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Los huidizos

Juan José Solozábal
jueves 17 de septiembre de 2009, 19:30h
No saben como odio a los filisteos que desprecian los modelos o referencias, sean de orden moral o jurídico, esto es, aquellas pautas que orientan nuestra conducta, y con un deje de superioridad insufrible, optan por el realismo de lo existente frente a las exigencias de lo debido. Lo importante no es lo que ha de hacerse sino lo que se hace efectivamente. El modelo, dicen, está trasnochado, pues obedece a planteamientos idealistas utópicos o abstractos, lo que vale es lo que existe, lo que se da, la forma que efectivamente va adoptando la realidad. Así por ejemplo se contrapone la democracia como modelo a la variante concreta de histórica de tal tipo de organización política, a un determinado sistema.

Seamos más concretos: nuestra forma política es la democracia parlamentaria, en la que la institución central es el Parlamento, que controla al Gobierno, de acuerdo con la teoría y la regulación constitucional correspondiente. Bueno, todos sabemos que en realidad es el Ejecutivo el que determina la actuación del Congreso, obediente a lo que decida su mayoría que es del mismo signo que el Gobierno. Incluso sabemos que el Gobierno solo aparentemente dirige la política del Estado, como dice nuestra Constitución, pues en realidad el Gobierno no es sino un equipo cuya composición, y por consiguiente comportamiento, depende del Presidente. ¿Qué hacemos? ¿Reconocemos como son las cosas y proclamamos solemnemente o no, pues da igual, puesto que la realidad no obedece mas que a sí misma, que estamos en una democracia plebiscitaria, en la que las elecciones se limitan a determinar el liderazgo personalista que prefieren los ciudadanos? ¿Cedemos al realismo rampante y desechamos el marco teórico del sistema parlamentario, y consiguientemente las decisiones tomadas al respecto por la Constitución como verdadera regla de nuestro sistema democrático, como modelo normativo?

Me parece que una verdadera cultura constitucional, sin la cual el sistema democrático no funcionará y no hará sino degenerar, requiere integrar la práctica en el modelo, sabiendo que la distancia entre la propuesta de la pauta y el plano de la realidad no se superará, pero sin darse por vencido ante la tensión inevitable y sacrificar de antemano, como decíamos antes, el modelo al sistema.

De manera que los diputados que abandonan el Parlamento porque han cesado en el Gobierno no saben que en un sistema parlamentario, como efectivamente es el español, en el que están, ese dato carece de relevancia objetiva y, por decirlo así ,de la suficiente gravedad, aunque les haya afectado en su esfera personal o en su autoestima política. Ocurre que los diputados no tienen un compromiso con el Presidente del Gobierno sino con la circunscripción que los eligió con la digna misión de representar al pueblo español, y que dichos diputados huidizos por decisión libre forman parte del Parlamento que es un poder diferente y contrapuesto al Gobierno, del que pueden ser miembros o no, pero con el que no han podido contraer un compromiso temporal de dedicación, que sí asumieron al presentarse a las elecciones. Sucede efectivamente que estamos en una democracia parlamentaria no en un régimen presidencialista. Tenemos un problema si, además del Presidente, cuya deriva es comprensible hasta cierto punto, no lo saben algunos diputados, los huidizos, de su propio Partido.

Juan José Solozábal

Catedrático

Juan José Solozabal es catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad Autónoma de Madrid.

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