de la pérdida de la confianza

lunes 18 de mayo de 2009, 20:15h
El problema de la falta de legitimidad atosiga al Poder Ejecutivo y las medidas que ha tomado para subsanarla han resultado contraproducentes. La figura del Presidente es anticlimática y la torpeza de sus principales colaboradores es proverbial. De ahí que el gobierno no haya sabido responder adecuadamente a la adversidad económica y a la crisis sanitaria. Carece de virtud y de fortuna por lo que no extraña que las últimas encuestas electorales otorguen al PRI mayor número de votos para las elecciones de julio.

Primero fue la lucha contra el narcotráfico. El Presidente se disfrazó de militar con una camisola que le venía grande y durante dos años no cesó en su intento de mostrar firmeza. El número de muertos supera los 15 mil (este año más de 2 300); se han gastado sumas enormes y los resultados son magros. En Ciudad Juárez (alrededor de un millón de habitantes) la presencia de 10 mil policías y militares no ha impedido que continúen los asesinatos. Una encuesta de Parametría muestra que alrededor de 40% de la población prefiere la tranquilidad social a la lucha contra el crimen. Ni la gripe detuvo la violencia: 17 asesinatos diarios, en promedio, en dos semanas.

Las evidentes repercusiones de la crisis económica mundial fueron minimizadas por el Secretario de Hacienda a inicios de año: “Es un catarrito para México”, declaró, como ave de mal agüero. Sólo hasta el 7 de mayo reconoció que la economía mexicana se encuentra en recesión. Además de la contracción del 7% en el primer trimestre, la inflación subió 6.7 por ciento.

El problema sanitario puso de manifiesto el deterioro de la infraestructura de los servicios de salud. México gasta un porcentaje menor del PIB que Brasil, Uruguay o Costa Rica. Los institutos nacionales de Higiene y Virología creados en 1956 y 1960 que llegaron a producir el 90% de las vacunas requeridas fueron reducidos por el presidente Zedillo en 1999 a una empresa paraestatal, Birmex, que produce sólo dos de las 12 vacunas del programa básico de salud. El neoliberalismo rampante (los privados son más eficaces) y la corrupción hicieron el resto del trabajo: México no estuvo preparado para enfrentar el brote de influenza.

La mutación del “catarrito” en influenza afectó el turismo a lo que habrá que sumar la disminución del precio del petróleo y de las remesas de trabajadores en Estados Unidos, amén de la caída de los ingresos fiscales. La calificadora Standard & Poor’s consideró que la perspectiva económica pasó de estable a negativa y México corre el riesgo de perder el grado de inversión adquirido en 2005. El pesimismo cunde entre los trabajadores y empleados y aumenta el número de personas que temen una reducción de salario (72%), el despido (74%) o la pérdida de prestaciones (68%). (El Universal del 12 de mayo de 2009).

Para contrarrestar el pesimismo y recobrar credibilidad, el Presidente intenta jugar la carta del nacionalismo: por un lado declaró que México “salvó a la humanidad” y, por otro, fustigó a los países que tomaron medidas sanitarias suspendiendo vuelos a México o aislando viajeros mexicanos, como China. Algunos diarios hablaron de “campaña antimexicana”.

Rafael Segovia, maestro emérito de El Colegio de México, estudioso del nacionalismo, indica que éste, en México, es revolucionario y, al igual que todos, es una ideología de masas. De ahí que el llamado del presidente Calderón haya caído en el vacío. Su partido siempre ha sido contrario a la Revolución mexicana y, además, alejado de las masas, a las que no debe preocuparles que en China aíslen a turistas o que Argentina suspenda sus vuelos a México. A las masas les ocupa más el empleo, el salario y los servicios públicos de salud que la suerte de los que pasean en Oriente.

El provincianismo acendrado de los presidentes Fox y Calderón, su ignorancia y falta de oficio político han logrado demoler, en buena parte, la imagen de México en el mundo, tanto por sus impertinencias como por su mala educación.

A las dudas sobre la legitimidad del presidente Calderón se suma la falta de credibilidad en su capacidad de gobernar. El apoyo tradicional de la Jerarquía eclesiástica al PAN tampoco será muy útil, pues la ausencia del Espíritu Santo se hace sentir: el secretario de la Conferencia Episcopal, Leopoldo González, obispo auxiliar de Guadalajara, declaró que la pederastía de los curas “los hará ver más humanos” y no alejará a los fieles. Sin comentarios.

No en balde, el PAN intentó, sin éxito, posponer la fecha de las próximas elecciones. Ciertamente, no es un buen año para las derechas en México que han perdido la confianza de los electores en el cambio que prometieron.
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