www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Puño en alto

Sesudos personajes de la izquierda añorante sostienen que el puño en alto simboliza la solidaridad entre trabajadores, el trabajo por un mundo más justo, la defensa de los más desfavorecidos o la lucha por la libertad. Lo definen como un gesto antifascista y anticapitalista.

Y a algunos les sigue poniendo. No solamente a miembros del Partido Socialista en Rodiezmo sino a autócratas como Hugo Chávez, Evo Morales o el iraní Ahmadinejad y a recién llegados como Joan Laporta que de tal guisa se exhibió en la manifestación de la Diada. A sus practicantes les molesta profundamente la comparación con el saludo brazo en alto originario de Roma y revivido por los partidos totalitarios en el período entre guerras.

Pero el gran filósofo español, Ortega y Gasset en una de sus obras ejemplares, “El hombre y la gente”, nos da las claves sobre la plena identidad de ambos saludos que califica de bélicos por contraposición al saludo pacífico, maltrecho por los empellones de aquéllos. Ni quito ni pongo a las palabras del maestro:

Sin duda, el que alza el puño o tiende la mano al viento quiere decir: «Con este gesto hago constar mi alistamiento en un partido. Soy, ante todo, partidario y, por tanto, estoy contra las otras partes de la sociedad que no son la mía. Soy combatiente, y con los demás no busco la paz, sino, con toda claridad, franca lucha. Al que se me opone, al que no es de mi partido, aunque no se me enfrente, no le ofrezco connivencia ni acuerdo, sino primero combatirle y vencerle, luego tratarle como vencido».

Si comparamos el fenómeno colectivo que es el saludo pacífico con este saludo bélico, pronto encontramos tres importantísimas y decisivas diferencias. Primero: el saludo pacífico, como todo uso es lento en instaurarse y será lento en preterir; estos saludos bélicos, en cambio, han desalojado en un instante al otro y se han impuesto fulminantemente en cuanto un cierto partido conquistó el Gobierno. Segundo: no somos invitados al saludo pacífico por nadie determinado, la sugestión nos viene de la figura envolvente y como atmosférica que son los demás; el saludo bélico, por el contrario, es decretado por un hombre que incluso firma con su nombre la orden que lo impone. Y, parejamente, mientras en el saludo pacífico la coacción, la violencia y la sanción no nos llegan de nadie determinado, nadie nominativamente se siente encargado de ejecutarlas, en cambio, en el saludo bélico, son individuos especialmente designados quienes ejecutan los actos coactivos, a veces llevan –inclusive-uniformes que externamente les caracterizan, llámense de una manera o de otra, no importa, no hay para qué decir los nombres. No se trata, pues, de un poder social difuso, sino de un poder social preciso y organizado que ha creado órganos especiales para ejecutar su función. Tercero: en el saludo pacífico, la coacción contra el que falta al uso del saludo es casi siempre laxa. En el saludo bélico, en cambio, el sentido de la coacción es muy distinto: quien no saluda con el puño o la palma es inmediatamente violentado, vejado; se advierte, pues que esta coacción va directa contra el acto, no lo tolera, está resuelta a que no se repita. De donde resulta que este hecho social, que es el saludo bélico, no es difuso, impreciso, débil y laxo; ni lo son el inspirador del acto, ni el poder social que coacciona, ni la coacción misma.

Y en eso estamos.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)


Normas de uso

Esta es la opinión de los internautas, no de Desarrollo Editmaker

No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.

La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.

Tu dirección de email no será publicada.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.