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Una caña con Guardiola

domingo 31 de mayo de 2009, 14:07h
Querido Pep,

sí, sé que no soy demasiado original. Que, a pesar de rumores maledicentes que ponen en duda tu virilidad y condición sexual, habrás recibido miles de cartas de este tipo a lo largo de tu carrera deportiva. Pero me voy a arriesgar a ser cansina, tópica y repetitiva para decirte que me alegro muchísimo de que el Barcelona haya conseguido este año hacerse con los tres grandes títulos. Te voy a ser sincera y te diré que mi único acercamiento al mundo del fútbol lo tuve entre mis 12 y 15 años, cuando me hice culé acérrima por amor incondicional a ti–sí, reconozco sin sonrojo que para algunas cosas soy así de básica-. Tan loca de amor estaba que me aprendí de memoria la alineación de aquel Dream Team de Cruyff e incluso, gracias a la mediación de un amigo de mi familia, conseguí pasar una tarde en compañía de Stoichkov en el hotel de concentración del Barcelona en una ocasión que jugó en San Sebastián. Todos los jugadores de la plantilla me firmaron un balón de fútbol que ahora anda perdido en algún rincón del mundo, excepto tú, que estabas desaparecido, según me dijeron, hablando con tu novia.

Como ves, aparte de ese paréntesis, mi relación con el fútbol es bastante escasa. Sin embargo, reconozco que las finales, sean del tipo que sean, siempre me emocionan. No puedo evitar sentir una sincera alegría cuando veo las caras de pasmo y emoción de un grupo de personas que gracias a su esfuerzo, trabajo y sacrificio en equipo logran alcanzar su objetivo. Me emociona lo mismo si quien logra la gesta ha sido el Villareal o el Madrid. Me reconforta porque ver que el esfuerzo se recompensa, que los sueños se pueden lograr , me devuelve la esperanza en la Justicia cósmica. Gozar de la felicidad intensa de quien se sabe dueño y merecedor del triunfo con mayúsculas, aunque sea como espectadora, me infunde confianza y paz espiritual, cuando lo normal es que asistamos al éxito absurdo, efímero y tramposo de los miles de personajes y personajillos que cada día encumbramos en ese podio de la nada de la posmodernidad que llamamos “ojo público”.
En esta ocasión la victoria en la Champions, la Liga y la Copa del Rey los he vivido con especial emoción. Sí, lo reconozco, una de las razones es que me sigues pareciendo uno de los hombres más guapos y elegantes de España, pero hay más Me he alegrado por cada una de tus victorias de esta temporada no sólo porque creo que personas como tú (y la mayor parte de tu equipo), comedidas, serias, leales, trabajadoras y educadas, se merecen cualquier éxito, sino que además considero que , por el bien social, éstos deben ser visibles. Porque hoy en día, lo que se ve en los medios y se acaba transmitiendo a la sociedad es esa idea odiosa de que aquí sólo triunfa de verdad el listillo, el agresivo, el polémico… La televisión está llena de “profesionales de la información” que defienden el alcahuetismo más pestilente llamándolo periodismo, de personas que confunden la sinceridad y una personalidad fuerte con la peor educación y la soberbia absurda del acomplejado. Los defectos se convierten en cualidades y el resultado acaba siendo que la gente seria es considerada borde y aburrida (por no participar en el circo); la educada , falsa por “no decir las cosas a la cara” (solo las peores y más hirientes, por supuesto); y la ilustrada o culta, soberbia y frikie. Por el contrario, se confunde la agresividad chabacana con valentía, el paletismo sonrojante con espontaneidad o la mentira y el engaño con manifestaciones de inteligencia. Ésos son nuestros ejemplos de personas con éxito, los modelos a imitar.

Por eso me reconforta verte en la televisión, escucharte hablar con mesura y tranquilidad en cada una de tus intervenciones, sobre lo que te toca, sin meterte en más jardines ni buscar la polémica absurda. Porque pareces una de esas personas con las que se podría disfrutar de una caña relajada y agradable, y eso, créeme, no abunda en el “ojo mediático”. Me alegro muchísimo por tus triunfos, pero casi aún más por el enorme favor que hace a la sociedad la visibilidad de gente como tú. De gente normal. Enhorabuena.
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