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Los nulovotantes

jueves 16 de julio de 2009, 19:32h
Anular no es la solución. Las elecciones legislativas de 2009 en México han sido una campaña insistente en pro de que los electores mexicanos anularan su voto en la reciente jornada electoral del pasado 5 de julio.

Han logrado un número tal anulando los votos que, sumados, son la sexta fuerza política. Empero, quien anula se anula. Lo hace toda vez que las reglas democráticas invitan a expresar el sentir ciudadano en el marco de las ofertas políticas (y legales) existentes. Pueden o no ser las mejores ofertas, pero entonces han de construirse nuevos modelos de rendición de cuentas y controles del ejercicio del poder que obliguen al servidor público a cumplir propuestas y reglas democráticas. Ello a punta de votos efectivos que nivelen y modulen el alcance del poder de los actores políticos en juego.

El nulovotante, como denominaremos a quien decide conscientemente anular su voto, esgrime el argumento de que las opciones que le muestra la papeleta no le satisfacen ni le representan, que está harto de la clase política y que es su derecho el anular su voto.

Si bien en principio son incontestables tales argumentos, no menos cierto es que quien anula, se anula. Ello al tenor de las siguientes consideraciones:

a) El voto efectivo es la expresión más genuina de la democracia, manifiesta la voluntad y el pensamiento de quien lo emite y decide el rumbo de los temas públicos, es decir, de todo aquello que nos importa y nos concierne a todos.

b) Siendo el voto efectivo la expresión más genuina y legalmente reconocida para expresar un sentir y decidir ese rumbo, callarlo anulándolo cancela todo diálogo y toda expresión eficaz de quien procede de esa manera.

c) Siendo el voto efectivo una expresión legítima de los miembros de una comunidad, sirve para frenar ímpetus y excesos de la clase gobernante. Ya sea votando por el contrario o castigando de manera efectiva un ejercicio o un desempeño público inconveniente o inoperante. Callar anulando es permitir que impunemente prosiga aquello que como ciudadanos libres, nos desagrada. Y suponer o atribuir efectos legales a un voto masivo nulo, es conceder que quienes no se expresan abierta y claramente, decidan por todos.

Por lo anterior, anular y encima festejarlo como un triunfo, raya en la inconsistencia del pensamiento crítico y además, nada expresa en pro del cambio urgente y sin duda necesario al que se aspira. No suma en favor de ninguna opción y tampoco propone nada a cambio de lo que hay, que refuerce o enriquezca el panorama político con el cual se cuenta y al que no se aprecia.

Sesudos analistas se dan ánimos promoviendo la peregrina idea de que el voto nulo envía mensajes a la clase política. Eso es al gusto del público y que cada quien lea lo que le plazca, que al final no hay ningún mensaje, sino papeletas nulas. Se creen los nulovotantes que envían un mensaje de hartazgo a la clase política, la cual tomará nota y cambiará. Eso es pedirle peras al olmo. La solución siempre será el voto efectivo, el que claramente marca un rumbo cierto. Lo demás son interpretaciones subjetivas al gusto de cada quien.
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