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Una tarde en la Ortega

Juan José Solozábal
jueves 30 de julio de 2009, 15:23h
Nadie se atrevería a reconocerlo, pero en Julio Madrid languidece y la gente acaba por marcharse, desapareciendo un tanto inadvertidamente. Antes de hacer lo propio acudo encantado a la Fundación Ortega a la presentación del libro Vertebrando España. El Estado autonómico editado por Biblioteca Nueva y del que es autor principal Jordi Sevilla. Correspondo en este caso a la cordialidad bien conocida de las gentes mediterráneas, a quienes ha de extrañar seguramente la adustez con que a veces nos desempeñamos especialmente en Madrid los que pertenecemos a la otra España, más, y no solo en el sentido climático, seca. Acompaño en la presentación, precedido por la introducción, tan medida y oportuna como siempre, de nuestro anfitrión Jesús Sánchez Lambás, al ministro Francisco Caamaño, dilecto colega con cuya brillantez y conocimiento siempre es un riesgo disputar.

Me complace intervenir en esta reunión en la Fundación por otra razón. Ortega es el autor citado con más frecuencia en este libro. Jordi Sevilla comparte conmigo la admiración por Ortega. He dicho muchas veces que uno de los aciertos de nuestra Constitución, en particular cuando determina la organización territorial, es su capacidad de conectar con lo mejor que el pensamiento español había sido capaz de producir sobre el problema regional. Durante algún tiempo hemos podido pensar que en el diseño del sistema autonómico era más interesante la justificación identitaria de Azaña, de manera que el Estado integral sería la solución institucional a los problemas nacionalistas de España, especialmente en lo que se refería al acomodo de Cataluña. A ello le llevaba una visión política, en caliente, de los problemas del Estado, y una deformación historicista de su tratamiento, de manera que en la ordenación regional fuese importante el peso de la consideración de las razones históricas.

Ortega tenía una visión más fría del problema, más moderada y realista. Pero , en asombrosa sintonía con lo que se estaba haciendo en el Derecho Constitucional de la época, y prescindiendo de sus consideraciones acertadísimas sobre la irrenunciabilidad de la soberanía y otras tal vez no tan afortunadas sobre la forma federal cuyo nombre detestaba, realizó dos aportaciones decisivas a la reflexión sobre la forma territorial que Sevilla y yo compartimos plenamente: justificó la descentralización con argumentos racionales, como maximización de la democracia, como su profundización, permitiendo un tratamiento en una escena apropiada, la del ámbito de lo que llamaba comarcas, de determinados problemas, y predijo el efecto emulación, de manera que la descentralización, como después ocurriría con toda lógica en el Estado autonómico no quedó circunscrita a dos o tres regiones “ariscas” o señeras.

Por cierto, si me permiten señalarlo, aunque Ortega no estableciese diferencias en el diseño de la ordenación territorial, si que distinguió, como lo haría según se sabe Azorín, con un afecto especial a Vasconia. En San Sebastian veraneó y en esa ciudad dio alguna memorable, en primicia, conferencia; colaboró, como hicieron otros intelectuales de la época, en Hermes, la prestigiosa revista bilbaína nacionalista. José de Arteche en su Saint-Cyran, biografía personalísima del jansenista de Bayona, incluso aduce algún testimonio bien agudo de Ortega sobre la caracteriología vasca, en concreto sobre su rigidez ideológica. Cuando el nacionalismo vasco, como esperamos, lleve a cabo su revisión haría bien en rehacer entre otras cosas sus relaciones con bastantes representantes del pensamiento español, que dirigieron una mirada harto comprensiva y generosa al País Vasco.

Juan José Solozábal

Catedrático

Juan José Solozabal es catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad Autónoma de Madrid.

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