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crítica

[i]Asalto al tren Pelham 1 2 3[/i]: más acción y espectacularidad en la nueva versión

sábado 25 de julio de 2009, 21:22h
Si la pasada semana llegaba a la cartelera el remake de un clásico del cine negro norteamericano de los años 50, este viernes la nueva versión que se presenta en nuestros cines es la de un título muy conocido del cine de acción de la década de los 70. En realidad, Asalto al tren Pelham 1 2 3 comenzó siendo un best seller escrito por John Godoy que fue adaptado por primera vez al cine en 1974, con unos protagonistas de la talla de Walter Matthau y Robert Shaw. Y aunque para el remake, el director Tony Scott ha acertado eligiendo a experimentados y carismáticos actores como Denzel Washington y John Travolta, tampoco en esta ocasión la moderna película supera a su predecesora.
Para quien no tenga demasiado presente la primera versión del conocido filme, que esta misma semana ha podido verse en televisión, pero, sobre todo, para quien no sea un declarado fan de la cinta de 1974, la nueva resultará, seguramente, una película de acción más, en la que se miden las personalidades del bueno y del malo, interpretados por los dos grandes actores, que, sin embargo y por desgracia, no ofrecen unas interpretaciones del nivel al que nos tienen acostumbrados.

En todo caso, es cierto que esta nueva adaptación de la novela de John Godoy es muy distinta de su antecesora. No hay en ella, por ejemplo, el aroma de comicidad que impregnaba de lleno a la cinta de los años 70. Y no sólo porque se echa en falta al genial Walter Matthau, sino también porque no hay nada de esa original chispa que ha hecho de la primera todo un clásico de la ironía más fina y que caracteriza no sólo a los personajes, a muchos de los cuáles se ridiculiza hasta el límite, sino también a la propia acción.

El nuevo filme apuesta más bien por introducir elementos propios de nuestra época: espectacularidad y, sobre todo, violencia, mucha más violencia. Los malos ya no sólo buscan hacerse con el dinero del rescate que exigen por liberar a los rehenes secuestrados en un vagón del metro de Nueva York. Si los ladrones de 1974 querían evitar la sangre que no fuera estrictamente necesaria, a los de hoy parece importarles muy poco las bajas colaterales que su acción vaya a provocar.

Y como no podía ser de otra forma, el cambio más radical a la hora de comparar la sicodélica versión protagonizada por Matthau con la que se acaba de estrenar viene por la introducción de las nuevas tecnologías que hoy lo invaden todo. Por eso, el secuestro enseguida llega a la red y de ahí a las cadenas de televisión para que pueda ser presenciado en tiempo real por este mundo globalizado nuestro. Y de paso, criticar a los considerados verdaderamente malos en estos tiempos de crisis, de modo que el jefe de la banda interpretado por un inusualmente contenido John Travolta, llega directamente del mundo de Wall Street y su planeado rescate se mide en las cotizaciones no sólo de lo que él estima que vale cada una de las vidas de los rehenes, sino también en las de la propia Bolsa.
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