www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

¿Y si un día fuera a España y al hablar nadie me entendiera?

lunes 25 de mayo de 2009, 18:30h
Viajar a España desde Hispanoamérica me da gran confianza, pues sé que con sólo pronunciar una palabra, mi interlocutor me entenderá. Quien más quien menos. Eso sí: parará oreja, estará más atento y detectará mi acento mexicano.

A mí, que simplemente no se me da el inglés ni por casualidad, aun estudiándolo desde chiquito, me tranquiliza mucho pasar por España cuando cruzo el Atlántico, pues sé que con el idioma no tendré problemas. Allí hablan castellano. Nos entenderemos requetebien. Y al contrario, será muy divertido ver las palabras convertidas en chuscas de ambas orillas del Charco.

Sin embargo, a la par que de cuando en cuando oímos en América de distintas medidas en torno a suplantar en ciertas regiones de España la enseñanza del castellano o acerca de la aparentemente ríspida convivencia de ésta con otras lenguas peninsulares u oímos el discurso de quienes consideran que esas otras lenguas deben hablarse por encima o en lugar del castellano mismo, no salimos del asombro que raya en el azoro, mirado el tema a la distancia. Desde ultramar, nos quedamos patidifusos.

Y me pregunto ¿y si esas medidas llegan a tener éxito…dentro de dos generaciones esos españoles ya no hablarán mi lengua, el castellano?

Cierto es que aún no conozco el caso de ningún hispanoamericano que habiendo visitado España, se haya llevado un palmo de narices al encontrase allá en España y que no se dirigieran a él en castellano. Todavía no conozco el caso de quien andando por calles de Cataluña o del País Vasco se sienta de plano extraviado e imposibilitado para comunicarse con sus semejantes, al leer todo en catalán o eusquera, por citar un par de ejemplos, sabiéndose en España, vista como indivisible según la miramos desde América, y a la que desde allí consideramos fundamental que no únicamente, castellanohablante. Pero…¿todo se andará? el tiempo lo dirá.

Mas visto el estado de cosas imperante, uno se pregunta si cuando se establecen medidas en pro de lenguas distintas al castellano y acaso en detrimento de éste y por revancha con Madrid y todo cuánto pudiera representar ¿se está pensando en esas otras 21 capitales castellanohablantes (incluyo a Malabo, Guinea Ecuatorial)? capitales en que la gente a estas alturas del partido, tras de más cinco siglos ni por asomo se va a sentar para empezar a estudiar otra cosa que no sea castellano, si se tratara de comunicarse con los españoles, provenientes de cualquier región de la Madre Patria; damos por sentado que los españoles hablan castellano, amén de otra lengua, reservada para su entorno inmediato.

Tales medidas lingüísticas de suplantación del castellano, justificadas en el discurso incendiario o con argumentos historicistas, claro, ¿no adolecen de cierta cortedad de miras?. Y es que no es sólo que se trate de revanchismo con Madrid, lo que les es visible, sino que deberían mirar más allá en que hay 21 países que hablan castellano, lengua que va en ascenso en su número de sus hablantes. Lo que le pega a Madrid le pega al resto.

Sería un terrible contrasentido histórico que un catalán en América, al no haber recibido formación en castellano (dentro y fuera del aula) tuviera que expresarse en inglés para que lo entendiéramos de este lado del Atlántico. No imagino a un vasco recurriendo al idioma chino para darse a entender en el Nuevo Mundo castellanohablante, en viaje de negocios. Si alguna pujante industria editorial en castellano hemos conocido en México, esa es la enorme y consolidada industria barcelonesa (Salvat, Bruguera y otras casas editoriales).

Cada pueblo puede expresarse y tiene el derecho de hacerlo en la lengua que guste, pero en vez de restar, sumemos. El bilingüismo o el trilingüismo no están de más, antes bien, enriquecen nuestra cultura. De eso a las exclusiones a las mayorías por decreto en aras de preservar minorías, hay un trecho enorme. Se siembra discordia.

Ahora, hay medidas populacheras que siembran la semilla de una torre de babel y de un revanchismo histórico que a nadie beneficia y que nadie necesita. El claro ejemplo lo da el Jefe de Gobierno del Distrito Federal en que se asienta la Ciudad de México. Esa suerte de alcalde es un hombre de origen francés, tanto en su estampa como en su nombre, pero que ha firmado un decreto para que todos los funcionarios de su gobierno empiecen a hablar ¡náhuatl!. Sí, la lengua de los aztecas.

La lengua de los aztecas la habla el dos por ciento de los capitalinos y habemos quienes jamás la hemos hablado. Ni como funcionario si lo fuera ni como ciudadano me planteo siquiera empezar a hablarla. Sale de mi universo y de mi interés. Y soy tan mexicano como el que la habla o siquiera la balbucea. Tiene derecho a existir y yo derecho de no estudiarla. Respetable es que exista y se hable, pero hasta allí. El alcalde olvida tres cosas: los descendientes directos de los antiguos mexicanos no han demostrado que la requieran al dirigirse al gobierno, no se les ha privado en la etapa moderna de su uso (por ende, no son perseguidos por usarla) y quienes nunca la hablaron no pueden ser obligados a hacerlo. Sería otro contrasentido histórico, una media arbitraria (como lo es) y sin sustento científico ni social. Está revestida de tintes electoreros y de rampante ideología pro indigenista, pero sin pies ni cabeza. Sirva esto de espejo y nos sirva de espejo el caso español, para no tomar decisiones erróneas en ambas orillas del charco.

Como sigan las cosas así, acaso el ruso sea nuestra lengua de uso común (creo que Iberoamérica no tiene revanchas con Rusia) en ambas orillas. A usted amigo lector ¿se le ocurre peor disparate colectivo de seguir por estos senderos?
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)


Normas de uso

Esta es la opinión de los internautas, no de El Imparcial

No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.

La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.

Tu dirección de email no será publicada.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.