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reseña

Begoña Summers de Aguinaga: La obra de Serny. Desde la Edad de Plata del dibujo hasta 1995

A lo largo del primer tercio del siglo XX, paralelamente al avance editorial experimentado en España
A lo largo del primer tercio del siglo XX, paralelamente al avance editorial experimentado en España, las revistas ilustradas representaron una amplia ventana al mundo, que mostró los hechos primero idealizados con los grabados y más tarde fragmentados por la fotografía. En su papel de intermediarios, dibujantes y pintores interpretaban, tanto en aquéllas como en las innumerables colecciones literarias surgidas por entonces, las escenas, los retratos o los paisajes; y el auge progresivo de su labor se reflejó tanto en concursos y exposiciones como en su propia valoración intrínseca como artistas.

Dentro de ese proceso cultural que se ha venido a denominar “Edad de Plata” de las letras y las artes españolas, resulta excepcional la tarea de Ricardo Summers, “Serny” (1908-1995), pintor de formación autodidacta, que aprendió a utilizar todo tipo de materiales y que supo incorporar su fuerte y –a la vez– delicado acento personal a la fecunda actividad creadora de aquella época; y cuya trayectoria mereció, en todo momento, el reconocimiento tanto de crítica y compañeros como del público en general.

Iniciador “Serny” de toda una dinastía de artistas y gentes del espectáculo, es una de sus nietas, Begoña Summers –pintora a su vez de mérito, con varias exposiciones a sus espaldas– la encargada de analizar, en un lujoso tomo de gran formato y con abundantes ilustraciones, lo más significativo de la extensa obra de su predecesor, que llegaría a abarcar numerosos campos del arte, desde el dibujo y la ilustración –en publicaciones periódicas de todo tipo– y el cartel en sus comienzos, al uso posterior del grabado para, ya a partir de los años sesenta, consagrarse casi exclusivamente a la pintura, en la que igualmente cultivaría diversas formas, como la pintura mural, el retrato y la pintura de libre creación.

El artista portuense da a cada una de sus creaciones una personalidad muy acusada: figuras estilizadas, con protagonismo de la línea, de trazo firme y cuidado, en composiciones llenas de movimiento y con jugosos detalles. El circo, el café, el carnaval, son motivos predilectos que le sirven para trabajar la figura humana, estímulo permanente de su pincel; en especial, los niños y la mujer –verdadera protagonista de toda su obra–. Por encima del convulso periodo histórico que le tocó vivir, en “Serny” encontraremos siempre un universo seductor y amable, propicio a la ensoñación, hecho –en palabras de José Hierro– “…de belleza, de elegancia, de nostalgia”.

Por José Miguel G. Soriano
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