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Las grandes falacias de Vladimir Putin sobre la Segunda Guerra Mundial

“La Rusia Soviética debe vivir, aunque por ello tengamos que morir.” Heinrich Lersch.

El 1 de septiembre pasado se ha conmemorado el inicio de la terrible segunda guerra mundial. La guerra civil española fue un ensayo previo de lo que acontecería. El holocausto hispano cobró varios cientos de miles de víctimas, en su mayoría españoles de todas las edades. La Alemania nazi y la Italia fascista intervinieron descaradamente, también lo hizo la Unión Soviética de Stalin y ejerció también una dura violencia contra anarquistas y comunistas españoles. Francia y Gran Bretaña con su pasividad dejaron que España se rompiera en mil pedazos.

Los franceses y británicos pagarían muy caro el ejercicio de una política exterior mediocre y tímida: después de la intervención militar en España, cayeron Austria y Checoslovaquia en 1938. En 1939 el turno fue para Polonia.
El gobierno mexicano encabezado por el general Lázaro Cárdenas fue el único que protestó formalmente ante la Sociedad de Naciones por la trampa del Anschluss nazi en contra de Austria y por eso en Viena hay un parque que lleva el nombre de Mexikoplatz en memoria de la solidaridad del pueblo mexicano con el austríaco. El gobierno de Cárdenas fue el más generoso al recibir a casi 30 mil españoles que escaparon de las garras de Franco.

Los poderosos siempre alegan pretextos y rehúyen responsabilidades políticas. Vladimir Putin publicó hace pocos días en un diario polaco una declaración en la que trata de exculpar a su país de la agresión en contra de Polonia. Hace apenas unos días en Gdansk (antes Danzig, ciudad natal del escritor Günther Grass) se reunieron los primeros ministros de Polonia, Alemania y Rusia. La verdad es que Stalin tuvo tanta culpa del inicio de la segunda guerra mundial como la Alemania nazi y las potencias occidentales que permitieron el rearme alemán violatorio del Tratado de Versalles de 1919. Fue Stalin y no Trotsky el auténtico traidor al socialismo, fue Stalin y no Trotsky quien pactó con Hitler. La fotografía del 23 de agosto de 1939 lo dice todo: el georgiano sonríe ampliamente como testigo ante las firmas que estamparon en el tratado tanto Molotov como Ribbentrop. Stalin fue el que brindó por Hitler y no Trotsky. El antiguo camarada de Lenin murió asesinado en la Ciudad de México en 1940 por órdenes de Stalin. El ejecutor fue un español llamado Ramón Mercader.

Hay suficientes evidencias de las purgas, de la represión, del terror sistemático de Estado que ejerció Stalin en contra de todos los soviéticos y la tremenda violencia contra el pueblo polaco. El asesinato colectivo en Katyn que hizo el ejército rojo contra oficiales polacos no lo puede negar Putin. La Unión Soviética invadió Polonia el 17 de septiembre y nunca devolvió a Polonia el territorio tomado a la fuerza. La Unión Soviética se quedó sin derecho y sin procesos democráticos en la mitad de Europa, gracias a la concesión que hicieron británicos y estadounidenses: Polonia, Checoslovaquia, Hungría, Bulgaria, Rumania y una parte considerable de Alemania. La Unión Soviética por supuesto es corresponsable de la segunda guerra mundial y sus consecuencias funestas.

Putin sigue siendo un viejo soviético socialista con gustos capitalistas. Su escuela política es la KGB y su nacionalismo es una enfermedad por la que no hay cura. Putin aferrado al poder es el principal sospechoso de mandar matar a políticos de oposición, periodista como Anna Politovskaya y luchadores sociales por los derechos humanos en Rusia y fuera de ella.

Putin tiene presencia en Venezuela y Cuba. La guerra fría entra en una nueva etapa. Putin es un hombre que no se conmueve por nada. No hay que olvidar que no suspendió sus vacaciones cuando los hombres del submarino Kursk estaban atrapados y que finalmente murieron por falta de oxígeno.

A Putin le encanta la historia oficial de la URSS. Poetas como Heinrich Lersch escribieron odas a la difunta URSS hace noventa años y estaban dispuestos a morir por el ideal soviético socialista. El expansionismo soviético fue evidente después de la segunda guerra mundial y el armamentismo que desarrolló ha dejado huellas indelebles. Putin es el nuevo zar soviético, disfrazado de demócrata. Putin funda desde ya la nueva gerontocracia rusa, típica de Stalin, Brejnev y demás. Gorbachov fracasó parcialmente, no transformó a la Unión Soviética en una potencia por la paz, pero gracias a su prudencia cayó el muro de Berlin hace casi veinte años y eso no es poca cosa.
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