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El séptimo paro

domingo 30 de agosto de 2009, 17:11h
Los dirigentes rurales argentinos les han declarado a los Kirchner el séptimo paro nacional en diez y siete meses. Como en las oportunidades anteriores, el acatamiento de los productores a esta nueva demostración de fuerza es prácticamente universal aunque, también como otras veces, han procurado no privar a las ciudades, durante los ocho días que durará la protesta, de alimentos esenciales como el trigo, la carne y la leche.

Como ha ocurrido asimismo en los paros anteriores, miles de productores se están agolpando en los cruces de carreteras del interior del país para distribuir volantes entre los vehículos que por allí circulan. Este séptimo paro agropecuario se realiza, empero, en circunstancias políticas enteramente nuevas. El pasado 28 de junio, con ocasión de las elecciones para renovar la mitad del Congreso, el kirchnerismo fue derrotado en una proporción de tres a uno. Como los legisladores electos sólo asumirán sus bancas el próximo 10 de diciembre, desde ahora hasta entonces coexistirán dos congresos. En el primero el kirchnerismo conserva una mayoría residual resultante de las elecciones de 2005 y 2007, cuando aún retenía el apoyo de la mitad de los votantes. Pero en el segundo, que recién nacerá de aquí a cien días, estará en franca minoría. Esta anomalía proviene del hecho de que los Kirchner, al advertir que sus encuestas caían en picada, adelantaron las elecciones parlamentarias, que tendrían que haber ocurrido recién en el próximo octubre, en cuatro meses. Y es así como los argentinos están empezando a atravesar un perìodo de transición inusualmente largo, atrapados en medio de dos legitimidades parlamentarias contradictorias; una que corresponde al pasado y la otra que apunta a las elecciones de 2011, cuando se celebrarán los comicios presidenciales destinados a consagrar un nuevo jefe del Poder Ejecutivo en reemplazo de Cristina Kirchner.

Al día siguiente de las elecciones parlamentarias de junio en las que resultaron categóricamente derrotados porque su caudal descendió del 46 por ciento que habían obtenido en la elección presidencial de 2007 al 26 por ciento actual, los Kirchner tenían dos opciones: iniciar una retirada lo más elegante posible en diálogo con la oposición que acababa de vencerlos o partir en una guerra a todo o nada, en abierto desafío a la nueva mayoría que se está formando y que, según las últimas mediciones, no ha hecho más que crecer desde el 28 de junio. Fiel a su espíritu de confrontación, el matrimonio presidencial ha decidido doblar su apuesta con la remota esperanza de recuperar en 2011 lo que acaba de perder en 2009.

Esta temeraria decisión ha multiplicado las tensiones de la vida política. Aprovechando un nuevo impulso que le viene, más que de un análisis objetivo de la realidad, de profundidades psicológicas ligadas a su peculiar talante que están siendo estudiadas por especialistas que ya hablan, al referirse a los Kirchner, de una folie à deux, lo que está haciendo ahora la pareja presidencial es enviar al “primer Congreso”, que todavía subsiste, una serie de audaces iniciativas para incrementar su propio poder pese a saber que ellas serán revertidas el 10 de diciembre.

Como un “adelanto a cuenta” de lo está por venir, el declinante Congreso actual había aprobado nada menos que por unanimidad una nueva ley para aliviar el drama que está padeciendo el campo por causa de una grave sequía. Pero Cristina Kirchner vetó esta ley. La indignación ante este veto, que no hacía otra cosa que confirmar que los Kirchner siguen en pie de guerra contra los productores agropecuarios, acaba de precipitar el séptimo paro del que estamos dando cuenta.

Atrapados en medio de esta turbulenta transición entre el tiempo de los Kirchner, que nació en 2003 pero que ya tiene “fecha de vencimiento”, y el tiempo de la oposición que se apronta a sucederlos, los argentinos se preparan a sufrir el daño resultante de una aguda inestabilidad política mientras la fuga de capitales, que está ocurriendo desde hace más de un año a razón de dos mil millones de dólares mensuales, y un fuerte aumento de la recesión, del desempleo y de un índice de pobreza ahora cercano al 40 por ciento, agregan a la incertidumbre política que venimos de comentar un cuadro inquietante de dificultades económicas y sociales.

Mariano Grondona

Doctor en Derecho

MARIANO GRONDONA es Abogado y doctor en Derecho y Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires

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