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No estamos en Finlandia

miércoles 09 de septiembre de 2009, 19:52h
Ramon Tremosa, el cabeza de lista en las últimas elecciones europeas por la Coalición por Europa, nacionalista catalán y liberal a un mismo tiempo, daba cuenta recientemente en su blog de una noticia que entre nosotros ha pasado desapercibida. Finlandia, que como todos ustedes saben es un país formal, se ha tomado muy a pecho el no figurar, en materia de enseñanza universitaria, a la cabeza en el tan a menudo citado informe PISA. Es verdad que los finlandeses son modélicos en relación a las enseñanzas primaria y secundaria. Pero, al llegar a la universidad flojean.

Saben de la importancia de dar lo máximo posible en todos los momentos del proceso educativo, y tan a pecho se lo han tomado que, según le informaba a Tremosa un eurodiputado liberal de esas latitudes hiperbóreas, han pasado a la ofensiva. Han consensuado, en el parlamento y en pocos meses, una reforma profunda. Tan profunda como para eliminar la condición de funcionarios a catedráticos y profesores de la universidad pública. Se les convierte en contratados y, por tanto, en profesionales susceptibles de ser despedidos en caso de no cumplir con las expectativas y exigencias de la universidad. Por otro lado, al frente de los centros de enseñanza superior la nueva ley coloca, forzosamente, a personas ajenas a los cuerpos docentes universitarios. Con ello, se pretenden tanto una mayor profesionalización en la gestión como una mayor independencia de la misma en la toma de decisiones. Mayor independencia, se entiende, respecto de los clanes y facciones académicas que pueblan facultades, departamentos e institutos de investigación.

Se queja Tremosa, con razón, de un par de cosas. La primera, que aquí para tomar una decisión de este calado se precisarían años. En rigor, se queda corto y lo sabe. Eternizar los problemas es una manera de hacer muy nuestra, idiosincrásica. La segunda, que habiendo propuesto él algo parecido, durante la pasada campaña europea, al personal académico y no académico, docente y discente, de las universidades catalanas se le echaron los escasos auditorios a degüello asegurando que lo que proponía era la privatización de la universidad.

Y es que ni Cataluña, ni por extensión España, están en la península escandinava. Quiero decir que aquí llegamos tarde a casi todo, que preferimos la seguridad al riesgo, la rutina a la experimentación, la estabilidad a la movilidad, la igualdad a la libertad del cheque escolar, la universidad pública escasamente competitiva a la competitiva, por no hablar de la privada. Si por no tener no tenemos, ni en Cataluña ni en España, les recuerdo, más universidades privadas que merezcan tal denominación excepto las vinculadas de una manera u otra a la iniciativa católica.

Me temo que no todo el desfase sea explicable por razones climatológicas. Me temo que no.
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