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JULIÁN LAGO HA MUERTO

martes 04 de agosto de 2009, 12:46h
Lo hizo todo en la profesión: prensa diaria y semanal, radio, televisión, el artículo, la crónica, el reportaje, el comentario, la dirección, la presentación. Era un sabueso que cuando olfateaba la noticia pegaba la nariz al suelo y seguía el rastro hasta el final. Periodista de raza, Julián Lago triunfó en todo y arrastró su gran éxito en la televisión nacional que luego prorrogó en la valenciana. Fue Don Quijote muchas veces, en ocasiones Sancho. Estaba entre las dos Españas, las que parecían superadas y que ahora quiere restablecer Zapatero para que los españoles volvamos a zurrarnos la badana.

      Tenía Julián Lago una escritura transparente, una trepidante información y una lúcida sagacidad para interpretar los acontecimientos. El periodismo es el trabajo nuestro de cada día y el éxito de ayer no significa nada mañana. Julián Lago supo bregar desde muy joven con esa exigencia de tenacidad y trabajo diario del periodismo.

      Entre los periodistas capaces de crear o dirigir un periódico impreso, hablado o audiovisual hay algunos que tienen buena escritura, la mayor parte no. Ni el fundador de “ABC”, Torcuato Luca de Tena, ni el de “Ya”, Ángel Herrera Oria, ni Aquilino Morcillo ni Horacio Saenz Guerrero, grandes directores, destacaron por su pluma. Luis Calvo o Manuel Aznar, sin embargo, fueron excepcionales escritores de periódico, además de inolvidados directores. También Pedro J. Ramírez, que escribe excelentes artículos dominicales parapetados tras una notable cultura histórica.

      Julián, dirigió con brío y firme pulso periódicos impresos o audiovisuales y, además, brilló en la profesión con artículos y columnas pegados a la actualidad y estupendamente escritos. Fue siempre, desde su alfar, demasiado brillante para que no se tropezara tantas veces con la cicatería de los mediocres. Por eso le besaron con frecuencia los labios rencorosos de la envidia. Algún cursi de peana y plinto, algún cenutrio con ojeras de vino y drogas, pretendió estercolizar su impecable trayectoria profesional.

      En "Un hombre solo", su libro autobiográfico, el autor se muestra sincero, arisco, profundo, impregnado de arriba a abajo por un escepticismo atroz. Al escribirlo, Julián, se situó por encima del bien y del mal y contempló, con serenidad absoluta, cómo empalidecía el esplendor en la hierba, cómo se apagaban las antiguas risas, cómo apretaban los viejos dolores enterrados. Los trabajos y los días transcurren por las páginas de Un hombre solo con distancia y perspectiva. Algunos episodios están narrados con extraordinaria belleza literaria; otros, reflejan el conocimiento profundo, la cercanía a los principales acontecimientos políticos, económicos, periodísticos, de los últimos cuarenta años. Lago se autocalificaba de payaso que juega el papel de contar, de elogiar, de criticar, de denunciar a una sociedad en la que el político y la actriz, el banquero y la puta, el torero y la duquesa, el pícaro y la monja, el deportista y el travesti, el giliporcelanas y la periodista, el empresario y la serpiente putón, interpretan un mismo papel de ambición e hipocresía.

      Gran libro Un hombre solo, preludio de su viaje a Paraguay para entregar su vida a los desfavorecidos porque Julián era una buena persona, solidario siempre con quienes le necesitaban. Estaba Lago en el topten del periodismo actual y oficiaba ante una sociedad oxidada a la que despreciaba, la ceremonia de la transparencia y la sinceridad. Su inteligencia veloz y malherida, sus ojos de cuchillo cachicuerno, destrozaban los paisajes del desasosiego. Sus arboledas perdidas se esfumaban en los desfiladeros de la política, la palabra exasperada.

      “Ayer me dieron la extremaunción -informó Cervantes al conde de Lemos, días antes de morir, los ojos desnudos de ceniza- y hoy escribo ésta: el tiempo es breve, las ansias crecen, las esperanzas menguan y con todo esto llevo la vida sobre el deseo que tengo de vivir...”. Cruzaremos todos la oscura penumbra del más allá y dónde estés te buscaré, querido Julián, que tenemos pendientes algunas conversaciones sobre la vida y la muerte, compañero del alma, compañero.
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