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Zapatero, el osado ignorante

lunes 06 de julio de 2009, 22:06h
José Luis Rodríguez Zapatero no respeta el conocimiento científico y técnico y es por eso el peor ejemplo que puede tener un joven a la hora de sacrificarse y dedicar su tiempo al aprendizaje. Su soberbia, lejos de llevarle a reconocer su falta de preparación, le conduce a sobrevalorar el poder político por encima de la ciencia y la técnica. El buen político sabe ponderar el conocimiento técnico para tomar la decisión política adecuada. Zapatero esconde su ignorancia retratándola con decretos en el Boletín Oficial del Estado.

El “Síndrome de César” que padece, desde antes de entrar en el Palacio de la Moncloa, está adquiriendo, declaración tras declaración, dimensiones planetarias. Su inmenso ego le lleva a exhibir su ignorancia con el atrevimiento que tan bien retrata el sabio refranero español.

Todas estas disquisiciones sobre la ignorancia presidencial y su exhibicionismo público están perfectamente documentadas en las hemerotecas. El incremento de declaraciones de Zapatero, basadas solamente en su ignorancia, demuestra una vez más que las segundas legislaturas agudizan el sufrimiento presidencial del “Síndrome de Cesar”, rebautizado en España como “Síndrome de la Moncloa”.

Respecto a la economía ya demostró su ignorancia antes de ser Presidente. Queda para los anales el momento en el que habló de presupuestos expansivos cuando se refería a restrictivos y a su pretensión de solventar su desconocimiento con dos tardes de explicación. Todo un estímulo para los licenciados que tienen que dedicar cinco años a estudiar lo que Zapatero puede aprender en dos tardes. Eso sí, el resultado de las dos supuestas tardes es la tardía detección de nuestra profunda y coyuntural además de sistémica crisis, la incorporación de artilugios contables para enmascarar los más de cuatro millones de parados y una deuda nacional, es decir de todos los españoles, que ninguna burbuja, ni boom inmobiliario, va a poder pagar en menos de cincuenta de años.

Inverosímil retrato de hasta dónde puede llegar la ignorancia, cuando no la estupidez, es la declaración de Zapatero en El País Semanal (número 1.709) cuando asevera: “Una de las experiencias que no imaginaba que viviría como Presidente del Gobierno es convertirme en ingeniero de obras. Cuando tuvimos el lío del AVE a Barcelona, en el que a una constructora se le hunde un túnel, todo acabó en mi despacho, encima de mi mesa. Aprendí cuáles eran los métodos de sellado de los túneles, qué había fallado… Al final decidí entre dos opciones de dos constructoras diferentes sobre cómo arreglar aquello.” Obviamente como reconoce el sub o inconsciente de Zapatero “fueron dos o tres días en los que tuve que decidir, …”. César remata la declaración con “…pero cuando se monta un lío, ni técnicos ni nada”. ¿Cabe mayor ignorancia sobre el cálculo de estructuras, resistencia de materiales, …? ¿Es posible mayor arrogancia? No sé cómo todavía queda un alumno en las escuelas de ingeniería cuando se puede llegar al título en “dos o tres días”.

Zapatero es único para convertir en norma lo que algunos analistas podrían considerar una excepción. Así este domingo Zapatero, ante esas parroquias que sólo los partidos consiguen montar para arropar a sus mesías, ha utilizado el Boletín Oficial del Estado para justificar su decisión sobre Garoña: “Hay un déficit en la legislación que hay que reformar”. Otra vez Zapatero y su poder: “sin interpretar el poder de los poderosos, en el Gobierno que presido la autonomía en la decisión es absoluta. Nada ni nadie va a afectar el cumplimiento del programa electoral y a lo que es la decisión del Presidente del Gobierno. Y eso quedó demostrado desde el primer día que tomé posesión en 2004”. ¿Para qué sirven los informes de los organismos técnicos independientes? ¿Cómo la técnica y la ciencia con sus lógicas y probadas verdades van a afectar la decisión de Zapatero? ¿Qué es eso de los ”poderosos” en tono despectivo cuando el máximo poder lo ostenta él? Es normal que, como publicó el ABC, Cristina Garmendia, la Ministra de este Gobierno más preparada técnica y científicamente, haya caído en desgracia.

Zapatero se agarra a su realidad, “el programa”, para justificar su despotismo desilustrado. Si de verdad le preocupara su programa no habría negociado con ETA durante toda la legislatura pasada, no estaría reformando la Ley del aborto, ni existiría el Ministerio de Igualdad.

El drama de los españoles es que tenemos un Presidente cuyo nivel de conocimientos es de primer párrafo de wikipedia. Y él no quiere darse cuenta.
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