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Negro sobre blanco: la reforma sanitaria de Obama

Mariana Urquijo Reguera
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lacajadelostruenosyahooes/18/18/24
sábado 29 de agosto de 2009, 17:34h
Los ataques contra el plan de Obama para extender la cobertura sanitaria pública a todos los estadounidenses está poniendo las cartas sobre la mesa sobre el mapa de poderes y contrapoderes de la escena yanqui.

Muchos opositores a la reforma sanitaria sólo se guían por lo que dicen los medios de comunicación, firmes opositores de que las minorías hayan llegado a la igualdad de oportunidades en EEUU. No han leído la letra negra sobre los papeles, el plan de reforma, porque el negro sobre el blanco no lo aceptan. Resistencia contra la negritud del más transparente presidente de EEUU que se pueda recordar con el plan de sanidad pública como excusa y bandera para expresar el racismo implícito en buena parte de la sociedad y los poderes estadounidenses. Racismo que es proporcional a la ignorancia de un pueblo que no sale de su ruralidad mental y espiritual.

Las mentiras que se han lanzado desde la oposición política y mediática dan cuenta de la pobreza mental que se espera de sus oyentes y votantes. Y una vez más, Obama ha echado mano de la ingente red de voluntarios y seguidores que reclutó durante las primarias demócratas y en la carrera a la Casa Blanca. Voluntarios que hacen de militantes capilares, en sus ámbitos cibernéticos y urbanos, echando luz donde se quiere que reine aun más oscuridad de la que ya hay.

A un llamado del líder, la población se ha puesto a combatir las mentiras de la infamia que sólo intentan apoyar a la industria más potente del mundo: las farmacéuticas y las aseguradoras (el último eslabón de la especulación financiera, que en vez de casas, especula con la salud y la enfermedad, produciendo la miseria de una sociedad).

El avance hacia el cambio que supone esta reforma sanitaria va más allá de asegurar el derecho a la asistencia sanitaria a la mayoría “pobre” del país más rico de EEUU: 50 millones de personas que no pueden recibir tratamientos médicos. Un 25% de la población del país más rico del mundo. Del 75 % restante, muchos se hipotecan de por vida para pagar la cura de sus enfermedades, pero aun así, el 60 % paga seguros que no incluyen todos los tratamientos y todas las enfermedades. Otros tantos, pagan sus seguros como las hipotecas de sus casas, pero mientras que en algún momento las casas hipotecadas serán suyas cuando terminen de pagarlas, la salud, sin embargo, nunca será completamente de nadie, porque nadie está a salvo de las reacciones de su propio cuerpo y del destino.

El avance que supone esta reforma por tanto, tiene que ver con la lucha contra la pobreza de los que no tienen y de los que se hipotecan de por vida para estar a salvo de la enfermedad y de sus costes cuando ésta llegue.

Pero más aún, esta reforma supone plantarle cara al mercado de la industria legal más rica y poderosa del mundo, detrás del narcotráfico, las armas y el petróleo. De hecho, la cuestión se juega en mermar un mercado que juega con la vida y convertirlo en un derecho universal vigilado y asegurado de cerca por el Estado.

Mariana Urquijo Reguera

Filósofa, profesora e investigadora.

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