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Un desastre a gran escala

Cuando ya pensábamos que las restricciones de flujos financieros iban a tener algún aspecto positivo, amenaza con retomarse cierta locura a la que las dificultades económicas no parecen querer hundir. Me refiero al macroproyecto que el destino le ha regalado a la localidad aragonesa de Ontiñena, al cual me temo no saber cómo definir: ¿complejo turístico? ¿infierno del ocio? ¿producto de un encuentro fatal entre Disneylandia y Las Vegas? El proyecto Gran Scala (32 casinos, 70 hoteles, 5 parques temáticos) promete traer 25 millones de turistas al año a Los Monegros. La ley a medida que permite más de un casino por provincia ya ha sido aprobada por las cortes de Aragón.

Desde que en los años sesenta despegase el turismo en España, la etiqueta impuesta no hace más que fundirse sobre nuestras tierras. Primero los rascacielos a pie de playa, luego las colonias endogámicas que sólo necesitan el sol y la playa, finalmente las orgías de británicos en las ciudades sin ley del Mediterráneo... y ahora esto. La globalización quiere especializar este país en torno a un sólo sector, el cual, dicho sea de paso, es bastante frágil. El ocio de plástico, la sociedad del espectáculo, los recintos artificiales, éso es lo que se lleva ahora. Hemos pasado de la pandereta al circo.

Más aún, insisto en que Gran Scala es un concepto difícil de entender. ¿Dejarán los padres a sus hijos entretenidos en las atracciones para irse a soñar con hacerse ricos? ¿Atraerá a los solterones de Europa que busquen alternativas a la resaca mediterránea? ¿Habrá viajes de fin de curso entremezclándose con despedidas de soltero y familias llenas de ilusión? A riesgo de parecer idiota, no comprendo muy bien el tipo de gente que piensan atraer. A menos que vayan a llenar los Monegros de bingos (lo cual no sería mala idea si pensamos en los beneficios), no me creo que Gran Scala vaya a estar libre de pecado. ¿Promulgarán más leyes a medida o simplemente harán la vista gorda para que la trata de blancas y el narcotráfico sigan sus leyes (de mercado) naturales? El vicio llama al vicio, el derroche llama al derroche. Quizás Hollywood me haya llenado la cabeza de tonterías, pero no puedo imaginar 32 casinos “limpios” de esta oferta.

Soy testigo presencial de que para disfrutar tanto de Aragón como de muchas partes de España no hace falta construir parques de atracciones ni complejos turísticos, y menos aún monstruosidades megalómanas como esta. Pero claro, nos enfrentamos al típico proyecto que promete un mal llamado “desarrollo regional”, además de puestos de trabajo en gran cantidad, pero de calidad dudosa. Todo ello remite a un modelo de progreso caracterizado por ser único, global, e impuesto.

Y es que a razón de 9000 euros la hectárea el soborno hace la boca agua, y cualquiera le dice que no a los señores inversores, que desde sus casas juegan al Monopoly con un mapamundi.
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