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Bicentenario de la independencia de Ecuador: lecciones para la Historia actual

viernes 14 de agosto de 2009, 19:31h
A los apreciados lectores de El Imparcial quisiera moverlos a la reflexión en torno del bicentenario de la independencia de Ecuador, conmemorado este 10 de agosto de 2009. En ello podemos desentrañar algunas lecciones para la Historia.

En el marco de la invasión napoleónica a España de 1808, el modelo de las Juntas establecido ante la estrepitosa caída de la monarquía y en el marco de su derrumbe y ruina; como acto seguido atendiendo a la legítima reivindicación de todo el pueblo español, se alzó la voz de las juntas americanas, reclamando su porción de soberanía en tanto retornaba Fernando VII el deseado. En todo caso ello marcó el inicio de la Iberoamérica actual.

En medio de los debates entre los grupos de criollos y peninsulares, la oportunidad de hacerse valer un gobierno más autónomo y la imposibilidad en apariencia real del gobierno español en América de refrenar cualquier intento armado o legal de tono separatista, la Junta de Quito terminó por declarar abiertamente la independencia, dicha con todas sus letras, respecto a España, en agosto de 1809.

Con el tiempo el Ecuador sería la primera de las repúblicas hispanoamericanas en declararse independiente y esto la convierte en la decana de las mismas. Se han presidido en Quito los actos conmemorativos, que anticipan la escalada de los mismos en el año 2010 cuando otras naciones iberoamericanas harán lo propio conmemorando sus respectivos bicentenarios y en los que España ha ser sin lugar a dudas, una protagonista especial, de honor y enhorabuena que así asea, como reflejo de la madurez de las relaciones fluidas entre ésta y las repúblicas surgidas del otrora Imperio español.

En que significativos momentos viene a suceder este acto conmemorativo con un legítimo sentido festivo, en pleno debate existente en el subcontinente americano causado por la posible alianza militar abierta entre Colombia y los Estados Unidos.

Una alianza mirada con recelo, resquemor y señalada con abierta oposición por la vecina Venezuela (en su propia dinámica discursiva frente a los Estados Unidos) mas no por ello como para ser minimizada en lo esencial. Brasil, Chile y otros países han manifestado también su descontento. Una presencia militar estadounidense con fines poco claros, sencillamente no gusta y está generando pronunciamientos abiertos. Hay historia como para sustentar y justificar esa oposición.

Cualquier alianza o acuerdo que no conlleve reciprocidades ya supone un detrimento a la soberanía de una de las partes y una desigual relación entre ellas. Y cuán caro ha sido alcanzar la independencia de nuestras naciones, comprometidas con nuevos retos y desafíos dos siglos después de sus epopeyas independentistas, que han de seguir sorteando sugerentes propuestas revestidas de mezquindad y promesas a no cumplir. Las lecciones de dos siglos atrás mueven a no quedarse callados y a denunciar tales intentos.

La independencia territorial recobra su alcance conceptual y geopolítico; es elemental y por lo tanto, no admite ceder un ápice en pro de ninguna causa y menos aún sin la debida reciprocidad que corresponde en Derecho Internacional. La América hispana como nunca antes, está haciendo valer su integridad en cuantos foros le es posible. No son muchos los márgenes de acción y no siempre se trata de los rostros más idóneos ni los caminos más deseables los que la mueven, pero algo es cierto: no está pasiva ni guardando silencio ante intentos disfrazados de cooperación. Algo nos ha dejado la Historia como para proceder de esa manera.
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