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En el epicentro del arte belga

"Esto no es un museo": Bruselas inaugura el [i]Musée Magritte Museum[/i]

sábado 30 de mayo de 2009, 00:29h
Tras muchos años recluidos entre las paredes de la vieja Casa Museo Magritte de la calle Esseghem en Bruselas, las obras, cartas y objetos personales del artista belga más internacional podrán ser admirados en un marco de lujo, el “Musée Magritte Museum”, en pleno corazón de la capital belga.
El próximo martes la inmensa tela de lona, inspirada en el famoso cuadro de René Magritte (1898-1967) El imperio de las luces que cubre el emblemático Hotel Altenloh, ubicado en la Plaza Real -epicentro del arte belga-, será retirada para dejar al descubierto el Musée Magritte Museum, el primer centro dedicado en exclusiva a uno de los artistas más importantes del siglo XX.

Con más de 2.500 metros cuadrados repartidos en cinco niveles, el Musée Magritte Museum representa a la perfección la inigualable riqueza creativa del pintor surrealista. Esta muestra permanente acoge doscientas cincuenta obras del artista, entre las que destaca El imperio de las luces (1954), imagen que se ha sido el estandarte del museo durante su rehabilitación.

El Retorno (1948) y Sherezade (1948) también forman parte de la colección, así como una amplia gama de pinturas, dibujos, guaches, fotografías, esculturas, películas de cine y diversos objetos que realizan un completo recorrido por todos los periodos de la vida del artista.

El trabajo de Magritte evolucionó con los hechos históricos más relevantes del siglo, así, los trabajos del artista están distribuidos por orden cronológico empezando por el piso superior del edificio. De este modo, la exposición, diseñada por Winston Spriet, escenógrafo del museo y especialista en el universo de Magritte, facilita un itinerario que permite a las obras reafirmarse por si mismas.

La visita comienza en el tercer piso donde se encuentran los primeros cuadros de Magritte y donde se pueden contemplar algunas obras maestras como El matrimonio de medianoche.

En el segundo nivel se concentran los temas menos conocidos, su coqueteo con el mundo de la publicidad, la guerra y el comunismo. Por último, en el primer piso se presentan sus grandes obras maestras, entre ellas destacan El imperio de la luz, La búsqueda de la verdad, La página blanca y El dominio de Arnheim.

Magritte, el gran ilusionista del arte
Pintor, ilustrador, grabador, escultor, fotógrafo y cineasta, René Magritte, fue uno de los artitas más destacados del movimiento surrealista y el pintor belga más importante de todos los tiempos.



“Hoy en día, Magritte es un pintor fundamental, al igual que todos lo surrealistas. Pero él lo es de una manera especial, ya que nunca abandonó la figuración, nunca se convirtió en un pintor abstracto”, asegura Yayo Aznar, profesora de Historia del Arte de la Uned, a EL IMPARCIAL.

En su obra, sus escritos, sus entrevistas, sus fotografías y su correspondencia, creó un mundo en el que se percibe una ilusión. Magritte construye “la realidad”, su realidad.

Con esta forma de representar lo cotidiano, el artista presenta de manera muy sutil vías de profundización en el inconsciente. “Los surrealistas dan mucha importancia al inconsciente, todos ellos están muy cercanos a Freud o a Jung, creen que el mundo de los sueños es un reflejo del ser humano. Lo que pinta Magritte es una iconografía onírica, una iconografía de los sueños”, explica la profesora Aznar.





Esta iconografía era una obsesión para el pintor. En toda su obra el artista se centra en la representación de objetos como manzanas, pájaros, huevos y típicos hombres burgueses ataviados con traje oscuro y bombín, de manera reiterada. Las obras como El mes de la vendimia o El maestro de escuela son un claro ejemplo de esta iconografía.

Magritte, el pintor poeta
“Creo que el mejor título para un cuadro es un título poético… que sea compatible con las emociones más o menos intensas que sentimos al contemplar un cuadro. Un título poético no tiene que comunicarnos nada, sino sorprendernos y maravillarnos”, afirmó en una ocasión René Magritte.

La idea central de René Magritte era que la pintura debe ser poesía y que la poesía evoca el misterio. La totalidad de la obra del pintor está marcada por el intento de evocar, y no revelar, ese misterio. Las claves del misterio están en la imaginación y en aquello que la alimenta, que abarca tanto la memoria como los recuerdos. El artista puede sacar provecho de la ambigüedad provocada por esa mezcla de sueño tomado de la realidad y de la realidad tomada del sueño.

La forma en que fueron inventados los títulos de los cuadros de Magritte constituye un ejemplo claro de su versatilidad, que se manifiesta entre la imagen tal y como es y la definición, muy relativa, que su título puede aportar.

En su obra, Magritte presenta de manera reiterada pistas encubiertas de tal forma que la imagen conserva su capacidad de sorpresa para transformar la evidencia en misterio.

“En los cuadros de Magritte una cosa en lo que el espectador ve y otra muy distinta es lo que dice el título. Cuando asegura que ‘esto no es una pipa’, el observador tiene que pararse a pensar que, efectivamente, lo que está viendo no es una pipa, es un dibujo”, afirma Yayo Aznar.

A partir de esta concepción, Magritte abre las puertas a las teorías post-estructuralistas de Foucault que se preocupaban de cómo la palabra podía romper la representación y la imagen.

A través del análisis de la palabra y las imágenes, cuya poética indisociable de carga sigue siendo una inspiración revolucionaria y transgresora, Magritte subrayó el nuevo estado del objeto. De este modo, el artista belga se anticipa a los movimientos artísticos contemporáneos como el Pop Art o el arte conceptual, aunque éste renegase de toda paternidad e influencia sobre estos movimientos.
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