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La selección mundial antiparadigmática de los poderosos (segunda parte)

Juan Federico Arriola
domingo 20 de septiembre de 2009, 18:35h
"Que por no tener soles idolatra las tinieblas." Alfonsina Storni

La campeona antiparadigmática de la confusión ideológica es para Cristina Fernández de Kirchner, la presidenta argentina, que ya no sabe lo que dice, lo que planea. Ella no sabe si es populista, socialista, seguidora de Menem, o esa cosa rara que trata de conjugarlo
todo: el neoperonismo. A la Fernández de Kirchner cada vez se le encuentran más bienes inmobiliarios propios. Al paso que va alcanzará al viejito Menem que saqueó a su país
en menos de una década. La dirigente argentina pierde terreno frente a la oposición y
frente a la sociedad civil. Ella misma es un antiparadigma: es una mujer madura con
ideas inmaduras. Doña Cristina va peor ya que Maradona y su selección amenazada
con quedar fuera del mundial de fútbol en Sudáfrica.

El antiparadigma de la antidiplomacia es para el señor Nicolás Sarkozy. El presidente
francés no tiene mano izquierda, su brusquedad política lo ha llevado a enfrentarse con
colegas de Europa y de América. En México dio a entender que tienen el mismo peso
para su gobierno la secuestrada por las FARC colombianas, Ingrid Betancourt que tiene
las nacionalidades colombiana y francesa, que la secuestradora Florence Cassez sentenciada ya por varios delitos graves, entre otros, secuestro. En su intento por
llevarse a Cassez de regreso a Francia, Sarkozy se enfrentó innecesariamente con el
presidente Calderón -que dicho sea de paso su gobierno está completamente reprobado
en materia de seguridad pública- y con el Senado de la República con un discurso duro en el que olvidó a las víctimas de Florence Cassez. Es difícil que Sarkozy
venga pronto a México, muy difícil.

El antiparadigma del poder tras bambalinas es sin duda, para el ex presidente mexicano
Carlos Salinas de Gortari, quien llegó al poder de manera sucia y tramposa en 1988 y que dejó una crisis económica brutal en 1994, no obstante que el presumía ser un buen economista. Hoy ha vuelto a través de su partido el PRI envuelto en mil máscaras, máscaras que representan a políticos mexicanos mediocres que aparecen públicamente señalados por diversos abusos que no se han traducido lamentablemente en denuncias penales. La adicción al poder que padece Salinas -no hay clínicas en México para ese mal- es un riesgo para la de por sí delicada salud democrática de México. Si el PRI regresa al poder presidencial en 2012 y controla las dos cámaras legislativas, podremos despedirnos de lo que queda de democracia. Con Salinas se acentuaron las graves diferencias socio-económicas y la corrupción tuvo su más espléndida exposición, incluso con escándalos internacionales. Con este mismo personaje, como
director de orquesta oculto, los privilegios de los más corruptos tendrán asegurado
su innoble quehacer.

El antiparadigma de la guerra es para los señores de la industria bélica estadounidense. Para ellos, no hay pacifismo ni palabra que valga. El dinero ante todo, no importa a quién hay que vender armas, es importante hacerlo. Sus clientes son los narcotraficantes mexicanos y antes lo han sido Saddam Hussein, los distintos militares guatemaltecos que con sus armas mataron a millares de indígenas, al igual que los gobiernos de El Salvador o el nicaragüense Anastasio Somoza, Augusto Pinochet, Jorge Rafael Videla, los guerrilleros afganos que se peleaban contra los soviéticos hace veinte años y que ahora son el azote de las fuerzas multinacionales, el Estado de Israel, etcétera. No habrá paz, a pesar de que la enorme mayoría de los terrícolas así lo deseamos, los señores de la guerra que tratan como empleados a cada inquilino de la Casa Blanca que pasa por ahí, imponen sus condiciones. No importan las vidas humanas, ni la ecología, ni la filosofía ni ninguna religión que se oponga. De lo que se trata es ganar mucho dinero.

Los antiparadigmáticos no le hacen caso a Buda, quien afirmaba: más vale encender una lámpara que maldecir las tinieblas. No desfallezcamos, con Tagore digo: si lloras porque
has perdido el sol, tus lágrimas no te permitirán ver las estrellas.

Juan Federico Arriola

Profesor de Derecho

Profesor de Derechos Humanos en la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México.

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