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crítica

Ángel Duarte: El otoño de un ideal. El republicanismo histórico español y su declive en el exilio de 1939

jueves 03 de septiembre de 2009, 11:01h
El otoño de un ideal. El republicanismo histórico español y su declive en el exilio de 1939 Alianza. Madrid, 2009. 424 páginas. 24,00 €
Las efemérides son oportunidades excelentes para recordar y ahondar momentos históricos revisados a la luz de nuevos documentos o a través de innovadoras corrientes historiográficas. En la que conmemora este año el final de la Guerra Civil española y el comienzo del consiguiente exilio republicano, diversas editoriales han vuelto a inundar los estantes de las librerías con obras que abundan en el tema más recurrente de nuestra historia de España, el periodo 1931-1939. Una de las más sobresalientes es la que el catedrático de Historia Contemporánea Ángel Duarte ha publicado en Alianza recogiendo, en un espacio de tiempo mucho más largo que el señalado, una magnífica historia del republicanismo español. Se hace necesario destacar, además, que la factura final del trabajo supone, no sólo un excelente ejemplo para los entendidos, sino también para los ajenos a la materia, que encontrarán un fácil y completo estudio sobre uno de los temas que ha despertado más tópicos en la historiografía nacional.

Es ésta una historia con desdichado final. La larga travesía del ideal republicano que ha recorrido España y sus exilios durante los dos últimos siglos, se conduce desde los fracasos a la nostalgia –aunque esté salpicado el camino de pequeños pero gloriosos éxitos– hasta concluir en su práctica desaparición. El autor se zambulle a través de una documentadísima historia –que no olvida el análisis de la actualidad– para recorrer el auge y la caída de un movimiento que si bien siempre, a excepción de unos pocos años, ha sido minoritario, ha alentado a la vez el entusiasmo de cada nueva generación de jóvenes que consecutivamente se han acercado al encanto de un movimiento que mantuvo viva la continua esperanza y promesa de un mundo mejor.

En un soberbio estudio histórico a través de los acontecimientos que ocuparon el primer plano de la realidad política española, Duarte introduce oportunamente las pinceladas que componen el cuadro del movimiento republicano en España desde sus primeras manifestaciones hasta nuestros días. Desde el nacimiento de la nación liberal en las Cortes de Cádiz, pero especialmente a partir del reinado de Isabel II, el planteamiento global del movimiento republicano –centrado en el de tradición liberal y apenas rozando el movimiento obrero que no es objeto del estudio– abunda en la miríada de pequeñas facciones que se bautizaron con el adjetivo “republicano” y las diferencias de objetivos y modelos que cada una abanderaba. Fines contrapuestos, luchas intestinas, que se resuelven en más divisiones, pueblan los escenarios y entre ellos los más sobresalientes líderes seguidores de los gobiernos democráticos no coronados. El repaso a algunos de estos nombres nos sugieren patrones de izquierda, pero también conservadores, tendencias federales o unitarias, pero todos ellos con un peso importante en los días de gloria –muchos en oposición o clandestinidad– del republicanismo histórico: Pi y Margall, Salmerón, Lerroux, Blasco Ibáñez, Castelar, Azaña, Madariaga, Martínez Barrio o Sánchez Albornoz son algunos de tantos de estos españoles que vivieron su republicanismo de muy diferente manera.

El cuerpo fundamental del estudio se centra en el devenir del republicanismo a hombros de los exilados que mantuvieron su llama encendida desde 1939 hasta 1975. Duarte expone de forma pormenorizada varios de los centros republicanos en el extranjero y sus diferentes cismas en el acontecer histórico y geográfico de la II Guerra Mundial, la Guerra Fría y de la visión internacional del caso español. Los focos principales de este análisis son México, Argentina, Buenos Aires y París. Pero no sólo es un recorrido político, sino que se analizan los valores culturales, elitistas y populares, que poblaron el panteón republicano, así como el renovado modelo de laicismo adaptado a los nuevos tiempos.

La navegación del relato desemboca en unas reflexiones que buscan un nexo común, un hilo general, para que la tradición republicana haya permanecido en el imaginario colectivo como una idea general. Duarte nos ofrece varias claves de este vínculo destacando la defensa de las potencialidades de la nación, la existencia de un republicanismo netamente español, muy relacionado con el quehacer diario (prensa, política y movimientos populares) con vocación parlamentaria y, sobre todo, pedagógica.

Es éste un relato de auges y caídas pero con un momento de inflexión que el autor marca como el punto de declive irreversible: el exilio de 1939, cuya calificación de “otoño de un ideal” sirve, además, para dar título a todo su trabajo. La labor de destrucción de “lo republicano” a cargo del régimen franquista, sumada a numerosos factores como la larga duración del exilio, el fraccionamiento de los “transterrados” o el anacronismo del legado de los exiliados cuando estos quisieron volver a tierra española, han sumido “lo republicano” a la categoría de cultura del pasado.

No obstante, Duarte vislumbra luz al final del túnel y, en un ejercicio de momentáneo augur, abandona su condición de historiador durante un párrafo, el último –advirtiendo por supuesto al lector de tal licencia- para afirmar, algo escéptico, que el redescubrimiento del republicanismo, su recuperación pero especialmente su renovación –que parece despertar en algunos sectores– debe sacudirse sus lugares comunes y trascender su carácter sectario.

Por Margarita Márquez Padorno
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