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El Derecho Penal no resuelve los problemas sociales, económicos y políticos

Juan Federico Arriola
domingo 26 de julio de 2009, 18:24h
"El Derecho penal es la superestructura represiva de una determinada estructura socio-econòmica y que poco puede hacerse por mejorar el Derecho Penal, si no se modifica, al mismo tiempo, el actual sistema econòmico que lo condiciona." Francisco Muñoz Conde (Prólogo al libro Cuestiones penales y criminológicas de Antonio Beristain, S.J.)

San Sebastiàn, España. Agradezco la hospitalidad que me han dado los doctores Antonio Beristain y José Luis de la Cuesta, fundador y actual director del Instituto Vasco de Criminologìa para continuar mi investigación sobre criminalidad organizada, que en el caso de Mèxico ha sacudido a las estructuras polìticas de los cuatro niveles: Federaciòn, Distrito Federal, Estados y Municipios.

El Estado mexicano en su conjunto decidiò desde hace màs de una década endurecer las leyes penales, militarizar a los cuerpos policìacos federales, y no sòlo eso, reformar la Constituciòn en 2008 para incorporar una horrible figura jurìdica: el arraigo. El arraigo vulnera el principio de presunciòn de inocencia e implicitamente es un reconocimiento de que el Estado ante su incapacidad de hacer investigaciones penales de fondo, requiere de plazos hasta de 80 dìas para verificar si una persona es delincuente organizado o no.

En tiempos de la revoluciòn mexicana, primero mataban y despuès averiguaban. Cien años despuès hemos tenido alguna evoluciòn, ahora primero arraigan y despuès averiguan con el pretexto de que una persona sospechosa no se sustraiga a la acciòn de la justicia.

El Derecho penal no puede resolver los problemas econòmicos, sociales y polìticos de fondo. El Derecho penal no puede resolver por sì mismo la impunidad, la injusticia econòmica propia de los monopolios, no puede resolver la incapacidad de los gobiernos,
pero sì puede ser un excelente instrumento de represión en contra de los críticos y de los opositores.

En México está claro, la reacción del Estado mexicano no ha servido de mucho, porque todavìa hay importantes agentes en gobiernos locales que presuntamente han colaborado con delincuentes organizados y no sòlo estàn libres, siguen actuando al margen de la ley y con presupuestos importantes. Alguno està señalado como protector de pederastas, otro que ha colaborado con tal cartel del narcotràfico, otro con un bando rival, otro un franco represor de comunidades indìgenas y no pasa nada.

Tiene razòn Josè Luis de la Cuesta cuando señaló en el Diario Vasco el 23 de mayo pasado: "no nos engañemos, la delincuencia cero no existe en ningùn lugar.

Eso es verdad, el problema no es la delincuencia inicial, es la persistente, la que se alimenta de impunidad y corrupciòn. Problemas tan complejos que no se corrigen con el endurecimiento de las leyes penales y con el ejèrcito en las carreteras y calles.

Hay otras soluciones, pero si no hay voluntad de los gobernantes, legisladores y jueces para cambiar las estructuras de injusticia social, econòmica y polìtica, nada se puede hacer.

Juan Federico Arriola

Profesor de Derecho

Profesor de Derechos Humanos en la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México.

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