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EL ASESINATO DE MICHAEL JACKSON

lunes 13 de julio de 2009, 13:29h
     Se dijo de Marilyn Monroe: un político despechado pagó su “suicidio”. Se dijo de James Dean: sabía cosas que podían comprometer a quien ordenó su muerte. Se dijo de Elvis: había ofendido gravemente a quien quería vengarse. Se dijo de la princesa de Gales: los ultralegitimistas británicos no querían que se quedara embarazada de un musulmán.



     En estos cuatro casos lo probable es que el suicidio, la enfermedad o el accidente sean la verdad. Pero a la gente novelera le encanta dejar volar la imaginación. Así lo pensé yo cuando empezaron a dispararse los rumores de que Michael Jackson fue asesinado. Una fabulación más sobre un personaje histéricamente famoso.



     Las declaraciones de la hermana del cantante, Latoya, que es una mujer inteligente, nada vulgar y con éxitos colmados, abren en este caso un interrogante que sólo la Justicia o algún medio de comunicación audaz pueden desvelar. “Sabían que valía más muerto que vivo”, ha declarado Latoya, que, incluso, ha llegado a afirmar que conoce la identidad del asesino. Vivo, Michael Jackson debía dedicarse a pagar deudas. Muerto, las disparadas ventas de sus discos han desencadenado un nuevo río copioso de ganancias.



     Está claro que Latoya Jackson cree no mentir. Piensa lo que dice y tiene motivos para saber. Tal vez todo se quede en elucubraciones. Pero la Justicia está obligada a investigar a fondo sobre la muerte de este cantante pop al que enterraron como a un faraón, cobijado en un féretro de bronce y oro, como si Tutankamon se hubiera reencarnado en su cuerpo.
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