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Un discurso no tan histórico

miércoles 25 de junio de 2014, 17:32h
“Histórico” es un adjetivo tan reiteradamente manoseado, tan abusivamente utilizado que ha llegado a perder cualquier sentido. Pocas veces se le usa de acuerdo con la pertinente acepción del DRAE: “Digno, por la transcendencia que se le atribuye, de figurar en la historia”. Y así vemos que llaman “histórico” a un cierto terrorista, simplemente porque lleva mucho tiempo asesinando; o a un veterano futbolista con muchas temporadas a sus espaldas o, mejor dicho, en sus pantorrillas. Casi siempre, además, ese uso supone una pretensión abusiva porque los contemporáneos del evento tienen una irrefrenable tendencia a considerar históricos los hechos que han vivido y a veces etiquetan así, pretenciosamente, a acontecimientos que se olvidan a los pocos meses o años. Solo eso que suele llamarse “la posteridad” está en condiciones de calificar a algo como histórico y así y todo “cada posteridad” se arroga siempre el derecho a releer la historia y hacer su propio catálogo de los hechos que considera históricos.

Viene esta reflexión a cuento por el discurso a los pueblos islámicos pronunciado por Obama el pasado jueves en El Cairo que, con rara unanimidad, ha sido acogido como “histórico”, en mi opinión, un tanto abusivamente. Aparte de que no deja de ser un tanto irónico que se asigne ese adjetivo a un texto basado en crasos errores históricos. Y no lo digo solo por sus garrafales referencias al supuestamente tolerante islam español y a su “contemporánea” Inquisición sino por la visión casi angélica que da del islam que, como enseña cualquier manual de historia no manipulado, se extendió en menos de ocho décadas del Asia central al Atlántico, a golpe de cimitarra. Todo un prodigio de esa no-violencia, que ponderaba Obama el otro día. O porque afirma algo tan increíble (aunque debe reconocerse que no es el primero) como que en el islam está el origen del Renacimiento y de la Ilustración… ¿Qué les pasó a los musulmanes para que nos transmitieran esos tesoros de sabiduría, arte y tolerancia sin que ellos se beneficiaran de esas riquezas culturales? Según esa tesis, gracias a los musulmanes habríamos podido dar el salto a todo lo que significa la Edad Moderna…pero ellos se habrían quedado en la Edad Media, como extraños capitanes Araña. Obama necesita estudiar historia europea, no menos que sus “speechwriters”, incluido ese joven Ben Rhodes, al que se atribuye su redacción. Manejan bien el lenguaje de la propaganda en la línea de lo que ahora se llama “comunicación política posmoderna”, pero su contenido sería desechado en cualquier universidad seria, “bolonizada” o no, incluidas por supuesto, las grandes universidades norteamericanas Solo como guionistas de Hollywood, donde el rigor histórico no cuenta, podrían tener aceptación, tales asesores presidenciales.

Se puede salvar, por lo tanto, el envoltorio pues tanto por su semántica como por las circunstancias que han rodeado el acto y, sobre todo, por la manera como lo ha (re)presentado el protagonista merece, sin duda, la atención que ha suscitado. Aun sin llegar a afirmar, como ha escrito algún comentarista, que el éxito de Obama entre los musulmanes se debe a que su segundo nombre es “Hussein” y a que hay o ha habido personas de esa religión een su familia. Pero si entramos en su contenido político las novedades son más bien escasas. La afirmación de que los EE UU no están en guerra contra el islam ya la habían hecho no solo Bush padre y Clinton, sino el propio Bush “el malo”, claro que todo lo que decía este no importaba. El problema fundamental que preocupa tanto a los musulmanes como a los americanos –y a todos los occidentales- es el palestino-israelí y los principios avanzados por Obama: dos Estados, (lo que incluye el reconocimiento de la legitimidad del Estado de Israel y no a más asentamientos, tampoco son originales pues ya habían sido anticipados por las anteriores administraciones americanas. Muy suavemente Obama ha hablado también –y tampoco es nada nuevo- de democracia, derechos humanos, igualdad de la mujer y libertad religiosa, lo que no deja de ser curioso pues los Estados árabes que ha visitado, Arabia Saudí y Egipto no están por la labor en ese terreno. Todo ello nos llevaría a una inmediata conclusión: ¿De qué servirá ese new beginning, ese nuevo comienzo de las relaciones entre EE UU y el mundo musulmán si en este mundo no hay una respuesta adecuada?

Al final, Obama se encuentra con los musulmanes como con Cuba: un despliegue enorme de buena voluntad que exige, como él mismo les advirtió a los cubanos, algunos gestos por la otra parte. Con los musulmanes ha querido ser especialmente cuidadoso, como muestran sus reiteradas referencias al Corán. Queda en el aire, vaga y tácitamente, la idea de que de son los EE UU los que tienen que cambiar y hacer toda la tarea y puede quedar también la falsa impresión de no hay más culpables que ellos. Sería un mal comienzo que haría muy difícil la política exterior de Washington en esa parte del mundo. Por cierto que eso que se llama la “calle árabe” –que piensa de un modo bastante diferente a sus gobernantes- ya ha dicho que las palabras están bien pero que habrá que ver los hechos. No les falta razón: Solo añadiríamos que los hechos de todas las partes, no solo los de Washington. Obama ha hablado con tanto tacto que ni ha mencionado la palabra “terroristas” y ha preferido usar el más suave término “extremistas”: Parecido a los que, por aquí, para no ofender hablan de “violentos”. Eso tiene mucho de apaciguamiento, una actitud desde la que nunca se ha arreglado ningún problema internacional.
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