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Inestabilidad y armamentismo

martes 22 de septiembre de 2009, 20:29h
Que el momento político que se vive en América Latina es preocupante, es evidente. Que los gobiernos de los países de la región se encuentran más inquietos que nunca, es verdad. Que últimamente han estado sucediendo hechos que generan desconfianza entre ellos, también es cierto. Que el entorno de seguridad está lejos de ser tranquilizador, es una realidad. Que Colombia con sus siete bases de “uso compartido” con los USA ha contribuido fuertemente a alterar los nervios de todos, es demostrable. Que Chávez con sus amigos peligrosos -su “eje del mal” como él mismo los llama sarcásticamente-, su verbo fácil, sus palabras grotescas y amenazantes que perturban el ambiente político cada vez que habla, ha pasado a los hechos -y ¡valla hechos!- es, por encima de todo, lo más alarmante, nadie lo puede negar, ni él mismo porque eso es precisamente lo que está buscando, alarmar, desestabilizar. Tan raro está todo que el vecino del norte ha estado atento, movilizando diplomacia y manifestando explícitamente sus preocupaciones.

América Latina no ha sido especialmente una región estable, sus democracias no terminan de consolidarse, persisten la pobreza y los problemas sociales que esta conlleva, el narcotráfico se extiende cada día por más países y con formas cada vez más violentas y, aunque perviven algunos diferendos limítrofes y no dejan de surgir diferencias entre los gobiernos, por fortuna se recurre a los múltiples mecanismos de diplomacia y negociación establecidos y, hasta ahora, se ha respetado el papel de las instancias y los organismos internacionales. Así la inestabilidad de la región ha sido, por decirlo así, el resultado de la suma de las inestabilidades propias de cada país.

Pero el mapa latinoamericano de la inestabilidad y los desequilibrios “por países”, en el último lustro ha estado mostrando señales de pretendida “agrupación” de países -gobiernos- poco tranquilizadoras. Más cuando quien la lidera -Hugo Chávez- no solo posee un proyecto ideológico con pretendida expansión y claras intenciones estratégicas, sino también maneja un discurso belicista y se está armando. Se está armando con material bélico con capacidad de golpear blancos distantes, con una clara intensión disuasoria y de adquisición de poder, este tipo de capacidades acorta los tiempos de las salidas diplomáticas y genera una franca inestabilidad en la región.

Es cierto que en América Latina se ha incrementado notoriamente el gasto militar, según cifras del Instituto de Investigación para la Paz Internacional (SIPRI) el gasto militar total en la región fue de 34 millones de dólares y aunque comparado con el gasto mundial se corresponde tan solo con un 2,6%, efectivamente en los últimos 10 años el incremento de este ha sido de un 50%. Pero ¿se trata realmente de una “carrera armamentista”? No, al analizar el detalle por países vemos que algunos países latinoamericanos incluso redujeron sus gastos militares, tal es el caso de Argentina, Bolivia, Paraguay y Uruguay, pero el incremento observado ha sido especialmente a expensas de Chile, Colombia y Brasil. En los casos de Chile y Brasil se trata más de una renovación de material obsoleto e inútil y el tipo de material comprado refleja claramente que se pretenden cubrir necesidades de seguridad particulares. El caso de Colombia es de todos conocido, el presupuesto de defensa y la fuerza armada están volcados a controlar sus problemas de seguridad interna. Venezuela irrumpe en este panorama con una clara intensión armamentista a través de inversiones cuantiosas de tecnología bélica. El presidente venezolano, amparado en su discurso tropical de la posible invasión americana a su territorio, hará una compra de armas por 2.200 millones de dólares que se suman a los 4.400 millones de hace tres años, en su lista de compra hay cazabombarderos, helicópteros de ataque, tanques rusos y armamentos antiaéreos.

Así entonces de lo que se trata no es de una nueva carrera armamentista en América Latina, se trata de una estrategia que puede poner en peligro la estabilidad regional e inducir a lo que sí sería una verdadera carrera armamentista. En adelante, muchos países justificarán la necesidad de fortalecer sus fuerzas militares ante la intención de sus vecinos de hacerlo, será un fenómeno de difícil control.

Lucía Nieto

Investigadora de la Fundación Ortega y Gasset

Lucía Nieto es investigadora de la Fundación Ortega y Gasset.

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